Cannes 2022: crítica de «Hunt», de Lee Jung-jae (Midnight Screenings)

Cannes 2022: crítica de «Hunt», de Lee Jung-jae (Midnight Screenings)

por - cine, Críticas, Festivales
20 May, 2022 02:15 | Sin comentarios

Dirigida y protagonizada por la estrella de «El juego del calamar» este complicado y explosivo thriller de espionaje coreano se centra en dos agentes de inteligencia que buscan a un infiltrado en sus filas en los años ’80.

Ahora famoso en todo el mundo por ser el protagonista de EL JUEGO DEL CALAMAR, Lee debuta en la dirección y es uno de los dos personajes principales de este complicado y explosivo thriller de espionaje coreano, un film que parte de una situación política real vivida en ese país en los años ’80 pero que dispara hacia un caos cacofónico de violencia, acción, ruido y no demasiadas nueces.

Dicho de otro modo: uno debería hacer un curso en internas políticas coreanas de la época para entender en detalle lo que sucede aquí. Si a eso se le suma que la película va y viene en el tiempo entre 1983 y 1980 –sin aclarar nunca bien cuando regresa– y de lo que trata es de potenciales espías que pueden trabajar para un par de enemigos diferentes, digamos que el paso a paso de la trama se vuelve complicado.

Todo se puede simplificar de una manera básica, de todos modos, una que sirve para seguir la trama aún perdiéndose algunos detalles. Hay dos agentes especiales que trabajan para distintos departamentos del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur. Estamos en 1983, cuando Corea es gobernada por un gobierno de facto tras el asesinato del presidente anterior (también militar), en 1979. Rechazado por buena parte de la comunidad internacional y por mucha gente en Corea, el presidente vive en peligro, que puede venir de Corea del Norte o internamente.


A partir de un frustrado intento de asesinato en Washington, el Servicio de Inteligencia pone a dos hombres fuertes a tratar de descubrir si existe un «topo» adentro del departamento que esté pasando data de las actividades del gobierno a los norcoreanos o a los jóvenes universitarios locales que viven haciendo marchas en contra del gobierno. Park Pyung-ho (el propio director Lee) y Kim Jung-do (Jung Woo-Sung, de THE GOOD, THE BAD AND THE WEIRD y muchas otras) buscan cada uno por su lado quién puede ser ese «topo» partiendo de una fuerte desconfianza entre ambos por algo que sucedió en el pasado reciente.

A tal punto están en desacuerdo y se llevan mal que buena parte del tiempo uno espía al otro creyendo que él es el infiltrado en cuestión y viceversa. Pero, si bien ambos tienen motivos para sospechar del otro, las cosas probarán ser bastante más complicadas que eso. En un momento, de hecho, empiezan a aparecer revelaciones que en realidad no son tales, sino el inicio de una cadena de trampas y giros narrativos que recién terminan con los créditos de la película.

Casi a conciencia de que muchos espectadores pueden perderse en medio de tantos giros, tiempos y personajes, Lee armó HUNT como una larga colección de escenas de acción, muchas de ellas llamativamente violentas para un thriller comercial. Hay persecuciones automovilísticas, muchos enfrentamientos con armas que se llevan a decenas de personas puestas (y autos y lo que venga) y un par de excesivamente morbosas escenas de tortura en las que el film se pasa un poco de la raya. Pero lo cierto es que, en sus 130 minutos de duración, es un ruidoso festival de gritos, golpes, disparos, granadas, bombas y cualquier cosa que explote y sacuda la modorra.

Dentro de varias set pieces fuertes que posee una película que casi no tiene pausas de principio a fin, la más llamativa es una que se inspira en un hecho real (un intento de asesinato al presidente coreano en la entonces Birmania y actual Myanmar) pero la traslada a Bangkok y cambia las circunstancias. Durante lo que parece una eternidad de tiempo –serán más de 20 minutos– es una carnicería salvaje en la que, además, las revelaciones y los bruscos cambios de actitud de los personajes suman aún más confusión.

HUNT es una película que seguramente está donde está por la presencia de Lee y la fama de SQUID GAME. No es que se trate de un film impresentable ni mucho menos, pero le falta ese toque de calidad extra, ese plus que ha vuelto memorables a muchos títulos coreanos de acción que pasaron por Cannes, festival que suele ser una buena vidriera para que una o dos películas comerciales por año –más allá de los Bong Joon-ho o los Park Chan-wook, que están en competencia– se destaquen y luego recorran los mercados internacionales. Esta quizás lo haga también, pero los motivos serán otros: explosiones y, bueno, calamares.