
Estrenos online: crítica de «Tiger: tanque de guerra» («Der Tiger»/»The Tank»), de Dennis Gansel (Prime Video)
Un pelotón alemán atrapado dentro de un tanque Tigre cruza el Frente Oriental en una misión de rescate que, poco a poco, se transforma en un descenso surrealista y moralmente perturbador hacia las ruinas psicológicas de la guerra. En Prime Video.
El Tigre es el tanque. O, al menos, el nombre de los célebres tanques alemanes que le dan al film su título internacional, no sea cosa que uno confunda este relato bélico con algún film de aventuras con animales salvajes. El tanque en cuestión es el contenedor de la historia, de la misma manera que El barco lo era en el legendario film de 1981 al que The Tank pretende en más de un sentido emular, o el más moderno tanque de la película israelí Lebanon, de 2009. Sí, buena parte de la película de Dennis Gansel (La ola) transcurre dentro del tanque marca Tigre, pero en realidad lo que está contando es otra cosa.
Esta gran producción bélica de Prime Video ha sido considerada por muchos como la respuesta de esa plataforma al éxito que Netflix tuvo con Sin novedad en el frente, la premiadísima película alemana de 2022. En realidad, se trata de una propuesta bastante distinta a aquella y, más allá de la pompa y circunstancia con la que se lanzó al mercado –Amazon la estrenó en cines allí hace unos meses, algo que no suele pasar–, la repercusión fue mucho más limitada. Al verla quedan claros los motivos. Es una película más más oscura y extraña, que coquetea con el horror pero también con el tedio, y que se propone más como una reflexión entre ética y filosófica sobre la guerra que como un film bélico en sí.
La primera parte de la película –una impactante secuencia bélica– transcurre en el contexto de lo que luego se conoció como la Batalla del Dniéper, que tuvo lugar durante varios meses de 1943 en el Frente Oriental, con las tropas soviéticas frenando la avanzada nazi. Der Tiger es el tipo de tanque en el que viaja un compacto pelotón –los actores David Schütter, Laurence Rupp, Leonard Kunz, Sebastian Urzendowsky y Yoran Leicher– que logra milagrosamente escapar de la destrucción aérea de un puente que atraviesa ese río.
Poco después –o eso parece–, el grupo se reúne para una misión que, siguiendo las comparaciones con otras películas, remeda al menos en origen la de Rescatando al soldado Ryan. Aquí, al Teniente Gerkens (Schütter) le encargar rescatar al Coronel Von Hanrdenburg, quien está del otro lado de las líneas enemigas. Y el film se organizará en torno a lo que termina siendo un recorrido por un paisaje infernal, lleno de ciudades destruidas, cadáveres, bosques y nieblas, un escenario que, por el modo en el que está filmado, es más fantástico que realista.

No es casual esa elección ya que a lo largo de un viaje que empieza a tener reminiscencias del de Apocalypse Now uno va entendiendo que, más que el suspenso que se genera por las minas que hay en el camino o la posibilidad de ataques, lo que más llama la atención es la rareza de los escenarios y las circunstancias. En el momento en el que el tanque se sumerge en el agua y funciona como un submarino uno se preguntará si realmente existía esa tecnología en los años ’40 o si la película está jugando en un territorio un tanto más extravagante.
Se trata de uno de esos films cuya conclusión producirá más odios que amores ya que, si bien es algo bastante anunciado a lo largo del relato, es el tipo de cierre que suele fastidiar a muchos espectadores: misterioso, un tanto abierto y más sugerente que directo. Es que lo que propone la película, en realidad, no pasa tanto por describir la guerra en su día a día sino por lidiar con sus traumas y sus consecuencias: éticas, morales, psicológicas y físicas.
A su modo, Tiger: tanque de guerra funciona como un mea culpa en el que ese pelotón es un micromundo de una nación que «obedeció órdenes» y que hizo –o aceptó que se hicieran– cosas horrendas en su nombre. En los flashbacks que irán apareciendo a lo largo del relato ese tema quedará claro. El problema del film es que, más allá del valor que puedan tener sus ideas si se las resume en un par de frases (o en una crítica), lo que nunca consigue es transformarlas en un material vivo, narrativo, visual o dramáticamente atractivo.
Solo por momentos –más que nada gracias al rostro entre preocupado y angustiado de Gerkens– esas ideas se convierten en material cinematográfico. Pero no son suficientes para sostener dos horas de película que terminan volviéndose entre tediosas y repetitivas. A diferencia de los títulos de Steven Spielberg, Wolfgang Petersen, Francis Ford Coppola y los otros en lis que se apoya, Tiger: tanque de guerra es más un concepto que un drama, más una interesante reflexión que una buena película.




«El tanque era demasiado pesado para la mayoría de los puentes, así que fue diseñado para vadear hasta una profundidad de 4 m. Esto requería esnórqueles para la ventilación y refrigeración. Para realizar una inmersión, se necesitaban unos 30 minutos de preparación. La torreta y el cañón debían estar en posición frontal y tapados.» Sólo había que buscar muy poco https://es.wikipedia.org/wiki/Panzer_VI_Tiger