Estrenos online: crítica de «Ascension», de Jessica Kingdon (Paramount+)

Estrenos online: crítica de «Ascension», de Jessica Kingdon (Paramount+)

Este documental intenta hacer un retrato de la China contemporánea, desde su sacrificada clase trabajadora a sus nuevos ricos, con sus ambiciones y contradicciones. Nominada al Oscar en su categoría.


No suelo utilizar mi experiencia personal a la hora de escribir críticas pero, de vez en cuando, cabe hacer una excepción. Hasta la llegada de la pandemia viajé a China durante cinco años seguidos (entre 2015 y 2019) por mi trabajo como programador en varios festivales de cine de ese país. Y mi sensación –de nuevo, completamente personal– es que pocas películas logran capturar la fascinación, el encanto y las contradicciones de la experiencia que uno puede tener en ese país como lo hace ASCENSION. Por más «turista» en el fondo que uno sea estando allí, ese amplio marco que va desde trabajadores precarizados a millonarios sofisticados es bastante representativo de lo que uno observa al pasar un tiempo en ese país.

No es lo único, claro, y la película nominada al Oscar a mejor documental deja en claro que hay muchas otras cosas que existen en el medio entre esos dos posibles polos (llamémoslo «el consumidor de clase media», o el que busca denodadamente el prometido ascenso social), pero ASCENSION es de esos films que no buscan mostrar solo un ángulo de China sino abrir las miradas de los espectadores a las complejidades socioeconómicas de ese gigante y cada vez más poderoso país de 1.400 millones de habitantes.

Su nominación al Oscar es una sorpresa porque no es una película que subraye sus intenciones al espectador ni se contente con darles un concepto ya masticado acerca de lo que van a ver. No hay entrevistas ni especialistas ni voz en off ni nada parecido. No hay nadie que explique ni analice qué significa China hoy en el contexto mundial ni que comente los hábitos y costumbres de su gente, a lo panelista televisivo sabelotodo. Es un documental de observación, bastante clínico, más cerca del estilo de algunos cineastas experimentales, de retratistas urbanos o de aquellos que trabajan desde la invisibilidad que del formato informativo-periodístico que suele funcionar en los Estados Unidos.


La película de Kingdon se divide en tres movimientos de una manera bastante natural. Siguiendo la lógica del título, esos movimientos involucran algún tipo de ascenso social dentro del llamado «experimento chino» de apertura al mundo y al capitalismo que empezó a fines del siglo XX. Comienza en los barrios más pobres o en los centros urbanos donde se ofrecen a viva voz trabajos por salarios ínfimos (un plus que remarcan mucho los que ofrecen esos puestos es que son trabajos que se pueden hacer sentados) y vemos a miles de jóvenes hombres y mujeres ya con sus maletas, subiéndose a micros de empresas para dedicar todo su tiempo a desgastantes trabajos industriales y vidas en cuartos compartidos con seis u ocho personas.

La película continuará en esas fábricas en las que muchos de los productos que vemos circulando en todo el mundo se hacen, repetida y mecánicamente, por horas y horas y horas. De a poco el film va subiendo en la escala social: los productos son más refinados, los trabajos un tanto menos mecánicos y de a poco ASCENSION entra en el mundo de la clase media aspiracional, de los que creen que pueden salvarse económicamente monetizando sus redes sociales o su presencia virtual, vendiendo productos online o haciendo cursos de todo tipo que puedan ubicarlos más cerca de su preciado objetivo: la creciente clase alta china y el dinero que circula en esos ambientes.

Sobre el final, la película retratará un poco el mundo de los millonarios de China, sofisticado de una manera que tal vez sea un poco rara para el público occidental, pero que es más que evidente cuando uno lo experimenta in situ. Los que todavía absurdamente creen que China es un país comunista a la vieja usanza (en lo económico, claramente, no lo es) se sorprenderán al ver los usos y costumbres de la gente con dinero en ese país.

Ese «ascenso social» que es, como casi en cualquier lugar del mundo, definitivamente para muy pocos tiene sus zonas grises y contradictorias. Y el film las explora desde la puesta en escena, la gélida musicalización de Dan Deacon y lo que cada situación va dejando en el espectador. Una fábrica que hace muñecas sexuales, una empresa que se dedica a cosméticos, una escuela para mayordomos, un curso para monetizar las redes sociales, un gigantesco parque de diversiones y el cuarto de un hotel de lujo son escenarios que la película recorre y observa permitiendo que cada uno saque sus propias conclusiones o, simplemente, se deje llevar con maravillada extrañeza, por lo que ve ahí. Algo que, volviendo a mi experiencia personal, es lo que sucede cada minuto que uno pasa en ese país.

Nada es discreto ni de bajo perfil en China para el observador occidental. Todo es más grande, más shiny, más imponente y grandioso, tanto lo que fascina como lo que incomoda. En una entrevista, la directora –de familia china– decía que, a diferencia de los países occidentales, en ese país nadie disimula su ambición de hacer dinero. No hace falta, no es necesario ser discreto o falso, al menos en ese sentido. El «sueño chino» puede ser tal elusivo como el «sueño americano» en el sentido de que todos aspiran a alcanzarlo pero pocos lo hacen. La diferencia es que aquí la gente parece dispuesta a hacer muchos mayores sacrificios para acercarse a él.

Algunos espectadores sentirán que ASCENSION es demasiado acrítica de los problemas que existen en ese país, que quizás el acceso que le dieron a la realizadora para poder filmar en muchas empresas pasa por ofrecer una visión supuestamente «imparcial» de lo que sucede ahí. Desconozco si eso es cierto o no, pero lo que es claro es que la directora logra colar esa mirada crítica desde varios lugares, empezando por la obsesión de muchos de sus habitantes por imitar a Occidente aún en sus peores costumbres.

Lo que sí es cierto es que la realizadora parece mirar con una más admiración que condescendencia los sacrificios y las humillaciones que muchos allí están dispuestos a soportar para conseguir lo que quieren. Y eso, más que ninguna otra cosa, es lo que debe asustar a algunos de los occidentales que, al ver esta película, no les quedará otra que admitir que es solo una cuestión de tiempo para que China sea la gran potencia mundial.