Series: crítica de «The Last Movie Stars», de Ethan Hawke (HBO Max)

Series: crítica de «The Last Movie Stars», de Ethan Hawke (HBO Max)

Esta serie documental de seis episodios es una inmersión en las vidas y las carreras de Paul Newman y Joanne Woodward, un matrimonio de actores que sobrevivió en Hollywood durante 50 años gracias a una bella y complicada historia amor. En HBO Max.

God only knows what I’d be without you» («Sólo Dios sabe qué sería de mí sin vos»), el clásico estribillo del sublime tema de Beach Boys cierra con total lógica y sentido esta experiencia de más de seis horas de duración en la que nos metemos de lleno no solo en la vida de la pareja que integraron Paul Newman y Joanne Woodward sino también en la historia del cine de los últimos 70 años, con todos sus cambios, giros y transformaciones, tanto en el arte en sí (especialmente en la actuación) como en la cultura de la celebridad que siempre la rodeó. Es la historia de una pareja de 50 años de matrimonio, llena de altibajos personales y profesionales, con dolorosas tragedias familiares y momentos de belleza y felicidad, que ha dejado un legado artístico en el cine, el teatro y la televisión pero también en la manera de enfrentarse al mundo un tanto vacuo que rodea a estas industrias.

Hawke prefiere que la experiencia sea inmersiva y exhaustiva. No cree en resúmenes ni en síntesis ni en formatos documentales tradicionales. En ese sentido (y en muchos otros), THE LAST MOVIE STARS no es un documental tradicional ni académico. Y si bien fue un proyecto que de algún modo le llegó «por encargo», lo hizo propio y la convirtió en algo personal. No solo por aparecer en cámara junto con muchos amigos actores para ir contando la historia de Newman y Woodward sino por darle ese entusiasmo y pasión que lo caracteriza. Un estudiante del craft, del arte de la actuación, Hawke ha recibido esta tarea como una misión. Y, ayudado en cierto modo por el tiempo extra que le otorgó la primera etapa de la pandemia, pudo dedicarse con obsesiva pasión a estudiar, investigar pero sobre todo a entender y a ayudar a pensar no solo a la pareja de actores sino al mundo en el que aquellos actores vivieron y los nuevos viven hoy.

El sistema con el que se construyó THE LAST MOVIE STARS es muy original. En vida, Newman pasó un largo tiempo preparando una autobiografía por lo que convocó a un escritor a entrevistar a colegas, amigos, directores, familiares, actores y a ellos mismos. Pero más adelante se arrepintió del plan y decidió quemar todos los casetes. De todos modos, quedaron las desgrabaciones, que ya habían sido hechas: cajas y cajas de entrevistas a Sidney Lumet, Sydney Pollack, Gore Vidal, George Roy Hill, Mark Rydell, Martin Ritt y los propios Newman y Woodward, entre muchos otros. Ahora bien: ¿qué hacer con eso?


Lo que Hawke hizo fue llamar a actores conocidos suyos para «interpretar» esas desgrabaciones, de algún modo reconstruyendo esos casetes perdidos. Y es así como funciona el formato: la vida y la carrera de la pareja es contada con imágenes y fotos suyas personales y muchas escenas de sus películas y obras teatrales por intérpretes como George Clooney (Newman), Laura Linney (Woodward), Zoe Kazan, Sam Rockwell, Billy Crudup, Vincent D’Onofrio, Bobby Cannavale, Oscar Isaac, Alessandro Nivola, entre otros. Contactados y vistos por zoom, luego ellos grabaron (de modo más profesional, a juzgar por la calidad de audio) las voces de los entrevistados. Pero a eso se le suman entrevistas rescatadas a los propios protagonistas de la historia (muchas, de apariciones televisivas) y otras, hechas por Hawke. Entre los contactados por el actor/realizador están nada menos que Martin Scorsese, Richard Linklater, Paul Schrader, Sally Field, las hijas de Newman de su primer matrimonio, las que tuvieron juntos, dos de sus nietos y así. Testimonios no faltan, pero casi siempre están utilizados con criterio.

Y así se va conformando esta historia, que va desde el momento en el que se conocieron, recupera un poco las infancias de cada uno y luego se detiene con detalle en casi todas las películas que hicieron, tanto juntos como por separado, mientras se va entrelazando la vida personal de la pareja y de la época, con sus cambios políticos y sociales. En resumen, el arco de la serie está dado por los cambios en sus historias laborales –Woodward empezó siendo la más famosa y celebrada, en los ’50, pero luego él se convirtió en una superestrella y ella empezó a trabajar cada vez menos–, los recelos que eso generó, las relaciones con sus hijos (incluyendo la dura muerte por sobredosis de Scott, en 1978) y también los continuos problemas con el alcohol de Paul. Más adelante se hablará de sus intereses por fuera del cine: las carreras de autos, las obras de beneficencia y cómo reinvertían ahí todas las ganancias de los productos (los aderezos, salsas y otros alimentos) de la marca «Newman’s Own».

Pero el peso central pasará por las películas. Y Hawke se detendrá en casi todas ellas, aún las olvidadas y/o desconocidas. Si bien la atención principal pasará por lo que significaron esos films –para él y para los espectadores– también pondrá atención en lo que fueron para ellos mismos y en qué circunstancias los encontraban, tanto personales como de pareja. Es así que habrá minutos y minutos de escenas (muchos SPOILERS de esas películas, ¡atención!) de clásicos como THE LONG HOT SUMMER, CAT ON A HOT TIN ROOF, EXODUS, PARIS BLUES, THE HUSTLER, HUD, TORN CURTAIN, HARPER, HOMBRE, COOL HAND LUKE, BUTCH CASSIDY & THE SUNDANCE KID, THE STING, THE TOWER INFERNO, BUFFALO BILL AND THE INDIANS, FORT APACHE, ABSENCE OF MALICE, THE VERDICT, THE COLOR OF MONEY, MR. AND MRS. BRIDGE y NOBODY’S FOOL (Nota: uso los títulos en inglés originales porque han tenido distintas traducciones en diferentes países, con fuertes diferencias especialmente entre América Latina y España) y se contarán historias y se mostrará algunos detrás de escenas de esos rodajes.

Pero no serán los únicos. Hawke dedicará tiempo del documental a películas olvidadas y quizás malas de Newman pero que fueron importantes o aparecieron en momentos fuertes, o de quiebre, de su vida personal o familiar, como lo fueron WINNING, WUSA, SOMETIMES A GREAT NOTION (que Paul dirigió), SLAP SHOT, QUINTET, HARRY & SON, entre otras. Y si bien en 18 de ellas trabajó junto a Woodward, la actriz tuvo todo otro gran grupo de films, muchos de ellos recordables como THE THREE FACES OF EVE, NO DOWN PAYMENT, RACHEL RACHEL, THE EFFECT OF GAMMA RAYS ON MAN-IN-THE-MOON MARIGOLDS, THE GLASS MENAGERIE (estas últimas tres dirigidas por Newman y claves en sus vidas), SUMMER WISHES, WINTER DREAMS y SYBIL, además de muchas películas para televisión, donde recaló cuando no era convocada para cine, además de decenas de obras teatrales.

Al contar con seis horas para desarrollar su historia, Hawke no resume si no que se entrega a lo que se llamaría un deep dive en la vida de una pareja, similar en algún punto a leer una biografía de 600 o más páginas, solo que con las posibilidades extra que le da el formato audiovisual. Y a partir de observar y comentar sus vidas y carreras, el documental encuentra espacio para pintar la transformación del Hollywood clásico previo a su llegada a los cambios que se fueron dando en los ’50 (con los miembros del Actor’s Studio, por donde ambos pasaron) y luego en los ’60, con la aparición de personajes más complejos y un país que se iba volviendo más y más polarizado por la guerra de Vietnam y los asesinatos políticos.

La película se vuelve más tensa y, finalmente, emotiva, al lidiar con los problemas de la pareja, su por momentos complicada relación, sus diferentes personalidades (él más reservado, ella más abierta y accesible), el alcoholismo de Newman, la muerte de su hijo y, especialmente, las tensiones que durante una larga etapa de sus carreras aparecieron por el crecimiento en fama y celebridad de Paul frente a la «marginación» de Joanne a la hora de conseguir papeles de importancia. Ambos coincidían en muchas cosas, especialmente en la manera un tanto ligera que tenían de tomarse todo el tema de la fama y la celebridad. Es por eso que el título de la serie es un tanto curioso. Más que «las últimas estrellas de cine», estuvieron entre los que marcaron la transición entre un modo de celebridad y otro, bastante distinto, que empezó a darse en esos años.

Entre los descubrimientos –al menos para mí– que tiene la serie está descubrir la frescura y la personalidad de Woodward. Más allá de su innegable talento como actriz, la mujer muestra en sus entrevistas televisivas y algunas de sus frases un humor, una ligereza y una inteligencia extraordinarias. Y el propio Newman, más allá de ser un tanto más reservado, siempre supo relativizar su lugar como super-estrella usando muchas veces el humor para humanizar sus experiencias. Más allá del estrellato, estamos hablando de dos personas que entendían la actuación como un trabajo, como un arte y –especialmente en el caso de Joanne– como una forma de hacer escuela.

Esta inmersión en el Hollywood de antaño no tiene nada que envidiarle a ONCE UPON A TIME IN HOLLYWOOD, de Quentin Tarantino, especialmente en la manera en la que Hawke se detiene en el mundo de esa época, con todas sus características, sus pros y contras, con el cambio de guardia que marcó el paso de una generación a otra de intérpretes (es imposible no pensar en Brad Pitt y Leonardo DiCaprio cuando se ve a Newman con Robert Redford en sus dos clásicos de los ’70) y el ojo puesto en el detalle ligado al trabajo actoral en lo concreto y específico. Además de interpretar con sus voces a los entrevistados, muchos de los actores invitados por Hawke charlan y discuten con él sobre Newman y Woodward, pero también sobre el trabajo que todos ellos comparten. Y el entusiasmo que tienen es contagioso.

La serie tiene algunos problemas. Su longitud parece ser uno de ellos, al principio, pero cuando uno se va adentrando en el año a año de la vida de la pareja pronto se vuelve adictivo y uno quiere saber más y más. Una mala elección es el uso de la música de Hamilton Leithauser, que aparece insistentemente y mezclada muy arriba en escenas en las que además se ven escenas de películas y testimonios de los entrevistados. La música no es mala per se (unos paisajes sonoros de country-rock que funcionan bien con lo que se ve) pero es intrusiva y confusa, ya que por momentos parece ser música de las películas que se muestran. Y el otro –quizás sea un detalle, pero bueno– es la elección de Clooney como la voz de Newman. Se entiende la convocatoria porque de algún modo las carreras de ambos tienen muchas cosas en común –son estrellas cuyo aspecto de galanes han oscurecido sus talentos, actores comprometidos políticamente y que no se toman demasiado en serio a sí mismos y a su fama–, pero la voz de George es tan distintiva y ubicable que, aún en off, cuesta imaginar que es Newman el que está hablando. Uno no puede dejar de oírlo a Clooney.

Más allá de esos peros (y de cierta auto-referencia de parte del director que, finalmente, termina siendo comprensible y útil a la hora de pensar a sus personajes y a su film en cámara), THE LAST MOVIE STARS funciona como una inmersión en las vidas de dos grandes de la historia del cine desde mediados del ciclo pasado hasta hoy (Woodward vive, si bien sufre Alzheimer hace bastantes años; Newman murió en 2008), una pareja que, con sus problemas y sus diferencias, vivieron una complicada pero a la vez extraordinaria historia de amor. Entre ellos y con el mundo que los rodea.