Cannes 2022: crítica de «Showing Up», de Kelly Reichardt (Competencia)

Cannes 2022: crítica de «Showing Up», de Kelly Reichardt (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
27 May, 2022 09:45 | Sin comentarios

Una escultora atraviesa una serie de inconvenientes en la semana previa a una presentación de su obra en esta sutil comedia dramática de la directora de «Old Joy».


La maestría del cine de Kelly Reichardt pasa por la manera en la que sus películas se mueven por debajo del radar de los espectadores. O de la mayoría de ellos. Su arte consiste hasta tal punto en la discreción, el tono bajo y la falta de énfasis dramático que uno muchas veces tiene la sensación que no pasa mucho en sus películas, que los personajes y acontecimientos que las atraviesan son cotidianos y, hasta cierto punto, podrían bordear con lo anodino. Pero el proceso que se hace con sus películas es acumulativo. Y, en general, explotan al terminar uno de verlas.

SHOWING UP quizás sea, en ciertos términos y medidas, una película pequeña, especialmente si se la compara con FIRST COW. Pero en realidad aquella era la excepción y esto se parece más a la habitual medida de las cosas en el cine de Reichardt que, en muchos casos, puede resumirse en seguir a Michelle Williams mientras reacciona (o no) a algunas cosas que le pasan. Y si hay animales de por medio, mejor.

Una desaliñada Williams interpreta a Lizzy, una escultora de Portland que alquila una casa en la que no anda el agua caliente y no puede ni bañarse. La mujer, que vive con un gato bastante hambriento, está terminando de hacer las piezas para una presentación de sus obras, que tendrá lugar en unos pocos días. Pero todos el tiempo le aparece una nueva complicación. Menor, quizás, pero lo suficientemente incómoda como para no dejarla trabajar como debe.


Lizzy está conectada con un grupo de artistas visuales que trabaja y se reúne en una escuela de arte local, en la que todo el mundo está pendiente de quién expone y qué dicen los medios al respecto, un mundillo muy específico que vive en su propio planeta de sentidos y conexiones. Ahora todos están detrás de una artista recién llegada que expondrá ahí y que es la «nueva estrella» en ascenso del mundillo.

El tema es que Lizzy no está con demasiado tiempo de socializar ya que su mayor preocupación pasa por terminar de preparar la muestra y que Jo (Hong Chau), la dueña de la casa que alquila y que también es vecina y amiga (más bien, frenemy), le arregle el problema del agua. Pero Jo no solo no le arregla el asunto sino que le trae más complicaciones tanto del orden humano como del animal. En WENDY Y LUCY las preocupaciones de Williams pasaban por un perro. Aquí, por un gato y una paloma que, previsiblemente, no se llevan muy bien.

Ese es el derrotero específico de Lizzy a lo largo de la película pero hay otro, más subterráneo, que va creciendo con el paso de los minutos: su familia. El padre de la chica (Judd Hirsch) no parece tenerlas todas consigo y tiene unos huéspedes en su casa que se estarían aprovechando de él. La madre (Maryann Plunkett), que es también su empleadora en la facultad, tiene su particular intensidad y modos. Y su hermano Sean (John Magaro) es un artista también, pero uno que atraviesa algún tipo de episodio maníaco que tiene a todos preocupados.

Resumida así, SHOWING UP parece estar saturada de personajes y acontecimientos, a tal punto que de haber estado escrita y filmada de otra manera bien podría haber sido una convencional comedia dramática sobre una artista, su peculiar trabajo y su bizarra familia. Pero Reichardt no trabaja sobre el lenguaje cinematográfico de modo convencional. Lo suyo es ir armando, como Lizzy, pequeñas miniaturas que a primera vista se parecen entre sí y no llaman demasiado la atención, pero apenas uno se acerca y las observa en detalle revelan muchos pliegues y secretos.

Lizzy, de hecho, se parece de aspecto a las criaturitas que moldea y su obra bien podría representar las distintas facetas de la artista. En ellas hay trabajo, dolor, sacrificio y hasta sufrimiento, pero también hay belleza, ligereza, talento y humanidad. Y eso es, en el fondo, SHOWING UP, una película sobre la dificultad de una artista de lidiar con sus emociones, con los problemas de su vida cotidiana y, a la vez, con crear obra para un grupo de personas que parece tener la cabeza en las nubes. Tanto en la plástica como en el cine.