Series: crítica de «El paciente», de Joel Fields y Joe Weisberg (Star+)

Series: crítica de «El paciente», de Joel Fields y Joe Weisberg (Star+)

Un asesino serial secuestra a su psicoanalista y lo ata en el sótano de su casa para que lo cure de sus compulsiones criminales. Con Steve Carell y Domhnall Gleeson. En diciembre, por Star Plus.

Este pequeño, extraño y oscuro –por no decir terrorífico– thriller de los creadores de THE AMERICANS es una verdadera rareza en más de un sentido. Una miniserie de diez breves episodios (los primeros rondan los 20 minutos, los últimos son un poco más largos) que transcurre, en su mayoría, en el sótano de una casa con solo dos personajes, bien podría ser una obra teatral, una película o un episodio especialmente reflexivo de alguna serie sobre asesinos seriales. Pero no es ninguna de esas cosas. Es algo curioso, único, por momentos raro y fallido, pero en otros fuerte y convincente.

La trama es sencilla en su planteo aunque no en sus repercusiones. Un hombre empieza sesiones con un terapeuta al que conoce por un popular libro que escribió sobre la paternidad. Sam (Domhnall Gleeson), el paciente en cuestión, es un tipo raro, ensimismado, no afecto a hablar de sí mismo y un tanto opaco. Alan (Steve Carell), su psicoanalista, es o parece ser un terapeuta prototípico: barbado, calmo, serio, judío y «paciente», palabra que cobrará otro significado cuando Sam, para poder hablar con confianza, sin tapujos y con todo el tiempo del mundo a su disposición con Alan, decida secuestrarlo y encadenarlo en el sótano de su casa.

¿Por qué hace esto Sam? No es spoiler porque se revela casi de entrada: Sam es un asesino serial y está tratando de curarse. Imposibilitado de hacerlo de modo convencional (por más «secreto profesional» que exista, difícil atender en condiciones normales a alguien así), Sam cree que la mejor opción es un forzado contrato de exclusividad con su analista. Y Alan, que viene de atravesar una serie de problemas familiares (su esposa murió de cáncer y su hijo mayor se volvió ortodoxo y se alejó de él), tendrá que ver cómo hace allí para ayudarlo y, a la vez, ayudarse a escapar, contando con su talento como psicólogo para poder manipular (o no) a este frágil, peligroso y perturbado hombre que, además, sigue matando gente mientras Alan está en cautiverio.


Los problemas de Sam son muchos y se irán viendo a lo largo de esta serie que empieza casi como una comedia negra (hay algo bastante absurdo en la forma en la que se van dando los hechos) pero que va ganando en oscuridad y brutalidad con el paso de los episodios. Las continuas actividades criminales de Sam y los problemas de Alan –tanto en el presente como en el pasado, presentados como flashbacks pero también como pesadillas– complementarán visual y temáticamente lo que, en lo esencial, es una serie de conversaciones entre un bizarro criminal y un abrumado terapeuta encadenado a una pared.

Con una estructura casi psicoanalítica en la manera de ir avanzando por los procesos de ambos personajes (Sam con su padre, Alan como padre), EL PACIENTE por momentos exagerará con sus metáforas (Alan es un judío creyente y más de una vez la serie hace excesivos paralelos entre su situación y la de los campos de concentración en la Segunda Guerra) pero siempre volverá a la operativa diaria de este hombre que trata de ver si la mejor manera de salir es a través de finalizar la terapia de su paciente (que al fin y al cabo es mutua) o si le conviene tratar de escapar de maneras más tradicionales: físicas, violentas, mandando mensajes, etcétera.

EL PACIENTE se vuelve cada vez más oscura y emotiva cuando parece quedar claro que Alan no tiene demasiadas opciones de salir de ahí. Es que, más allá de que pueda curarlo, tiene una cantidad de información que lo transforma en una especie de rehén que sí o sí tiene que ser liquidado para no transformarse en denunciante. ¿Podrá convencer a Sam de liberarlo, podrá curarlo, podrá escaparse por otros modos o las cartas están echadas?

De eso va la serie, que se ve muy fácil y rápidamente, por la breve duración de sus episodios y el carisma de los dos protagonistas, algo necesario para un relato tan de cámara, tan cerrado en el uno a uno entre ambos intérpretes. Gleeson (el hijo de Brendan, el General Armitage Hux de STAR WARS, Bill Weasley en las últimas HARRY POTTER, entre tantas otras películas, sagas y series) encuentra un modo un tanto raro de encarnar a esta extraña mezcla entre adolescente tímido y psicópata violento que es Sam mientras que un muy sobrio Carell es toda seriedad, introspección y sufrimiento (a años luz de sus papeles cómicos) en el rol del analista con menos suerte en la historia universal de la terapia.

No todo es logrado en THE PATIENT, pero los últimos episodios son tan fuertes y potentes que uno termina olvidando, o dejando de lado, los pifies y raras decisiones previas, y termina impactado por la serie. No era lo que uno imaginaba ver de los creadores de THE AMERICANS y seguramente se trata de uno de esos proyectos que a los que se le dieron luz verde porque eran aptos para ser filmados en los momentos más duros de la pandemia, pero aún como paso intermedio antes de otro proyecto más grande, EL PACIENTE es un ejercicio brutal y por momentos bastante inteligente acerca de las oscuras perturbaciones de la mente humana.