Estrenos: crítica de «El día del fin del mundo: Migración» («Greenland 2: Migration»), de Ric Roman Waugh

Estrenos: crítica de «El día del fin del mundo: Migración» («Greenland 2: Migration»), de Ric Roman Waugh

por - cine, Críticas, Estrenos
30 Ene, 2026 09:11 | Sin comentarios

Tras el impacto de un cometa que diezmó la mayor parte del planeta, la familia Garrity debe abandonar su búnker de Groenlandia para buscar un nuevo hogar. Con Gerard Butler y Morena Baccarin.

Se viene un evento de extinción masiva a Groenlandia y los protagonistas de El día del fin del mundo: Migración deben escapar. No, no es el ejército estadounidense encabezado por Donald Trump que está tomando esa isla que tanto desea sino un evento genuino, un desastre natural quizás más peligroso que la amenaza naranja que representa el presidente norteamericano. Y eso lo que lleva a la familia Garrity y a todos los que están allí, encerrados en un bunker, a salir a la búsqueda de nuevos escenarios. Si vieron El día del fin del mundo sabrán de lo que hablo. Si no, acá va un breve repaso.

La película original se centraba en la caída de un cometa que amenazaba con destruir el planeta Tierra y a sus habitantes. Spoiler Alert: el cometa caía y, de hecho, destruía tres cuartas partes del mundo conocido. Pero los protagonistas, la familia Garrity (John, Allison y su hijo Nathan), lograban sobrevivir y con un grupo de gente llegar a Groenlandia, algo así como la Tierra Prometida (Nota: quizás Trump vio la primera película y creyó que era un documental; todo es posible). Al iniciarse esta secuela, muchos de ellos han sobrevivido en el bunker, formaron una caótica pero vital sociedad y allí se ocupan de mejorar su cotidiana supervivencia.

Pero afuera las cosas no han mejorado. Al contrario. El aire está contaminado, la radiación crece y todo el tiempo hay terremotos, accidentes y cataclismos que los tienen buscando otro lugar al que irse a vivir. Una posibilidad –dice la Dra. Amina, la científica del grupo– es ir al crater del accidente original, ya que se supone que allí puede haber vida. Y cuando, finalmente, un combo terremoto/tsunami destruye el bunker, todos buscan el modo de sobrevivir. La fuga no será nada amigable –todos vivían en un mismo lugar pero no parecen muy amables con los demás a la hora de escapar–, pero pronto los Garrity y la doctora están en el océano en busca de esa tierra prometida que queda en algún lugar de lo que conocíamos como Francia.

Greenland 2 –que no transcurre casi nada en Groenlandia ni ocurre, citando al título en castellano, durante el día del fin del mundo– se ocupará de esta bíblica fuga, con papá John (Gerard Butler), mamá Allison (Morena Baccarin) y el ahora adolescente Nathan (Roman Griffin Davis) sobreviviendo a todo como si fueran muñequitos que se mantienen de pie mientras todo y todos caen a su alrededor. En lo que, en definitiva, es una mezcla de disaster y survivor movie, lo que se nos contará son los milagrosos escapes que los Garrity harán a través de su paso por Inglaterra y Francia. O, mejor dicho, lo que queda de lo que alguna vez fueron esos países.

La película original, estrenada en plena pandemia en plataformas de streaming, fue uno de los primeros films de cierto tamaño e impacto visual en tomar la decisión, en ese entonces poco usual, de ir directo a los hogares cuando originalmente había sido pensado para cines. Y, en ese contexto, fue un film muy bien recibido, quizás también porque su temática coqueteaba con el «evento de extinción masiva» que vivíamos todos en carne propia. A tal punto funcionó bien que se tomó la decisión de filmar una secuela que llega a casi seis años del original.

Pero hoy las cosas no son iguales. El tema de la película –la idea de que el planeta Tierra tal como lo conocemos tiene poca vida– aparece en decenas de ficciones y también en las noticias, por lo que de novedoso tiene poco y nada. Estrenada en cines, la secuela no tiene allí un impacto visual superior al de otras películas sino que, más bien al contrario, sus debilidades de producción y de efectos visuales quedan más en evidencia. Y, por último y acaso principal, Greenland 2 es mucho más floja que la primera, con una poco creíble secuencia de hechos y un guión que hace agua por todos lados: sus diálogos son obvios, funcionales y meramente informativos; su trama es bastante absurda y la supervivencia de la familia excede aún la poca lógica que uno espera de este tipo de películas.

Hay, sí, algunas escenas sueltas en las que el realizador muestra su buen manejo de la tensión, pero son muy pocas. Una vez que la familia está on the road, la plausibilidad vuela por los aires y la película se parece a algún tipo de videojuego de supervivencia en el que lo único que importa es pasar a la siguiente etapa… como sea. Y salvo por el costado trágico-bíblico que se anuncia desde una de las primeras escenas, nada de lo que se ve en Migración tiene mucho peso propio. En un momento histórico en el que ese tipo de películas podrían ser más o menos realistas (y no solo por llamarse Groenlandia), Waugh elige ir por el camino opuesto y apostar por la fantasía pura. Quizás pueda entretener un rato –la película dura poco más de 90 minutos–, pero será olvidada apenas termine. Las noticias, hoy por hoy, son mucho más apocalípticas.