Series: reseña de «El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder – Episodios 1/2», de J. D. Payne y Patrick McKay (Prime Video)

Series: reseña de «El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder – Episodios 1/2», de J. D. Payne y Patrick McKay (Prime Video)

Con dos episodios visualmente espectaculares en los que más que nada se presentan los universos y personajes de la saga, el 2 de septiembre comienza en Prime Video la nueva saga derivada de «El Señor de los Anillos».

Ya famosa por ser la serie más cara de la historia (solo los derechos costaron 250 millones de dólares y se calcula que la primera temporada se acercará a los 500, sumando la friolera de 750 millones), LOS ANILLOS DE PODER busca convertirse en la «serie emblema» de la plataforma de Amazon, la que finalmente termine por instalarla en el mercado con la misma fuerza dominante que la empresa tiene en otros terrenos. Un poco como lo es GAME OF THRONES para HBO –una saga claramente influenciada por el universo de J.R.R. Tolkien–, esta parte de la gran saga de la Tierra Media es un emprendimiento masivo, colosal casi, del que depende la suerte de la plataforma. No de la empresa, claro, porque estas cifras millonarias son casi cambio chico dentro del gran negocio de Jeff Bezos.

La comparación con la saga de George R.R. Martin va más allá de las dos RR que comparten con Tolkien. Ambas sagas han inventado universos enteros con mayor o menor nivel de elementos fantásticos y las dos estrenan, con menos de tres semanas de diferencias, dos nuevos «productos» que pueden ser considerados como precuelas y que se basan en materiales adicionales, notas al pie, casi documentación de apoyo de las originales. Y con esos «extras» han intentado extender el universo de las sagas a tiempos y personajes que sigan permitiendo más y más ampliaciones a futuro. Este es un primer (o segundo, depende como se lo cuente) gran paso a lo que en el fondo es una historia interminable, infinita y eterna como los elfos que son unos de sus principales protagonistas.

Es difícil juzgar o analizar las posibilidades de un emprendimiento tan masivo con solo dos episodios, pero lo que queda en evidencia de entrada es un intento de lograr una continuidad con el estilo presentado por Peter Jackson en sus películas, más en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS que en la posterior y un tanto menos lograda EL HOBBIT, pero utilizando una estructura más parecida a la de JUEGO DE TRONOS. Esto es: en lugar de aplicar un único motor para la trama similar a la original –la misión de Frodo de destruir el anillo– acá se trata de presentar el complejo mundo de la Tierra Media yendo a través de sus distintos personajes, razas y locaciones.


Especialmente en su primer episodio –los dos primeros fueron dirigidos por el español J.A. «Jota» Bayona–, LOS ANILLOS DE PODER es una presentación de universo y personajes, así como de la gran historia que se nos está por contar, con sus antecedentes milenarios y sus guerras que duran siglos y siglos. El foco parece estar puesto fundamentalmente en los inmortales elfos y, en especial, en Galadriel (Morfydd Clark), una versión más joven que la interpretada por Cate Blanchett en los films de Jackson, aunque no tanto en función de los miles de años que faltan para llegar a contar las desventuras de Frodo, Sam, Gollum, Aragorn y compañía.

ATENCION: LIGEROS SPOILERS DE LOS PRIMEROS DOS EPISODIOS

Estamos en la llamada Segunda Edad, en lo que parece ser un periodo de paz pero con la permanente amenaza de una reaparición de Sauron, lugarteniente de Morgoth, el primer Señor Oscuro derrotado en la llamada Gran Batalla que dio fin a la Primera Edad, épico combate que rápidamente se resume al inicio del episodio. Para Galadriel, sin embargo, quedan cuentas pendientes y su motivación principal es vengar la muerte de su hermano Finrod. Y es así que, desobedeciendo las órdenes del Rey Gil-galad (Benjamin Walker), se dedica a recorrer la Tierra Media años y años buscando a Sauron, convencida que el Mal no ha desaparecido y planea su regreso. Para el segundo episodio Galadriel se topará con Halbrand (Charlie Vickers), un personaje creado para el show, cuya influencia en la historia aún se desconoce.

En paralelo a las búsquedas de Galadriel, comienzan las tareas en el armado de los Anillos del Poder de parte del venerado herrero Celebrimbor (Charles Edwards) quien se une al medio elfo Elrond (Robert Aramayo) en la tarea de convencer a su viejo amigo Durin IV (Owain Arthur) de que su gente lo ayude en la construcción, algo que no será nada fácil porque, más allá de esa curiosa amistad, se sabe que enanos y elfos no se llevan demasiado bien que digamos. Y el plan para conseguir su apoyo y el de su padre Durin III (Peter Mullan), que incluye un viaje al entonces pujante reino de Khazad-dûm y una suerte de contienda «deportiva», no será sencillo de llevar a cabo.

Por otro lado nos topamos con los Harfoot (o «Pelosos»), una de las razas de los Hobbits, que viven pacíficamente en una versión un tanto más hippie y desorganizada que la que le conocimos a Bilbo y compañía siglos después. Allí el personaje principal será otra chica inquieta llamada Nori (Markella Kavenagh), que quiere conocer qué hay más allá de la Comarca. Con su amiga Poppy (Megan Richards) se toparán con un enigmático y gigantesco ser (Daniel Weyman) que aparece de la nada en su tierra y que tiene evidentes poderes.

Y de los que aparecieron hasta ahora –aún faltan otros por darse a conocer, los conocedores de la saga ya sabrán a quienes me refiero– quedan los habitantes de Tirharad, en las Tierras del Sur, hombres que se aliaron a Morgoth en la guerra y que ahora están bajo vigilancia de los elfos. Allí lo que se empieza a narrar es un romance prohibido entre una humana llamada Bronwyn (Nazanin Boniadi) con el elfo Arondir (Ismael Cruz Córdova), un clásico romance prohibido que pone nerviosos a todos allí. Brownyn tiene además un hijo, Theo (Tyroe Muhafidin), que aparenta tener un rol importante en este segmento de la trama.

Los dos episodios –especialmente el primero– se irán en presentar a esta veintena o más de personajes, cada uno con su territorio, su conflicto y su amenaza en puerta. La construcción de los míticos anillos funcionarán como motor, pero aún falta mucho para eso. El guión mezcla elementos de los apéndices de Tolkien con personajes y conflictos creados específicamente para la serie, lo cual le da una suerte de intriga extra a personajes y desarrollos que todos los que leyeron los libros o recuerdan el inicio de LA COMUNIDAD DEL ANILLO –cuando se cuenta rápidamente «la previa» al inicio de las acciones de ese film, centrado en explicar cómo el Anillo Unico cayó en manos de Bilbo tras pasar por muchas otras y cambiar los destinos de varios– más o menos conocen. O creen conocer.

Es una serie compleja de seguir por la amplitud de sus mundos y criaturas, visualmente espectacular (si bien un tanto evidente su costado digital) y ambiciosa por donde se la mire. El éxito de la serie –de la que se espera un mínimo de cinco temporadas– dependerá de cómo el guión vaya estructurando y combinando los distintos mundos, conflictos y personajes. No parece sencillo y Tolkien no dejó demasiado material sobre la llamada Segunda Edad, así que habrá que confiar en el talento de los creadores de LOS ANILLOS DE PODER para saber enhebrar una buena serie de historias que respete el universo original y a la vez le agregue elementos distintivos o al menos novedosos. El crédito, por ahora, está abierto.