Cannes 2022: crítica de «Holy Spider», de Ali Abbasi (Competencia)

Cannes 2022: crítica de «Holy Spider», de Ali Abbasi (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
22 May, 2022 08:55 | Sin comentarios

Este thriller del director de «Border» se basa en el caso real de un hombre que en Irán asesinó a 16 prostitutas entre 2001 y 2002, y de la extraña investigación que se llevó a cabo para detenerlo.


De una torpeza sorprendente viniendo del realizador de la muy inquietante y compleja BORDER, la nueva película de Ali Abbasi, realizador iraní radicado en Dinamarca, es como una versión para televisión (o plataforma de streaming) de mucho mejores películas que se han hecho sobre asesinos seriales. La única diferencia importante es que, al suceder en Irán, tiene sus particularidades específicas respecto a cuestiones culturales, religiosas y políticas, pero formal y dramáticamente no está siquiera a la altura de cualquier buen thriller sobre criminales e investigadores. 

Algo similar sucedió aquí en Cannes, unos días atrás, con el thriller egipcio BOY FROM HEAVEN. Son películas que están en la competencia aplicando fórmulas conocidas y comerciales a problemas que tienen lugar en culturas muy distintas de las que habitualmente se ocupa el cine de Hollywood. Pero eso termina siendo un problema aún mayor porque un cine de rica tradición como el iraní ahora parece funcionar con las mismas reglas que cualquier estreno de Netflix. Globalización estética, que le dicen.

No es el único problema de HOLY SPIDER ya que también es una película que replica una y otra vez los crímenes de género y violencia misógina del asesino en cuestión (¿hace falta reiterar cuatro veces en primer plano como un hombre ahorca hasta la muerte a una mujer?), volviendo al film aún más problemático todavía. Y como thriller, en términos específicamente dramáticos, digamos que lo único que lo sostiene es que se basa en un caso real que sucedió entre 2001 y 2002 y habrá que suponer que la torpeza de todos los involucrados fue parte del asunto.


La película empieza de modo inquietante, siguiendo a una prostituta que trabaja por las noches en la ciudad sagrada de Mashhad. No es común ver tan crudamente ese tipo de tareas en lugares como ese (la película se filmó en Jordania) y en principio es lo que vuelve intrigante a la propuesta. Pero ese episodio solo sirve para mostrar el modus operandi del protagonista, un hombre (se muestra rápidamente quién es) que asesina prostitutas en un plan religioso, un Travis Bickle iraní, ex combatiente, que quiere limpiar la escoria de la ciudad.

Pero mientras Saeed Hanaei (Mehdi Bajestani) mata y, en paralelo, lo vemos comportarse como un relativamente razonable esposo y padre de familia, HOLY SPIDER elige como protagonista a una mujer periodista llamada Rahimi (Zar Amir Ebrahimi) que llega de Teherán a investigar por su cuenta el caso que está conmoviendo a todos, ya que a esa altura el tipo lleva casi una decena de asesinatos cometidos. Ser mujer y periodista en Irán no es nada fácil y menos en un caso como este que ni la policía ni las autoridades religiosas ni los medios locales parecen querer dilucidar. De algún modo, Saeed está haciendo el trabajo sucio por ellos.

Y así la película se extenderá por dos tercios de sus casi dos horas de duración. Una investigación periodística con la que nadie colabora y que va a llevar, previsiblemente, a la reportera a ofrecerse como potencial víctima del asesino de prostitutas. El cambio principal que aquí se le hace a la estructura clásica de este tipo de thrillers es que la última media hora está dedicada a los vericuetos legales y el juicio en sí, que tiene aristas un tanto más extravagantes (y religiosas) que lo que tendría en Occidente.

En el mejor de los casos, esas alteraciones culturalmente específicas al modelo del thriller global le da a HOLY SPIDER un interés extra, ya que en cualquier otro lugar nadie podría dudar que un asesino de ese tipo, confeso y obvio, sería condenado. Pero en Irán es un poco más complicado y la película se mete de una manera un tanto brusca en ese proceso legal. Ese situación –además de lo inusual que es ver cómo funciona el submundo de la prostitución y el narcotráfico en Irán– pueden darle a la película un cierto valor como algo «curioso».

Pero no le alcanza con eso para escaparle al cliché, ni a mostrar más de una escena indignante de violencia de género (se ve que a Abbasi nadie le avisó que no da recrear en detalle y repetidamente brutales hechos de ese tipo, más si se basan en ataques reales) y a atar todo de una manera tan torpe como un tanto confusa y brusca. Todas las sutilezas de BORDER desaparecieron acá. De hecho, a veces ni siquiera parece ser una película del mismo director.