Series: crítica de «The Girl from Plainville: Episodios 1-3», de Liz Hannah & Patrick Macmanus (Starzplay/Hulu)

Series: crítica de «The Girl from Plainville: Episodios 1-3», de Liz Hannah & Patrick Macmanus (Starzplay/Hulu)

Ellen Fanning y Chloe Sevigny protagonizan esta miniserie basada en el caso real del suicidio de un adolescente por el que fue acusada su novia. La serie original de Hulu se verá en América Latina por Starzplay.


Las miniseries basadas en casos reales son una industria en continuo crecimiento. El caso que narra THE GIRL FROM PLAINVILLE recibió ya un tratamiento documental en 2019 con la serie I LOVE YOU, NOW DIE!, que está disponible en HBO Max. Y tres años después llega su versión ficcionalizada, de ocho episodios, de las que ya se adelantaron los tres primeros, bastante promisorios.

Si bien es una historia pública y, al menos en Estados Unidos, bastante conocida, acá no revelaremos algunos detalles relevantes de su trama. Pero la propia miniserie asume que el público sabe lo que pasó y empieza por «el hecho en sí»: el suicidio del adolescente de 18 años Conrad Roy (Colton Ryan), llenando su pick-up de monóxido de carbono. ¿Cómo es que un suicidio en solitario se convirtió en un caso criminal en el que se acusó a una chica que ni siquiera estaba allí?

Eso es lo que se irá develando en esta historia que va y viene en el tiempo, ocupándose más de lo que pasó después del suicidio y, cada tanto, recordando la curiosa «historia de amor» entre ambos. Con Michelle Carter, la novia en cuestión interpretada por Elle Fanning, Conrad tenía una relación fundamentalmente basada en mensajes de texto, algunas llamadas y unos pocos encuentros a lo largo de los dos años que pasaron entre que se conocieron en la vida real y el suicidio de Conrad.


El caso es paradigmático porque generó un juicio complejo en términos legales. Conrad era un chico perturbado que tenía una buena relación con su madre (Chloe Sevigny) pero una bastante más complicada con su padre y su abuelo, con quienes trabajaba en un barco. Pero su principal problema era el enorme grado de ansiedad social que tenía y sus constantes deseos de quitarse la vida.

Michelle vivía en otra ciudad (en Plainville, Massachussets), a una hora de distancia, y en los meses que pasaron enviándose mensajes él le decía siempre que pensaba en matarse pero finalmente no lo hacía. Ella, en un punto, empezó a desafiarlo y a alentarlo a que perdiera el miedo, tomara coraje y lo haga. Y cuando llegó la hora y eso sucedió, Michelle pasó a transformarse en lo que en la jerga policial se llama «persona de interés». O, directamente, sospechosa de homicidio.

Si uno ve THE GIRL FROM PLAINVILLE solo para saber detalles del caso y su resolución, es más recomendable (y más breve) ver el documental. La serie de ficción prefiere hacer una pintura de las perturbaciones psicológicas de ambos y sobre todo las de Michelle, ya que lo que hizo célebre al caso fue tratar de entender porqué alguien instigaría a su pareja a suicidarse como lo hizo ella.

Y lo que se muestra aquí sirve para entender que, de una manera un tanto distinta a la de Corey, Michelle atravesaba la adolescencia con igual angustia y desesperación, fundamentalmente ligada a su necesidad de ser querida y aceptada por sus amigas y compañeras que no parecían prestarle demasiada atención, acaso por ser un poco needy y «cargosa». ¿Qué mejor que ser una «joven y sufrida viuda» para lograr ser tenida en cuenta por sus amigas, por las redes sociales, por «el mundo»?

La serie explora las dificultades, presiones, miedos y ansiedades de la adolescencia de una manera inteligente, mostrando cómo en algún punto se desdoblaban las personalidades de sus protagonistas. Cuando pasó lo que pasó, casi nadie podía creer lo ocurrido ni tenían casi idea de su relación, que mantuvieron esos años prácticamente de modo intenso, pero casi por completo virtual.

En el rol de Lynn, la madre de Conrad, Sevigny va creciendo en importancia con el paso de los episodios, al ir empezando a entender que esta sufrida, solícita y amable adolescente que se presentó ante ella como novia de su hijo tras su muerte (ella desconocía su existencia) y que quiso ser parte del funeral y hasta organizar un evento benéfico, quizás sea un tanto más extraña de lo que parece.

La serie también hace otra interesante exploración en un tema que es clave en la personalidad de Michelle: su relación con la fantasía, con la cultura pop y su fanatismo con la serie GLEE, cuya historia de la vida real incluye –como algunos quizás recuerden– también un caso con algunas similitudes a éste. La necesidad de la chica de transformar su vida en algo más parecido a una novela, una película o una serie de TV, de algún modo terminó jugándole en contra y haciéndole perder su sentido de la realidad.

Y después, sí, está el dilema legal. ¿Se puede considerar homicidio (involuntario o no) si una persona ayuda o convence a otra, sin coerción física ni nada parecido, para que se suicide? ¿Es una figura legal real y utilizable por el sistema judicial? ¿O quizás simplemente lo que hizo es horroroso desde lo moral pero no condenable desde la ley? Para llegar a eso habrá que esperar al final. O, si están apurados por saber cómo terminó, pueden entrar a Wikipedia. O mirar el documental en HBO Max.