Viennale 2022: crítica de «Falcon Lake», de Charlotte Le Bon

Viennale 2022: crítica de «Falcon Lake», de Charlotte Le Bon

por - cine, Críticas, Festivales
22 Oct, 2022 05:37 | Sin comentarios

Dos adolescentes pasan un verano juntos en esta película canadiense que utiliza un extraño tono fantástico y de terror para mostrar su tierna relación. Se estrenó en la Quincena de Realizadores de Cannes.

Hay ciertas películas que no logran, al menos en primera instancia, la reputación que merecen. Acaso por combinar de manera curiosa dos géneros diferentes o, quizás, porque poca gente la vio o le prestó real atención cuando pasó por la Quincena de Realizadores de Cannes este año, poco se ha hablado de FALCON LAKE, una exquisita opera prima canadiense que trabaja a mitad de camino entre el romance adolescente con coming of age incluido y la película fantástica, casi de terror. Son dos géneros que usualmente se conectan, pero en general es el suspenso el que prima, dejando en segundo plano las relaciones entre los personajes, que suelen disiparse una vez que el elemento sobrenatural aparece.

Aquí sucede lo contrario. Lo fantástico está en el tono, en la manera en la que Le Bon filma los escenarios, en algunas historias que se cuentan y, finalmente, en algo que sucede en la propia trama, pero casi que se podría desprender la película de ese elemento y funcionaría igual. El tono que le da el granulado 16 mm., el cuadro cerrado y opresivo, la música siniestra y muchos de los juegos que hay entre los personajes bien podrían ser solo una referencia audiovisual para que el espectador ponga los conflictos de la adolescencia en el terreno del fantástico.

Acá el horror parece un juego, un guiño entre los protagonistas, y entre la directora y el espectador. Ya desde los créditos en tono fantasmal con la imagen de una chica que parece muerta en una laguna para luego moverse y salir nadando, da la impresión que Le Bon juega con los tropos del género, algo que seguirá siendo así a lo largo de la película, con planos que se estiran más de lo usual esperando por algo que nunca pasa o personajes que usan máscaras, se disfrazan de fantasmas o se hacen los muertos. Hay una leyenda que dice que un chico se ahogó en ese lugar, pero no hay más pruebas que lo que dice Chloé, una adolescente de 16 años que tiene una casa en ese escenario campestre de Québec.


Pero el otro gran protagonista es Bastien (Joseph Engel), un chico de 13 «casi 14» años que va con su familia a visitar a unos amigos que viven allí, de quienes Chloé es hija. A Bastien lo acompaña su hermano pequeño, Titi, y sus padres. Y al chico le toca compartir cuarto con la tal Chloé, que tiene tan solo dos años y tanto más que él pero está en plena adolescencia, algo que Bastien va descubriendo de a poco. Es obvio que el chico se enamorará de ella y Chloé, sorprendentemente, irá enterneciéndose primero con él para luego darse cuenta que por momentos la pasa mejor con el simpático y peculiar chico que con sus un tanto más agresivos y «desarrollados» pretendientes.

FALCON LAKE cuenta la historia de esta relación, una que se produce en ese territorio en el que los adolescentes parecen desentenderse de todo lo demás. A los padres casi no se los ve (hay reuniones sociales, vienen amigos invitados, etcétera), pero Bastien y Chloé han cerrado el mundo exterior para ellos y se van acercando cada vez más, para el deleite del chico que no puede creer su suerte. No porque no sea simpático y hasta entrador, sino porque habitualmente las chicas de 16 suelen ignorar a los chicos de 13 sin piedad alguna.

La relación entre ellos –y el resto de los adolescentes, que tienen sus fiestas, beben y fuman llevando a Bastien a probar cosas nuevas, no siempre con resultados alentadores– va empezando a tener un cierto contenido sexual, manejado la mayor parte de las veces con humor por parte de la realizadora, incluyendo un par de excelentes gags al respecto. Pero lo que prima es el tono oscuro, de película de fantasmas que lo atraviesa todo, de una manera que por momentos parece excesiva, casi gratuita, muy alejada del tono romántico, luminoso o nostálgico que suelen tener estas historias de amor adolescente. No lo será, finalmente, ya que en algún momento quedará más en claro a qué viene esa curiosa elección.

La directora de FALCON LAKE, basada en una novela gráfica francesa, se arriesga a navegar entre esos dos géneros y lo hace con una sabiduría propia de cineastas más veteranos. Le Bon viene de la actuación y su película se aleja mucho de lo que uno, quizás por prejuicio, supone que es un típico film de intérpretes convertidos en cineastas. Acá todo es cine, de principio a fin: las ideas tienen que ver con lo que se muestra y lo que no, con la manera en la que se presentan los hechos y con elecciones formales puras, propias de alguien que sabe qué es lo que tiene entre manos y cómo usarlo.

Y si a esto se le agrega un entendimiento notable de las pulsiones de los adolescentes –sean de 16 o de casi 14– estamos ante una película con momentos extraordinarios, que bien podría considerarse una de las revelaciones del año, más quizás que otras que vienen cosechando para mí excesivos aplausos. Hay ideas sobre cine en FALCON LAKE y hay una verdad emocional que justifica todas esas elecciones. No muchas operas primas manejan con tanta sabiduría esos dos grandes pilares del arte cinematográfico.