
Berlinale 2026: crítica de «Only Rebels Win», de Danielle Arbid (Panorama)
Tras acoger a un joven sudanés al que rescata de una violenta agresión, una mujer libanesa se ve obligada a enfrentar el racismo, la paranoia y la violencia de una sociedad hostil hacia los extranjeros.
Una llamativa aclaración abre Only Rebels Win, una que lo diferencia de muchos otros films. Se sabe que las películas no siempre se filman en el lugar en el que dicen transcurrir (Nueva York suele ser Toronto, hay calles que en realidad son parte de estudios y así, ad infinitum), pero eso jamás –o muy pocas veces– se aclara. El caso del nuevo film de la directora franco-libanesa Danielle Arbid es diferente. La película arranca con una aclaración explicando que, por los bombardeos israelíes, no se pudo filmar, como estaba planeado, en Beirut, por lo que tuvieron que reconstruir la ciudad en sets o en paisajes similares de otros lugares.
Pese a lo que puede sugerir esa aclaración –que funciona también como un homenaje a la sufrida ciudad y a la resiliencia de sus habitantes–, Only the Rebels Win no trata directamente temas ligados a ese particular conflicto. De todos modos, los incluye, ya que el drama interracial, interreligioso e intergeneracional que se cuenta acá incorpora esas tensiones entre países, razas, religiones en el marco de la problemática inmigratoria. Suzanne (la gran Hiam Abbas) es de origen palestino pero está radicada hace muchísimos años en Líbano, donde tuvo dos hijos, un nieto y también enviudó. Atiende un local de ropas y su vida parece apasible.
Pero de entrada Arbid la pone en movimiento. Todo sucede cuando Suzanne ve como tres personas muelen a palos a un joven de Sudán, consigue que se detengan y se ofrece a ayudar y curar al lastimado muchacho, llamado Ousmane. Ella le permite quedarse, entre ambos empieza a aparecer una conexión y pronto el hombre está instalado en la casa de Suzanne. Sin embargo, ese romance que parece noble y amable se complicará, fundamentalmente, por la mirada de los otros, que no logran entender qué es lo que esta mujer de 64 años hace con un joven de 28, sin papeles, negro y –aseguran, prejuiciosas– seguramente ladrón. O, al menos, alguien que quiere algo de ella.

El clima social ayuda para que existan esas tensiones. En Líbano, como en casi todo el mundo, hay una paranoia anti-inmigratoria feroz. Y cuando hay robos, problemas o asuntos de ese tipo, es fácil convertirlos en chivos expiatorios. Es por eso que cuando Suzanne empieza a contarle a su hija y a sus amigas lo que le pasa con él, todas la miran sorprendidas, sin entender. Y con los vecinos será peor: cada cruce en el que los vean a ambos, sea en el edificio o en el supermercado, dará para algún comentarios racista o un conato de violencia. Y cuando Ousmane consigue trabajo como seguridad en un local un tanto turbio, las cosas tampoco mejorarán.
El film de la directora de Passion Simple se entrega, por momentos, al romance entre ambos, pero no son muchos. Durante gran parte de su metraje lo que veremos es a vecinos y conocidos de Suzanne sacando su peor cara ante la novedad. Los hijos tampoco ayudan demasiado. A su verborrágica hija Sana (interpretada por Shaden Fakih, una comediante que ha tenido problemas con las autoridades por algunas bromas suyas) y su hijo varón es aún más cruel: «Deberías haberte muerto así nos ahorrabas de esta vergüenza», le dirá. Hasta los clientes dejan de ir a su negocio cuando se corre la voz que Suzanne sale con «un africano ilegal». Y eso hará mella en Suzanne, que no siempre lo presenta como su pareja.
En su tercer acto, por suerte, la película se escapa un poco de lo previsible y más que transformarse en una muestra de «el amor que vence todos los obstáculos», propone algo diferente y en el fondo más realista: una exploración del constante daño psicológico que produce este tipo de marginación y racismo. Si bien no habla mucho, uno puede ver en Ousmane la angustia y desesperación que le causa la marginación constante y la agresión –directa e indirecta– que recibe de casi todos. Y eso lo lleva a caer en zonas oscuras y a tomar decisiones un tanto bruscas. Nadie quiere y nadie merece vivir así.



