Cannes 2022: crítica de «Domingo y la niebla», de Ariel Escalante Meza (Un Certain Regard)

Cannes 2022: crítica de «Domingo y la niebla», de Ariel Escalante Meza (Un Certain Regard)

por - cine, Críticas, Festivales
26 May, 2022 09:59 | Sin comentarios

La segunda película del realizador de Costa Rica trata sobre un hombre que, por motivos muy personales, se niega a venderle su casa a una empresa que quiere construir una autopista en la zona.


De sobrecogedora belleza visual e indudable fuerza dramática, la segunda película del director costarricense de EL SONIDO DE LAS COSAS (ver reseña aquí) trabaja una serie de temas y estilos que son habituales al cine latinoamericano solo que su particular combinación es inusual. Por un lado, el film puede ser visto como la clásica historia de un hombre que se resiste a dejar su hogar ante una presión corporativa fuerte –por no decir mafiosa– que lo pone entre la bala y la pared. Y, por el otro, es un relato que toma aspectos del realismo mágico para poner en perspectiva ese choque entre el territorio y el negocio, entre el lugar de pertenencia y el de «comercialización».

Domingo es un veterano hombre, barbudo, alcohólico y de andar pesado, que vive en una casa campestre, cercana a un camino de una zona rural de Costa Rica. Apenas lo vemos aparecer en escena, caminando hacia su casa, nos enteramos de cuál será uno de los ejes del film. Domingo escucha a una especie de vendedor inmobiliario tratar de convencer a una señora para que lo deje pasar a su casa y así explicarle la oferta que tienen por ella. Y sus modos son agresivos: una suerte de «mejor por las buenas que por las malas».

Domingo sabe que tarde o temprano llegarán a él. De hecho, ve a obreros que están trabajando en la construcción de una autopista y los agrede a piedrazos. Es que de eso se trata el negocio que está llevando a la gente del lugar a vender sus casas. Con poco trabajo y sin muchas posibilidades, pocos pueden negarse a un fajo de billetes en efectivo, la típica «oferta que no se puede rechazar». Y son varios los que le explican a Domingo que no querrían hacerlo, pero que no les queda otra opción.


Pero el hombre no quiere y se negará hasta las últimas consecuencias. Fundamentalmente porque ese es el hogar en el que vivió con su esposa y donde, cree él, la mujer lo sigue visitando por las noches envuelta en una pesada niebla que entra en su casa y hasta parece mover los objetos que lo rodean. Domingo tiene una hija mayor con esa mujer, quien está bastante harta de estas historias. Y si bien no lo confronta respecto a su decisión de no vender, cree que eso de la niebla que trae al fantasma de su madre es síntoma de su locura, su alcoholismo o alguna otra cosa más.

Es así que la película se irá dividiendo entre los enfrentamientos más claros entre Domingo y los «empresarios», las conversaciones entre el hombre y su hija, el hombre y sus vecinos (acaso los momentos más efectivos y naturales del relato, con actores que parecen no profesionales contando cosas que bien podrían ser sus verdaderas historias de vida) y esas noches de soledad en la que la niebla se le aparece a Domingo entre los sueños, incitándolo de algún modo a no ceder.

En algún punto la película hará una conexión un tanto más literal con lo que sucede en esa «niebla» y la sugestión dará paso a un procedimiento un tanto más subrayado. Había algo en el misterio de no saber realmente qué es lo que sucedía allí que le daba a la película una sugerente atmósfera de cine de terror (sí, casi como LA NIEBLA, de John Carpenter) y hasta uno podría imaginar a esa movediza y perturbadora nube atacando a los que vienen a quedarse con la Tierra. Pero la película elige otra opción, otro recorrido. Válido también, pero un tanto menos inquietante.

Más allá de esos pasos más discutibles que cuestionables, DOMINGO Y LA NIEBLA tiene una potencia visual innegable, con un cuadro bastante más cerrado de lo que se usa hoy (entiendo que es un 1.66:1) y un trabajo con el color que transporta al espectador directamente a esa zona verde, boscosa y florida que parece apacible y bella pero en la que se esconden secretos, públicos y privados, que parecen surgir desde la misma esencia de la Tierra.