Estrenos online: crítica de «Aftershock», de Paula Eiselt y Tonya Lewis Lee (Star+)

Estrenos online: crítica de «Aftershock», de Paula Eiselt y Tonya Lewis Lee (Star+)

Este documental premiado en el Festival de Sundance denuncia la alta tasa de mortalidad materna entre las mujeres afroamericanas en los Estados Unidos. Estrena Star+ el 19 de julio.

Estrenada (y premiada) en el Festival de Sundance, AFTERSHOCK es un documental que toca un tema muy específico, pero uno a la vez que tiene muchas repercusiones sociales, económicas y médicas. Su eje pasa por un dato estadístico poco conocido: Estados Unidos es el país industrializado con más mortalidad maternal, donde más mujeres mueren durante o poco después de parir. Y el sector claramente más afectado es el de las mujeres afroamericanas, cuya tasa de mortalidad materna duplica al de las blancas. Un problema no tan conocido pero contundente en términos estadísticos.

La película de Eiselt y Lewis Lee (esposa de Spike Lee) sigue un formato ya tradicional en el documental estadounidense que es seguir un par de casos específicos y entrevistar a las personas involucradas. Las realizadoras se enfocan en lo que les sucedió a Shamony Gibson y a Amber Rose Isaac, ambas mujeres de Brooklyn que fallecieron como consecuencia de dificultades ligadas al parto. A partir de allí enfocan la narración desde la militancia por lograr denunciar estos hechos, las consecuencias de ambas muertes en las respectivas familias y, a la vez, conectan estas historias con una campaña más nacional que intenta cambiar hábitos y legislaciones en la materia.

¿A qué se debe esa enorme tasa de mortalidad materna en mujeres afroamericanas? Para resumir una estadística y una serie de hábitos que se van explicando a lo largo del film se puede decir que gran parte de la cifra se debe a que en la gran mayoría de los hospitales les hacen partos por cesárea no programados, simplemente, porque ocupan menos tiempo en la «rotación» (casi todos los partos son, además, inducidos) y les cuesta menos dinero a los hospitales y clínicas que un parto vaginal, que en su curso natural puede ocupar una cama por más días. Y esto sucede aún más en clínicas y hospitales que atienden a pacientes de bajos recursos.


Lo que tampoco hay mucho, según el documental, son opciones alternativas. En los Estados Unidos, como se sabe, la salud pública es muy limitada, los partos son caros y las posibilidades de elección muy pocas si se quiere parir en un rango geográfico cercano. Y aún en las zonas más pobladas del país son muy pocas las opciones que se ofrecen fuera de la hospitalaria. No solo eso, sino que aún en los hospitales no suelen dar opciones ni elección a los pacientes. Muchos van a la cesárea inducida (o C-Section, como se las llama en inglés) sin que se les pregunta qué prefieren, ya que esos centros de salud priorizan la ganancia (además de la rotación rápida, las cesáreas cuestan menos y se cobran más) sobre la propia vida.

AFTERSHOCK pone más la atención en los esfuerzos de las parejas de ambas mujeres y la madre de una de ellas por denunciar este tipo de abuso y por trabajar en crear y difundir la existencia de centros alternativos a los hospitales tradicionales. Con la colaboración de un obstetra igualmente preocupado por estas estadísticas y tendencias, militan públicamente (la película transcurre durante 2019 y 2020, con la pandemia de por medio y el marco del Black Lives Matter), testifican ante autoridades pero también cuentan sus historias, su dolor y cómo sobreviven al «shock» de las muertes. De hecho, ambos esposos (Omari y Bruce) se ocupan de los bebés que nacieron en esos fatídicos partos y entre ellos se arma una fuerte conexión, una que se extiende a un gran grupo de padres afroamericanos que se organizaron para denunciar el tema.

La película intenta además hacer una historia de la obstetricia en los Estados Unidos, revelando un archivo lleno de experimentaciones con mujeres negras (esclavas), a quienes usaban para probar determinadas prácticas y metodologías, con la intención además de transformarlas casi en máquinas reproductoras de más y más «trabajadores» de esos patrones esclavistas. Ese patrón, de un modo u otro, no ha terminado por modificarse del todo, especialmente si se tienen cuenta otros diferentes modos de atención que el documental revela.

Formalmente el documental es bastante convencional, si bien evita abusar de las entrevistas tradicionales y funciona más a la manera de un film militante, que sigue en tiempo real ese «aftershock» que le da su título. Quizás la específica y concreta experiencia que la película retrata pueda quedar lejos de algunos espectadores, pero la sensación de que la industria médica prioriza la ganancia económica por sobre la salud de sus pacientes es una que puede verse como universal. Con distintas personas y por distintos motivos, sucede en todas partes.