Estrenos online: crítica de «Simple como el agua», de Megan Mylan (HBO Max)

Estrenos online: crítica de «Simple como el agua», de Megan Mylan (HBO Max)

Las historias de cuatro familias atravesadas por las guerras civiles en Siria se cuentan en este muy buen documental de observación de la realizadora de «Lost Boys of Sudan».

Una agradable sorpresa de los últimos días de 2021 (si bien decirle «agradable» es un poco raro en función de las dolorosas historias que se cuentan aquí), SIMPLE AS WATER (SIMPLE COMO EL AGUA) es un muy valioso documental que recoge cuatro historias de familias, tres de las cuales tuvieron que emigrar de Siria por la guerra civil que se vive allí, mientras que una continúa en el país. La película da mínimos detalles respecto a la situación política específica ya que su objetivo es capturar los modos de vida, los traumas y. sufrimientos de familias desplazadas y separadas a partir de las circunstancias.

Alejado de los convencionalismos narrativos del documental estadounidense que se apoya en archivo y entrevistas, este film de la directora de LOST BOYS OF SUDAN (2003) –que exhibe HBO Max y que quedó entre los 15 precandidatos al Oscar de la Academia en el rubro– apuesta por el seguimiento y la observación, por poner la cámara cerca de las familias retratadas y narrar sus experiencias de la manera más natural posible, entendiendo esto siempre dentro de las limitaciones del género. Uno nunca termina de olvidar que los participantes del documental saben en todo momento que están siendo filmados.

De todos modos, Mylan consigue ser bastante transparente y ubicarse a una distancia respetuosa de sus personajes, por más que transmita lo que sucede en algunas situaciones difíciles que deben atravesar. La primera de las cuatro historias –la que mayor desarrollo tiene de todas– se centra en Yasmin y sus cuatro hijos pequeños que están en un campamento de refugiados en la zona del puerto de Atenas, Grecia. Su marido está hace unos meses en Alemania y el objetivo de la familia es reunirse con él cuanto antes, pero no es demasiado fácil hacerlo por cuestiones burocráticas. Han vivido, además, experiencias traumáticas en sus intentos por migrar y eso le suma dolor a la situación, por más que la familia se esfuerce en poner su mejor cara ante las circunstancias.


Samra tiene cinco hijos pero su marido está en la cárcel y desconoce si alguna vez saldrá de allí. De hecho, no tiene noticias suyas. La familia está en Estambul y este segmento se centra fundamentalmente en Fayez, su hijo de 12 años, que carga con la responsabilidad de cuidar a sus cuatro hermanos cuando su madre trabaja y que teme no volver a verla cuando le proponen mudarse con sus hermanitos a un orfanato donde todos parecen ser fanáticos de Messi. El lugar parece cómodo y el trato es amable, pero Fayez sufre pensando en separarse de su igualmente dolida madre, que no puede cuidarlos y trabajar a la vez.

El panorama cambia en el tercer segmento. Estamos en Filadelfia, Estados Unidos, donde Omar vive hace ya un tiempo y hace entregas a domicilio con su coche. Su hermano adolescente, Abdul, ha llegado aparentemente después y está tratando de integrarse en la escuela, con los esperables problemas que tiene allí un recién llegado. Abdul ha perdido una pierna en la guerra, pero su hermano se ocupa de él y trata de encauzarlo en el estudio así, dice, puede tener en el futuro un mejor trabajo que el suyo. El problema para ambos es que aún no han aceptado sus solicitudes de asilo, por lo que es una suerte de espada de Damocles que cuelga sobre sus cabezas.

Diaa atraviesa una situación diferente. Ella sigue en Siria (en la ciudad de Masyaf) en compañía de su marido y un hijo con discapacidad. La mujer se la pasa todo el tiempo mirando una tablet con fotos de su otro hijo, Mohammad, del que espera noticias ya que no saben nada de él hace muchos años y temen que esté involucrado con algunos de los contendientes del conflicto civil.

Si bien –salvo una de ellas– las historias quedan en una situación «de suspenso», lo que Mylan intenta contar es exactamente eso, una sensación de tiempo indefinido, de espera por noticias, de limbo personal y traumático que lleva a los refugiados a estar en un «no lugar»: ni aquí, ni allá, ni en ninguna parte. Extrañando su país, sin poder adaptarse del todo al nuevo (que puede ser de paso) y sin saber cuando podrán ver a sus seres queridos –si es que alguna vez pueden–, los personajes de SIMPLE AS WATER se encuentran perdidos en un mundo en caos.

Si bien alguna historia de las mostradas aquí tiene un final feliz, tampoco lo es del todo. Las «buenas noticias» pueden no ser duraderas y un logro concreto puede venir con una vuelta atrás y un rechazo poco tiempo después. Filmada a lo largo de cinco años en varios países, la película de Mylan presenta a un mundo en transición y a personas cuyo sufrimiento puede llamar la atención de los canales de televisión en algún momento específico (como se ve acá, en un caso que llegó a CNN) pero que luego vuelven a sus dificultades cotidianas y rechazos. Ahí, generalmente, los canales de TV no están.