Estrenos: crítica de «Gente que conocemos en vacaciones» («People We Meet on Vacation»), de Brett Haley (Netflix)

Estrenos: crítica de «Gente que conocemos en vacaciones» («People We Meet on Vacation»), de Brett Haley (Netflix)

Dos amigos salen juntos de vacaciones todos los años en esta comedia romántica que lidia con aquello de si es posible la amistad entre un hombre y una mujer. En Netflix.

La comedia romántica tradicional en versión veinteañera sobrevive, a su modo, gracias a las plataformas. Especialmente Netflix, donde parecen haber construido un hogar, un estilo, un star-system propio y hasta una suerte de formato. Las rom-com de Netflix son algo así como versiones un tanto lavadas y presentables de otras mejores que se hicieron en el pasado. No es una fórmula estricta, pero se advierte al verlas que casi todas se parecen a otras, toman elementos de comedias románticas conocidas y las regurgitan en versiones prolijas y aptas para el consumo de tarde de fin de semana en un sofá. La versión audiovisual de «la novela de playa».

People We Meet on Vacation fue, en su versión literaria, exactamente eso: una lectura de playa que llegó a los primeros puestos en los rankings de ventas. Escrita por Emily Henry –autora de seis novelas que han vendido varios millones de ejemplares solo en los últimos seis años–, la historia se construye sin disimulo como un homenaje a Cuando Harry conoció a Sally. Esta historia de dos amigos que se conocen, se encuentran, desencuentran, distancian y reencuentran a lo largo de una década tiene muchísimos elementos que la acercan a aquel clásico dirigido por el recientemente fallecido Rob Reiner. ¿La principal diferencia? Las vacaciones…

Poppy (Emily Bader) escribe columnas de viajes para una revista y se la pasa todo el tiempo arriba de un avión. No le gusta planificar nada, se deja llevar por la aventura y, si bien está un poco agotada de tanto ir y venir, se ha habituado a esa forma de vida. En el presente del relato es invitada a una boda en Barcelona en la que estará presente Alex (Tom Blyth, The Fence) y ella no está segura de ir porque hace un tiempo que dejaron de verse. Y esa será la excusa para que conozcamos, mediante una serie de flashbacks, quiénes son, cómo es (o fue) su relación y qué pasó entre ellos que los encuentra ahora distanciados.

Es así que Gente que conocemos… irá y volverá del presente al pasado, retomando la historia desde el principio, cuando ambos compartieron, sin conocerse, un viaje desde la universidad a la que iban en Boston a la ciudad de ambos, Linfield, Ohio. En ese viaje quedan en evidencia sus diferencias –así como a Poppy la lleva el viento donde quiere, a Alex le gusta la vida más organizada y planificada, preferentemente en su ciudad natal de la que Poppy siempre quiere irse–, pero también una suerte de afecto armado a partir de algunas raras desventuras que les toca atravesar. Y el resto del film contará las restantes vacaciones en las que se irán reencontrando, en distintos lugares del mundo, año a año, escapadas amistosas que nunca quiebran los límites autoimpuestos entre ellos.

Hacia dónde va todo esto es bastante obvio desde el principio y cualquier espectador lo sabe. Lo importante aquí es ver si hay química entre los protagonistas y si uno puede involucrarse emocionalmente con lo que les pasa. En People We Meet on Vacation eso sucede pero de un modo un tanto descafeinado: los dos son simpáticos, acaso queribles y algo carismáticos (ella bastante más que él, que tiene más musculatura y ojos que gracia) de un modo que no resulta particularmente fascinante sino, más bien, amable, como esa gente que uno conoce y de la que no tiene nada malo para decir pero quizás no recuerde sus nombres.

Lo mismo se puede decir de toda la película y, quizás, también de la rom-com netflixera como género en sí: cuando salen bien (que no es en todos los casos), son productos prolijos y presentables que no dañan la salud de los espectadores y que pueden entretenerlos durante un rato, aún cuando no les lleguen a los talones a los clásicos que remedan. Como la mayoría de las novelas en las que se basan, son aptas para verse en playas, en aeropuertos y hasta por teléfono celular (todo está montado y fotografiado para que no te pierdas nada si las ves así) y olvidarse apenas se terminan. Esta no dejará un mal recuerdo, pero nadie la va a confundir con una de verdad.