Series: crítica de «Shining Girls», de Silka Luisa (Apple TV+)

Series: crítica de «Shining Girls», de Silka Luisa (Apple TV+)

Esta serie protagonizada por Elisabeth Moss, Wagner Moura y Jamie Bell se centra en una mujer que ayuda a un periodista a buscar a un misterioso asesino serial que intentó matarla también a ella. En Apple TV+.


Existen muchas series de investigación sobre asesinos seriales que matan mujeres. Y, a la vez, hay muchas series de ciencia ficción o fantásticas en las que se juega con los límites de la realidad y la fantasía, con el concepto del tiempo y de la percepción. No recuerdo muchas en las que se mezclen las dos cosas de la manera en la que se lo hace acá. Protagonizada por Elisabeth Moss, la serie de Apple TV+ tiene elementos de thriller policial combinados con otros que bien podrían considerarse como propios del género fantástico. Y si bien su trama es bastante rebuscada, consigue ser fascinante.

Adaptada de la novela de Lauren Beukes THE SHINING GIRLS, publicada en 2013, la serie que en castellano lleva el título de LUMINOSAS tiene una organización narrativa tan diferente al libro que se recomienda no leer nada acerca de la novela antes de verla. El cambio es una elección extraña, ya que se trata de un libro que fue muy exitoso en su momento y los que lo leyeron se toparán con una intriga que en la novela no existe. Pero se ha apostado por un público que va más allá de los lectores y la creadora/guionista de la serie ha entendido que esa modificación era fundamental para generar un suspenso distinto al que tenía el libro. Y quizás esté en lo cierto.

La novela se apoyaba en el punto de vista del asesino serial y claramente establecía, de entrada, no solo quién era sino el origen de su misteriosa manera de proceder. De hecho, la página de Wikipedia de la novela lo dice en el primer párrafo. La serie no es así. Si bien, es cierto, sabemos de entrada quién es el asesino al que se busca, no tenemos idea de cómo hace lo que hace ni porqué. Solo sabemos que tiene una extraña capacidad para conocer el futuro y el pasado de sus víctimas, saber cosas de su vida privada, aunque ninguna de ellas crea conocerlo. ¿Cómo lo hace? Recién se sabrá cerca del final.


El cambio de eje es tal que ahora la protagonista es Kirby Mazrachi (Moss), una mujer que sobrevivió a uno de los ataques de este sujeto llamado Harper (Jamie Bell) y que trabaja en la sección archivo del Chicago Sun-Times, conocido diario de esa ciudad, allá por 1992. Kirby es una sobreviviente a quien el intento de asesinato –que tuvo lugar seis años antes, en 1986– dejó con profundas secuelas. Una de ellas es física: tiene un enorme corte en forma de cruz en el cuerpo. Pero acaso no sea el principal de sus problemas. El otro es más extraño aún.

Kirby tiene lo que podría entenderse como problemas de memoria o la sensación de que la realidad cambia alrededor suyo. Se va a sentar en un escritorio del diario y su colega le dice que ese no es el suyo. Su peinado se alarga o se acorta de la nada. La llaman por un nombre o por otro. Su madre vive con ella en la casa o hace mucho que no le habla. Vive en un piso y después en otro. Y nadie más que ella parece notar esos cambios. Es tan frágil su estado psicológico –o tan rara su misteriosa afección temporal– que tiene que llevar un cuaderno en el que anota día a día hasta los datos más básicos de su existencia: nombre, dirección, si tiene marido, si es soltera y si su mascota es un perro o un gato.

En el mismo diario en el que Kirby (si es que se llama Kirby) trabaja están investigando un nuevo caso que se parece mucho al suyo. El que lo lleva adelante es Dan Velázquez (el actor brasileño Wagner Moura, con apellido hispano pero hablando portugués y claramente brasileño en función de sus remeras de Os Mutantes y sus posters de Milton Nascimento), un periodista del diario obsesivo y un poco desorganizado, por no decir claramente alcohólico. Kirby le explica de las similitudes entre su caso y la nueva víctima (que no sobrevivió) y pronto empiezan a investigar juntos, descubriendo que crímenes similares vienen cometiéndose desde hace mucho tiempo en Chicago.

El otro eje narrativo de la serie serán los pasos que Harper da en preparación para un nuevo ataque, con una víctima ya elegida, Jin-Sook (Phillipa Soo, la actriz/cantante de HAMILTON), una chica que trabaja en el coqueto planetario de esa ciudad. Harper es alguien cuyo manejo de los tiempos (digamos, resumiendo, que tiene la habilidad de «adivinar» el futuro, entre otras cosas) está conectado con las experiencias casi paranormales que parece vivir Kirby. ¿O no? ¿O acaso es más complicado que todo eso? ¿A qué se deben sino las extrañas similitudes entre todos los casos?

La serie se mete en una enredada red de conexiones pero nunca pierde el interés del espectador. Parte del secreto es que Moss es una actriz convincente y muy creíble en un papel que cualquier otra podría destrozar. Y Moura está muy bien como el más desprolijo periodista posible, uno de la vieja guardia, que bebe, fuma, se afeita y peina cuando se acuerda y anda con un anotador en el bolsillo de su sucia chaqueta. Y la intriga de entender qué es lo que le pasa a Kirby es fascinante. Obliga a prestar mucha atención a los detalles, eso sí, pero rinde si uno lo hace.

Contar más sería entrar en un terreno de spoilers, así que me detengo aquí. Es cierto que la trama de SHINING GIRLS –no tanto el caso policial en sí sino la lógica de lo que le pasa a Kirby– puede marear a los espectadores y que no todo cierra perfectamente bien como algunos desearían. Cuando las revelaciones de la conexión entre ella y el asesino se empiezan a aclarar pueden parecer un tanto banales o simplistas, pero si uno le sigue el juego a la propuesta en realidad tienen bastante sentido.

Creo que lo principal para disfrutar de la serie pasa por mirarla desde dos perspectivas específicas, no necesariamente ligadas al «realismo». Una, como manifestación de lo confuso del destino, de cómo las experiencias que vivimos pueden modificar nuestra realidad sin que sepamos muy bien las maneras en las que lo hace. Casi que podría ser un «multiverso» lo que se muestra acá, pero en realidad a lo que va la historia es a otra cosa, a determinar cómo las circunstancias, elecciones y conexiones de nuestras vidas van reconfigurando nuestra realidad.

Y la otra forma, metafóricamente perfecta, es verla como la crónica de un trauma o del llamado «estrés postraumático». Kirby pasó por una experiencia brutal y violenta. Y desde entonces su vida no es igual: no se reconoce a sí misma, las cosas no son cómo eran y es una mujer literalmente rota. En SHINING GIRLS esa «rotura» se traduce en una fracturada relación con la vida cotidiana, con eso que llamamos realidad. Y la propia historia de Harper, el criminal, bien puede unirse a esta lectura. De algún modo –más allá de la específica explicación de sus «poderes»– la suya es la manifestación de una violencia de género que se extiende en el tiempo y en el espacio, que puede cambiar de nombres y de formas pero que está siempre en el aire. Es una amenaza constante, sigilosa, que no desaparece nunca.