Series: crítica de «Irma Vep», de Olivier Assayas (HBO Max)

Series: crítica de «Irma Vep», de Olivier Assayas (HBO Max)

Esta nueva versión en formato serial de la película de 1996 centrada en un caótico rodaje actualiza los conflictos personales y profesionales de los protagonistas. Con Alicia Vikander, Vincent Macaigne y Jeanne Balibar. Por HBO Max.


Una de las series más personales en aparecer en una plataforma de streaming internacional, IRMA VEP es un ambicioso pero a la vez lúdico proyecto del realizador francés en el que circulan y se ponen en juego no solo muchas de sus ideas acerca del cine (o del «audiovisual», habría que decir en este caso) sino también respecto a la industria que lo rodea y, sobre todo, a su vida personal. Todo esto en medio de una de esas historias de «detrás de escena de un rodaje» que tiene clásicos antecedentes en el cine internacional, en el francés y, claro, en su propio cine.

IRMA VEP no es la remake de una remake sino algo nuevo que combina todas sus versiones previas. Muchos sabrán que esta serie tiene el mismo título y varias características de la película así llamada que el propio Assayas hizo en 1996. Y si saben eso seguramente sabrán también que ambas IRMA VEP se apoya en el serial de Louis Feuillade de 1915-16 llamado LES VAMPIRES y protagonizado por la diva de la época Musidora en el rol de… Irma Vep. Y sí, si no se dieron cuenta Irma Vep es un anagrama de Vampire. Ahora bien: ¿qué es lo que pretende hacer el realizador de PERSONAL SHOPPER con todo esto? ¿Vampirizarse a sí mismo?

Empecemos por lo más básico. IRMA VEP (2022) es una serie centrada en el rodaje de una remake de la original LES VAMPIRES que será dirigida por un célebre pero perturbado realizador francés llamado René Vidal (el carismático y neurótico Vincent Macaigne) y protagonizada por una diva de Hollywood llamada Mira Harberg (la actriz sueca Alicia Vikander, de TOMB RAIDER) que viene de trabajar en productos muy comerciales de la industria y está buscando cambiar su imagen. Quiere, además, alejarse de algún escándalo de su vida personal y de la ruptura de una relación con su ex asistente (Adria Arjona) que la afecta emocionalmente.


Amable y relajada (Vikander está extraordinaria en el rol), Mira se encuentra sin embargo con que su paso por el mundo del cine europeo (bah, las series, ya veremos que ese es todo un tema) no es sencillo. El rodaje es un caos permanente, Vidal es un realizador inseguro y confundido al que todos admiran por su pasado pero nadie tolera demasiado, hay intereses de productores, agentes y sponsors, compañeros de elenco caóticos e indescifrables (Lars Eidinger se luce como una suerte de Klaus Kinski del siglo XXI), una vestuarista enamorada de ella (la gran Jeanne Balibar), otros actores celosos (Vincent Lacoste), una asistente que sueña con hacer sus propias películas experimentales (la modelo Devon Ross, toda una revelación) y todos los problemas imaginables de un set, de los puntuales y específicos hasta algunos más filosóficos. Es un rodaje en Francia, después de todo.

En medio de una pasarela de actores franceses reconocidos en roles de reparto (Alex Descas, Pascal Greggory, Hippolyte Girardot, Denis Podalydès y Dominique Reymond, entre otros) y otros intérpretes «internacionales» (Tom Sturridge, inminente protagonista de SANDMAN; la actriz china Vivian Wu y una muy famosa celebridad que aparece en el último episodio cuyo nombre no revelaré), IRMA VEP empieza a colar ideas y situaciones que se sienten muy personales para Assayas, quien parece aprovechar la tarea para hacer una suerte de terapia personal a través de ocho episodios de lúdica y episódica trama.

Por un lado, la serie va haciendo una pintura de el cambiante mundo del audiovisual, con las series dominando sobre las películas, Hollywood comiéndose al cine de autor y un universo en el que a ciertos directores y actores de peso no les queda otra que ser parte de ese circo tratando a la vez de mantener su identidad. Y, por otro, pone a «Vidal» (evidente alter-ego del realizador) a lidiar con su historia personal, que incluye su matrimonio y posterior divorcio con la protagonista china de su anterior versión de IRMA VEP (Maggie Cheung, aquí reinterpretada por Wu), sus fobias e inseguridades personales, su más amable y cándida relación con Mira (que bien podría ser una sustituta de Kristen Stewart, con quien Assayas hizo ya dos películas, ya que hay muchas similitudes entre ambas) y el cuestionamiento que se hace respecto a su lugar en la industria.

Todo esto irá, como corresponde, como un entretenido subtexto que no es necesario conocer para disfrutar del «producto». IRMA VEP es también luminosa en cuanto a su manera de tratar, con cariño pero sin negar sus excesos y presiones, a la industria, haciendo del rodaje un caos que siempre parece estar a punto de explotar pero nunca (o casi nunca) lo hace. Y ya entrando en un terreno más específico, Assayas logra jugar muy bien –como lo hacía en la película– con la conexión de esta versión con las anteriores y presentar de manera juguetona cómo el mundo de la ficción y la fantasía se cuelan en la realidad, mediante eso que solo puede explicarse como «la magia del cine», algo que aparece cuando las cámaras se encienden por más que los responsables estén todavía superando la resaca de anoche o pensando en algún asunto personal.

Divertida, caprichosa, irregular (las muchas escenas en las que se muestra el resultado de lo que filman no funcionan y dan la impresión de que el producto que están haciendo, ¡en inglés!, es medio horrendo), muy conectada con la historia del cine francés (hay escenas de la original LES VAMPIRES, los episodios respetan sus títulos y hasta hay recreaciones de ese rodaje con los actores de este) pero absolutamente contemporánea en sus obsesiones con las redes sociales, la «cultura de las celebridades» y otros hábitos actuales, IRMA VEP casi parece funcionar como un proyecto a largo plazo, uno que cada 25 años refleje, a través de un rodaje, la realidad de una industria que vive cambiando pero que, en lo esencial, siempre es la misma. Como dice Vidal/Assayas: en el fondo, vivir de, por y para el cine es aprender a conjurar los fantasmas. Los del pasado y también los del presente.