Estrenos online: crítica de «Beba», de Rebeca Huntt (Star+)

Estrenos online: crítica de «Beba», de Rebeca Huntt (Star+)

Este documental cuenta, a modo de diario personal, la vida de la directora neoyorquina, hija de inmigrantes latinoamericanos, centrándose en la complicada relación que tiene con su familia. En Star+.

Toda una curiosidad en la programación de Star+, BEBA es la clase de documental/diario en primera persona que suele verse en festivales de cine y, uno imaginaría, en plataformas tipo MUBI. Dirigido y protagonizado por Rebeca Huntt («Beba» es su apodo), es un film sobre su vida y la de su familia, compuesta por sus padres, inmigrantes latinoamericanos a Nueva York, su hermana y su hermano. Con todos ellos, Beba tiene una relación complicada. Y, ella misma lo admite, no es una persona demasiado amable o accesible. «La violencia está en mi ADN», dirá.

BEBA sigue sus experiencias narradas en primera persona y va contando la historia de la familia. Al principio el eje parece pasar, más que nada, por la relación que tiene con sus padres. Su papá es un inmigrante dominicano negro, exiliado político, que llegó a Nueva York y, tras vivir unos años en barrios entonces complicados, decidió (ya casado) mudarse a Manhattan, en un departamento céntrico y de renta controlada. ¿El problema? Tiene solo un cuarto (y un baño) y ellos son cinco personas, lo cual generará no pocas dificultades. De todos modos, Beba se sabe «la favorita» de su padre y se lleva bien con él.

Con la que vive una muy tensa relación es con su madre, inmigrante venezolana de distinta extracción familiar (más «pudiente» en su momento), con la que tiene no solo asuntos personales pendientes sino un conflicto que se podría definir como racial. Beba se siente afrolatina y tiene la impresión que a su madre, latina de piel más clara, esa identidad le resulta un tanto difícil de asumir y que lo vive como un problema. Beba hablará también de sus hermanos, con los que tampoco suele llevarse muy bien (en especial con su particular hermano, con el que casi no se habla), pero dedicará el resto del film a hacer una exploración personal sobre su vida, sus elecciones y su admitidamente compleja personalidad.


Este tipo de documentales en primera persona contando la vida del realizador o realizadora y su familia, en general, no me producen demasiado, los veo como una terapia personal pública y expandida, que tiene más sentido para el que lo hace que para el que lo ve. Sin embargo BEBA logra –no siempre, pero sí en muchos momentos– ir más allá de ese «narcisismo» gracias a sus imágenes en fílmico, fotografiadas con una riqueza creativa que le da a todo el asunto una cierta gracia y profundidad cinematográficas que no tendría si estuviese filmado, no sé, con un celular en plan confesionario.

Las vivencias y problemas de Beba –filmados a lo largo de ocho años– tienen, además, repercusiones que exceden ese «ombliguismo», ya que expresan las vidas de inmigrantes latinos a los Estados Unidos a través de una experiencia particular que no puede generalizarse pero que, a la vez, refleja muchas de las vivencias, miedos y contradicciones que atraviesan personas que hacen similares recorridos. Beba habla de sentirse muchas veces sola o sin poder integrarse a los grupos de alumnos con los que convive en la facultad, quienes fallan a la hora de intentar comprender sus experiencias y hasta por momentos hacen algo parecido al «whitesplaining» para hablarle de su vida como afrodescendiente.

Un documental pequeño, personal, que –si bien tiene algunas epifanías de sobra– evita caer en excesos sentimentales o subrayar demasiado sus ideas. El hecho de que Beba sea tan autocrítica y dura con sus propias limitaciones le otorga un plus al film que otros documentales de este tipo –que se apoyan mucho en la condición de «víctima» de sus protagonistas– no tienen. Su mirada es áspera, sus relaciones son difíciles y su historia familiar es complicada, pero ella no se distancia de todo eso. Es parte, como lo dice, de su ADN. Y ha aprendido a convivir con eso.