Series: reseña de «Succession Ep. 3.8: Chiantishire», de Jesse Armstrong (HBO Max)

Series: reseña de «Succession Ep. 3.8: Chiantishire», de Jesse Armstrong (HBO Max)

El más dramático y brutal episodio de la tercera temporada transcurre en la Toscana italiana: una boda, varios brutales encuentros entre los miembros de la familia y un final abierto. ¿Qué pasará?


La ironía está en el paisaje. O, acaso, la clave de todo esté ahí. Fuera de las oficinas neoyorquinas, de aviones y helicópteros, o de reductos privados de la empresa familiar, la historia de los Roy alcanza en este episodio ribetes aún más épicos, trágicos y dramáticos al transcurrir en la Toscana italiana, cuya apabullante belleza exterior seguramente esconde historias terribles de luchas de poder y crueldad. Cierto, el cine reciente nos acostumbró a que en estos escenarios transcurren comedias románticas, pero no siempre fue así. Y SUCCESSION lo vuelve varios siglos atrás –dramáticamente hablando– de un día para el otro, con la aparición allí de estos viciosos combatientes en lucha por el poder. ¿Los Borgia? Amateurs.

«Chiantishire» quizás sea el más duro y emocionalmente violento capítulo de la serie en toda su historia. SPOILERS SPOILERS SPOILERS. Quizás no tanto desde lo que sucede en concreto –todavía no sabemos bien qué es lo que pasó en su abierto final– sino desde la virulenta esgrima verbal que se cuece entre vinos, capuccinos y, bueno, una insalata con mozzarella di bufala en la que el célebre queso tendrá un rol dramático impensado. Se puede resumir el episodio como una serie de encuentros –brutales encontronazos, habría que decir– entre los Roy a lo largo de los prolegómenos de una de las bodas más dramáticas de la historia desde las de los distintos miembros de la familia Corleone en la saga EL PADRINO. Vayamos por las más importantes.

Logan y Kendall finalmente se ven, frente a frente, ante la insistencia del abatido (y rapado) hijo que viene perdiendo cada round y, claramente, está a punto de tirar la toalla. El hombre acepta el complicado regalo de cumpleaños que su padre le hizo en el último episodio (pagarle 2.000 millones de dólares por su parte de la empresa para que se vaya), pero no puede evitar juzgarlo, criticarlo, decirle en la cara que es una mala persona y que él se retira porque no puede competir con eso. Mal cálculo, amigo. Logan le dice que era una broma –se lo dice más bruscamente, claro– y que no piensa darle ese dinero, que lo quiere aplastar, arruinar, hacerlo repartir el correo de la empresa de ser necesario. Y, para dejar en claro que no habla por hablar, no tiene mejor idea que darle de probar a su nieto un pedazo de muzzarella que sospecha puede estar envenenado. No sé si Shakespeare se atrevió a tanto…


El encuentro entre Shiv y su madre, un personaje que aparece muy poco en la serie y que siempre parece un tanto alejada de la zona más conflictiva y brutal del drama familiar, muestra claramente que la historia que las (des)une viene de mucho antes, de la separación de ella con Logan, y que buena parte de la brusquedad intrafamiliar ya estaba instalada en la niñez y cobró mayor fuerza en ese momento. Las acusaciones cruentas de Caroline («tendría que haber tenido perros en lugar de hijos») a los actos de una niña seguramente perturbada por la separación familiar que en aquel momento tendría 13 años sacan un espíritu combativo, una bronca en Shiv, que repercutirá en sus próximos movimientos. La chica, que había empezado el episodio algo deprimida en la cama sin querer participar en vivo de una reunión del board termina volviendo a mostrar las garras después de esta conversación.

Primero, lo hace con Tom. En una charla previa al sexo (el más bizarro foreplay visto en mucho tiempo), Shiv básicamente le dice que no lo ama, que él está por debajo suyo en todo sentido, lo humilla. Claramente usándolo como destinatario de la bronca que le dejó la conversación previa (algo que Tom suele hacer con Greg, hay un sistema en la serie que es replicar una agresión que viene de arriba a alguien que, en esa escalera de poder, está un poco más abajo), a la mañana siguiente insiste, y ya más en serio, con lo que dijo antes. No fue solo sex talk (¿quién sabe? Quizás a Tom lo excita ser humillado), sino que se parece más al desprecio. Solo basta recordar sus diálogos respecto a tener hijos para que quede claro que es una conversación brutal.

Roman no tendrá largas conversaciones sobre traumas personales porque, él lo admite, no es lo suyo. Su mecánica es otra: micro-agresiones constantes, humillaciones supuestamente graciosas, ego desatado. Y aquí hay aparecen sus contradicciones en toda su dimensión. Por un lado, parece poder manejar de modo bastante inteligente la complicada negociación con el dueño de GoJo (personaje que Alexander Skarsgards encarna en modo un tanto border), pero esa misma frescura y desprejuicio para lidiar con empresarios de su generación le juegan en contra en el divertido pero a la vez amargo dick pic affaire, en el que tiene la mala suerte (o lo que se conoce como «acto fallido») de enviarle una de esas fotos a su padre en vez de a Gerri. Y eso desarma de un segundo a otro toda la estrategia de crecimiento que venía armando episodio tras episodio y que lo había depositado en el preciado lugar de ser la mano derecha de su padre. Algo que, claro, Shiv aprovechará en su nuevo warrior mode para tratar de recuperar lugares en la carrera por el trono. Y si eso implica incendiar a la buena de Gerri, que así sea…

Hay otros personajes en crisis en medio del casamiento. Connor es humillado por su pareja, que lo deja colgado en el aire en medio de una pública propuesta matrimonial; Greg parece pasarse de vivo cuando compra la idea de que tiene que empezar a subir por la «escalera de las citas» y apostar por más que la atribulada asistente de Kendall, alguien que poco antes parecía inalcanzable. Y la madre de los chicos tampoco las tiene todas consigo, ya que es evidente que se está casando con un personaje un tanto turbio y que bordea lo impresentable. Así, en medio de la bellísima Toscana (entiendo que se filmó en varias ciudades de la zona, entre ellas este bonito lugar, por si alguno se puso a planear sus próximas vacaciones tras ver el episodio), el agua del fondo del pozo de los Roy, con toda su sputza (término del slang argentino para el puzza italiano), parece subir a la superficie, algo que –convengamos– es bastante común que suceda en esas locaciones. No es buena idea investigar demasiado en las cloacas italianas.

Pero la «frutilla del postre» (o, más bien, todo lo contrario) es el final ¿abierto? del episodio, uno que invito a discutir en los comments. ¿Qué sucede en la última escena, en el último plano? Kendall, que está visiblemente borracho en una colchoneta inflable la piscina, deja caer al agua su bebida alcohólica y, luego, su rostro se va hundiendo en el agua, burbujitas saliendo de su boca y todo. ¿Es un susto, un accidente, un intento de suicidio? ¿Está a tiempo de ser salvado o lo encontrarán de un modo ya irreversible? Si uno ve el recorrido dramático del personaje, las constantes humillaciones recibidas y sus propios actos impresentables (o directamente delictivos, que vuelven a ser nombrados acá), la pérdida de su familia, de sus afectos y quizás hasta de su dinero, bien podría darse a entender que hasta acá llegó su calvario personal. Pero quizás no sea así y tenga alguna nueva chance. ¿Para hacer qué? No queda muy en claro. Quizás dejarse morir sea su extraña manera de querer clavarle una brutal daga a su padre, un twist bien italiano a los hechos de EL PADRINO, solo que aquí no queda muy claro si a Logan realmente lo aniquilará la noticia. Es el gran misterio que nos deja SUCCESSION para el cierre de su excelente temporada.