Estrenos online: crítica de «Sin novedad en el frente», de Edward Berger (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Sin novedad en el frente», de Edward Berger (Netflix)

Esta nueva adaptación de la clásica novela antibélica de Erich Maria Remarque, centrada en un grupo de soldados alemanes en la Primera Guerra Mundial, representará a Alemania en los premios Oscar. Estreno del 28/10 en Netflix.

Esta adaptación de la clásica novela del escritor alemán Erich Maria Remarque, de 1928, que ya fue llevada al cine y a la televisión un par de veces (su primera versión cinematográfica, de 1930, dirigida por Lewis Milestone, ganó el Oscar a mejor película de ese año), regresa a la pantalla grande –bueno, depende del tamaño de pantalla en el que vean Netflix– en una versión alemana que la organiza según los parámetros del cine bélico actual: visceral, violento, crudo y visualmente acrobático. Con ciertos parecidos, en más de un sentido, con 1917, la película del alemán Berger representará a su país en los premios Oscar. Y, en función de varias situaciones contextuales, no sería del todo descabellado que esté entre las candidatas.

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE –de hecho, se asegura que el uso en el léxico común de esa expresión, viene de la traducción de esa novela– es una dura y cruenta película que muestra en primer plano los horrores de la Primera Guerra Mundial más que nada a través de la historia de un soldado de ese país y algunos amigos suyos. Si bien se ven algunas internas entre jefes del ejército germano y las negociaciones que tuvieron generales y comandantes tratando de llegar al armisticio definitivo –que tuvo lugar a las 11 de la mañana del 11/11/18–, el centro de la película pasa por seguir una media docena de enfrentamientos, persecuciones y tensas situaciones entre soldados alemanes y franceses, muchas de ellas en las clásicas trincheras de la época.

Tomando algunas ideas (¿robando?) de películas como la citada 1917 u otras, de la Segunda Guerra, como DUNKERQUE o RESCATANDO AL SOLDADO RYAN, la remake se presenta con un carácter inmersivo, siguiendo al protagonista desde muy cerca y atravesando con él duros campos de batalla, atravesando escenarios llenos de cadáveres y viendo morir, una y otra vez, a amigos cercanos que, como él, se enlistaron con el entusiasmo y la ilusión de esos adolescentes que usualmente son moralmente engañados para creer en el carácter patriótico de estos brutales baños de sangre.


Quizás la «película antibélica» por excelencia de los años ’30, la original incorporaba elementos que esta no tiene, ya que aquí los dramas personales y las especificaciones político-estratégicas pasan a segundo plano. De alguna manera, pareciera que lo que Berger quiere mostrar es que si bien es la Primera Guerra podría ser cualquier guerra y que sus protagonistas bien podrían ser chicos peleando ahora en Ucrania o en tantos otros lugares donde hay conflictos bélicos en las calles.

Antes de llegar a Paul Bäumer (Felix Kammerer), el protagonista de esta historia, la película muestra el ciclo violento de la guerra al presentar a otro soldado que muere violentamente en combate y cómo el uniforme que él uso le llega a jovencísimo Paul. Al chico, entusiasta y patriótico, no parece preocuparle el tema y rápidamente está siendo enviado a los confusos frentes de batalla bélicos con Francia, muchos de los cuales consisten en las conocidas trincheras.

No es una película que apueste mucho al desarrollo de sus personajes, ni Paul ni sus amigos. Son soldados jóvenes como muchos otros, consumiendo una idea patriótica sin tener mucha idea de qué están haciendo. El problema de la película es que, al ser indistinguibles entre sí, es difícil conectarse con ellos. A muchos les tocarán atravesar situaciones (y finales) difíciles, horribles y shockeantes, y si bien uno los ve con la tensión que ese tipo de momentos transmiten, a veces ni siquiera tenemos muy claro quiénes son.

A Paul se le da algo más parecido a una personalidad, una que va desarrollando en combate al ver las atrocidades e ir sumando un grado de compasión humanista a la natural agresividad que necesita para cumplir con sus tareas, muchas de ellas inútiles en un sentido bélico real (al final se nos informa que muy poco se ganó en términos de metros con las peleas en trincheras) pero que los generales consideran importantes.

Gran parte de la película, de todos modos, transcurre en los últimos meses de la guerra y aún después de su técnico final, por lo cual lo que vemos es a un bando alemán tratando de negociar y/o asumir su retirada, algo que se les complica a los que mandan. Daniel Brühl encarna a Matthias Erzberger, uno de los que en un momento de la guerra cambió de posición y para el final era el principal promotor de un arreglo pacífico. Pero no todos sus jefes estaban de acuerdo con sus posturas, por lo que muchas innecesarias batallas llevadas a cabo en los últimos momentos de la guerra terminaron siendo brutales para los protagonistas.

Pero Berger tiene más la cabeza en las escenas bélicas en sí –la musicalización de ellas es bastante curiosa, ya lo verán– y hay que reconocer que son impactantes, por más que pierdan algo de fuerza en una pantalla chica. Son secuencias fotográficamente fuertes (a veces pecan de demasiado bellas en función de lo que cuentan) a las que una pantalla de cine les vendría mejor. Y si este film correcto pero no brillante tiene chances para el Oscar es más que nada por el contexto en el que aparece. Es una película sobre el sacrificio, la muerte y la inutilidad de la guerra que aparece en un momento en el que ese tipo de cosas están sucediendo más y más. Como se sabe, muchas veces la Academia vota por cuestiones más políticas y contextuales que estrictamente cinematográficas.