Festival de San Sebastián 2022: crítica de «Winter Boy», de Christophe Honore (Competencia)

Festival de San Sebastián 2022: crítica de «Winter Boy», de Christophe Honore (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
18 Sep, 2022 09:37 | Sin comentarios

Este drama familiar se centra en un adolescente que debe lidiar con la inesperada muerte de su padre en un accidente automovilístico. Con Paul Kircher y Juliette Binoche.


El prolífico realizador francés de LAS CANCIONES DE AMOR entrega uno de sus films más personales entre los de su reciente factura en WINTER BOY, película de una primera hora promisoria que luego va de a poco perdiendo su fuerza, su intensidad y hasta su lógica. Una especie de brutal coming-of-age de un adolescente cuya vida cambia, literalmente, de un día para otro, este drama francés es una exploración acerca del dolor, del trauma y de los complicados intentos que un adolescente hace para salir adelante tras una tragedia familiar.

De entrada Honore nos deja en claro que a Lucas (Paul Kircher) le sucedió algo muy fuerte que le cambió la vida. Y poco después nos enteramos qué pasó: su padre se mató manejando en la ruta, en lo que aparentemente fue un accidente de tránsito. Lucas, cuya familia vive en un pueblo de provincia y él está en un colegia internado, queda shockeado con la noticia, sin saber muy bien cómo reaccionar ni qué hacer. Su hermano mayor Quentin (Vincent Lacoste) lo va a buscar al colegio y, al llegar a su casa, se topa con la noticia. Su padre ha muerto y su madre, Isabelle (Juliette Binoche) está destrozada.

La película seguirá los intentos de Lucas y de su familia de rearmar sus vidas. Y el evento clave ahí pasa por la decisión de su hermano de llevárselo a pasar unos días con él a París, donde Quentin está haciendo sus primeras armas como pintor. La madre acepta, pensando que lo mejor que puede pasarle es distraerse un poco y el chico llega a la ciudad en un estado no del todo ideal para chocarse con la intensidad de esa ciudad.


Lucas, que es gay y tiene una pareja en la escuela, se enamora de Lilio (Erwan Kepoa Fale), el roommate de su hermano, pasea por la ciudad, se mete en diversos problemas (y peleas) mientras en su confusa y un tanto adrenalínica manera trata de lidiar con su dolor. Pero es claro que más que salir del pozo en el que está no hace más que hundirse y hundirse hasta llegar a límites peligrosos para su propia salud. Esto, además, afectará a su madre, que no tiene mucha idea de cómo ayudarlo. Además, claro, porque ella tampoco la está pasando nada bien.

Si la primera y mejor hora se centra en el hecho en sí, el duelo y el descubrimiento de París, de ahí en adelante la película se convertirá en un drama de enredos bastante caprichoso y algo repetitivo que lleva a la historia a superar las dos horas y a acumular una serie de desgracias, confusiones y decenas de finales tirando por la borda, de a poco, lo logrado en esa primera y más poderosa mitad.

No ayuda tampoco que Lucas se vaya volviendo cada vez más un personaje bastante incomprensible –esperable en alguien que atraviesa un trauma así pero por momentos difícil de entender– y la película solo parece recuperar su tensión dramática cuando reaparece Binoche, de tanto en tanto. En cierto momento, lo único que permite que uno no abandone del todo el interés por su historia pasa por ver el trabajo que ella hace con su sufrida Isabelle. Otra clase maestra de una actriz que sabe manejar el enorme grado de emociones que atraviesa su personaje en una película que, claramente, no está a su altura.