Estrenos: crítica de «Cómplices del engaño» («Hit Man»), de Richard Linklater

Estrenos: crítica de «Cómplices del engaño» («Hit Man»), de Richard Linklater

por - cine, Críticas, Estrenos
08 Jun, 2024 01:49 | Sin comentarios

Un hombre que se hace pasar por un asesino a sueldo se enamora de una potencial clienta y las cosas se complican en esta comedia policial protagonizada por Glen Powell y Adria Arjona.

En la generosa tradición de películas sobre asesinos a sueldo han habido varias maneras de acercarse a ese tipo de temas y personajes. Están las filosófico-metodológicas como EL ASESINO, de David Fincher, y todo el linaje que la precede, desde EL SAMURAI, de Jean-Pierre Melville, al personaje de Tom Cruise en COLATERAL. Están las policiales de procedimiento, con todas sus variables y características. Y están las cómico-paródicas, como TIRO AL BLANCO, con John Cusack, en las que ese tipo de sujetos son mirados desde el humor. En COMPLICES DEL ENGAÑO (HIT MAN), la nueva película de Richard Linklater, de alguna manera se combinan las tres cosas. Es una comedia ligera, un policial negro y una película, si se quiere, filosófica (todas las del director texano lo son), en la que la figura del asesino a sueldo está utilizada más como un juego –una idea, una metáfora– que otra cosa.

Divertida e inteligente, con una química en pantalla entre los protagonistas propia de los grandes clásicos de la época de oro de Hollywood, y con una mezcla de humor simple y sofisticado a la vez, HIT MAN es, más que cualquier otra cosa, una gran comedia romántica que toma idea del screwball de los años ’30, el film noir de los ’40 y ’50 y las combinaciones y reversiones de esos géneros que se hacían en los ’80. Si bien, gracias a la influencia de Quentin Tarantino, el noir volvió con todo en la década del ’90, la película del director de ANTES DEL AMANECER se codea más con la lógica liviana y no tan retro de films como CASADA CON LA MAFIA, TOTALMENTE SALVAJE –ambas del gran Jonathan Demme– o EL HONOR DE LOS PRIZZI, de John Huston, que con el tono más cinéfilo y lleno de citas que apareció luego.

Es que, en realidad, no hay asesinos a sueldo en HIT MAN y quizás esa sea la gran diferencia, o el punto de partida para mirarla de otra manera. La trama juega con la idea de un personaje de ese tipo y lo que eso dispara en el mundo real –la historia se basa, tomando muchas libertades, en un personaje verdadero–, pero más para permitirle al protagonista entrar en un juego, en una impensada búsqueda para conocer su verdadera naturaleza. La estrella en ascenso Glen Powell (TOP GUN: MAVERICK, CON TODOS MENOS CONTIGO) interpreta a Gary Johnson, un profesor de filosofía y psicología en la Universidad de Nueva Orléans que, en su tiempo libre, ayuda a la policía local con sus conocimientos técnicos. Su tema favorito en sus clases (que parecen ser de filosofía y psicología al mismo tiempo) tiene que ver con la identidad, con el ser: ¿Uno puede cambiar quién es? ¿O uno se asume de una manera y se «condena» a vivir así para siempre?

La curiosidad del caso es que Johnson es un tipo que parece condenado a una vida gris: divorciado, vive con gatos y pájaros, está solo todo el tiempo, no tiene casi vida social, se viste y anda por la vida como un tipo discreto, sin ambiciones ni pasiones evidentes. Claro que uno ve a Powell detrás y sabe que no le costará mucho cambiar de ropa y de peinado para ser un galán, pero el tipo nos convence –gracias a la voz en off– que está bien así, que no necesita nada más para ser feliz. Se autoengaña, claro, pero la posibilidad de cambiar algo recién aparecerá cuando Jasper (Austin Amelio), un policía encargado de atrapar a personas que contratan asesinos a sueldo, sea suspendido de la fuerza y a Gary le toque reemplazarlo.

El trabajo consiste en hacerse pasar por uno de estos criminales, arreglar una cita con quien los convocó y grabarlos mientras solicitan el crimen y pagan por el trabajo. Nadie cree que Gary pueda hacerlo bien –ni él mismo–, pero el tipo sorprendentemente resulta un buen actor y logra atrapar así a decenas de personas que quieren sacarse de encima a alguien por los motivos que fuera. A tal punto le gusta ese otro yo que empieza a estudiar a sus potenciales «clientes» y se les presenta con distintos looks y personalidades, algo que le sirve a Powell y a Linklater para jugar durante la primera parte de la película con la cantidad de situaciones absurdas –algunas, reales– que atraviesa o que él mismo provoca.

Hasta que, como en toda buena película clásica, le llega su desafío más grande. Se trata de una mujer llamada Madison (Adria Arjona, de ANDOR, IRMA VEP y, sí, la hija del conocido cantante), que lo quiere contratar para que mate a su marido, que ella presenta como agresivo, dominante y que no la deja respirar. Gary –que ya la investigó online y se ve que le gustó– llega «transformado» en Ron, una versión seductora y sexy de sí mismo. Hay atracción a primera vista y, conociendo la historia de la chica, Gary/Ron se apiada y le dice que no lo contrate –de hacerlo, tendría que detenerla– y que use ese dinero para escaparse de su violento marido. Cosa que ella hace, con éxito. El problema empieza después, cuando Madison lo contacte para agradecerle, se vean, una cosa lleve a la otra y empiece una relación plagada de mentiras que quizás no sean solo las de Gary.

Es así como COMPLICES DEL ENGAÑO (una traducción llamativa del título, ya verán los motivos) se convierte en una comedia romántica bastante erótica, en la que ambos inician una relación intensa y lúdica, en la que solo se pueden ver puertas adentro y no se muestran en público. Pero pronto todo se complicará ya que aparecerá el ex marido de ella, volverá a la acción Jasper –el policía al que Gary reemplazó, que quiere recuperar su trabajo como falso asesino– y empiecen a suceder cosas inesperadas que llevarán todo al territorio del cine negro, pero sin abandonar nunca el tono entre cómico y ligero. Se volverá, sí, una comedia más negra y los temas identitarios planteados por Gary en su clase se harán más evidentes, transformando indirectamente a la película en una reflexión casi de manual de psicología entre el ello, el yo y el superyó, conceptos que el profesor plantea a sus alumnos cuando en realidad se los está preguntando a sí mismo.

En la película más «Soderbergh» de su carrera –por momentos uno creería que está viendo alguna vieja película del realizador de LA GRAN ESTAFA, como UN ROMANCE PELIGROSO, con la que tiene puntos en común–, Linklater construye una comedia policial ágil, entretenida, con escenas antológicas y con una química entre los protagonistas que saca a la película de cualquier bache o inconsistencia narrativa que pueda tener. En algún punto la plausibilidad de la trama se volverá algo secundario en función de la tensión sexual evidente entre Gary/Ron y Madison. Y eso llevará a que el espectador los siga –y se ponga de su lado– aún cuando las cosas entran en una zona inesperadamente oscura y violenta.

Es que más allá de su tono más «comercial» –más cercana en espíritu a su ESCUELA DE ROCK–, el realizador de DAZED AND CONFUSED y BOYHOOD se las rebusca para transformar a HIT MAN en una reflexión que abarca también ideas sobre el cine y la ficción, sobre la actuación (en la vida), sobre los roles que las personas cumplen en una sociedad y sobre cómo eso a veces pone límites a sus deseos verdaderos. Escrita por Linklater y Powell, la película puede ser clásica en su construcción pero termina siendo bastante subversiva en cuanto a lo que propone, a las ideas que trafica respecto a las instituciones (la policía, sin ir más lejos) y a lo que tiene para decir acerca de cómo la gente logra conectar entre sí liberando sus instintos más salvajes.

La película –de exitoso paso el año pasado por los festivales de cine de Venecia y Toronto, entre otros– fue comprada por Netflix para su estreno en los Estados Unidos y la plataforma demoró su estreno hasta junio de este año. En la Argentina saldrá en cines (el 27), lo que es una suerte, ya que se trata de un tipo de película que funciona muy bien en una sala grande y con otros espectadores compartiendo la experiencia. Sin ser retro ni nada parecido (de hecho, la escena clave de la película se apoya en el uso de un teléfono móvil), la película tiene algo old school, el tipo de comedia adulta, atractiva e inteligente, con dos actores encaminados a convertirse en estrellas, que solía ser común hasta al menos los años ’90 y que parecía haber casi desaparecido de las pantallas. Gracias a Linklater y a unos pocos más, estas películas por suerte siguen existiendo.