Festivales: crítica de «Passion simple», de Danielle Arbid (San Sebastián/Toronto)

Festivales: crítica de «Passion simple», de Danielle Arbid (San Sebastián/Toronto)

por - cine, Críticas, Festivales
19 Sep, 2020 02:07 | Sin comentarios

La nueva película de la realizadora franco-libanesa se centra en una escritora que tiene un apasionado affaire con un diplomático ruso que se complica cuando el hombre decide cortarlo. Con Laetitia Dosch y Sergei Polunin. Está en la Sección Oficial de San Sebastián.

Adaptada de la popular novela de 1992 escrita por Anne Ernaux, PASSION SIMPLE tiene un título que resume muy bien buena parte de la película que vemos. Lo que le sucede a Helene (Laetitia Dosch) puede resultar muy complejo de procesar para esta dedicada y obsesiva profesora, escritora y académica pero para gran parte de los espectadores es bastante, digamos, sencillo de entender. Digamos que ha quedado fascinada, obsesionada, prendada de un nuevo y misterioso amante que tiene. A tal punto que el mundo alrededor suyo parece haber desaparecido por completo. Solo le importa la cita con él.

Esta sensación, que Helene seguramente comparte con millones de personas que han pasado por una situación similar (no me refiero a enamoramiento necesariamente sino a una aparente satisfacción de todo tipo de deseos sexuales), puede resultar hermosa y fascinante, pero también puede empezar a tomar por asalto a la persona al punto de sacarla no ya del eje sino de la propia realidad y depositarla en una zona en la que esa misma realidad empieza a desdibujarse. El chongo de Helene (por usar una palabra poco elegante pero clara para describirlo) es Alexandre (Sergei Polunin), un diplomático ruso casado que está radicado en París y con el que se encuentra seguido en un hotel. El asunto con él no tiene demasiadas vueltas: va directo al grano, empieza y termina ahí.

Pero Helene pasa a depender de esos encuentros cada vez más y su vida personal se desmorona fuera de ellos. Está separada, tiene un hijo al que no presta ninguna atención y también se la ve bastante perdida en su trabajo, tanto dando clases como escribiendo. En una película con escenas sexuales bastante más francas de las que últimamente se ven en el cine, Helene empieza a querer saber más de la vida del carilindo pero silencioso ruso. Y cuando el hombre empieza a hablar revela que su universo es opuesto al de ella (es un amante del cine de acción, fanático de Putin, muy poco interesado en el mundo de Helene), pero esto en lugar de molestarle a Helene, le fascina.


La situación se complica cuando el hombre quiere tomar distancia de ella y la psiquis de Helene comienza a romper en mil pedazos. Por un lado, en su vida personal y, por otro, obsesionándose con él a tal punto de empezar a perseguirlo a escondidas. Da la impresión que todo puede ir hacia un territorio cercano al thriller, pero allí Arbid encuentra una interesante vuelta de tuerca y empieza a llevar la situación al terreno de lo potencialmente fantástico o quizás literario, haciendo que el espectador se pregunte cuánto de lo que estamos viendo (y lo que vimos) es real y cuánto está en la imaginación, la obsesión o la literatura de la mujer.

Arbid (UN HOMME PERDU) no llevará la narración hacia las respuestas fáciles o clarificadoras. Al contrario, hará que PASSION SIMPLE deje de ser tan simple como parecía ser y se transforme en un desafío cerebral. Es en ese momento que la película ingresa a territorios que la vuelven más interesante, incómoda y sugestiva, ya que lo visto hasta entonces bordeaba casi el tipo de drama erótico soft que se hacía en las décadas del ’80 y ’90, en las cuales mujeres cultas y educadas enloquecían por jóvenes exóticos y un tanto brutos como el que vemos aquí.

De hecho, en la primera mitad del film su obsesión por el ruso define tanto su vida que Helene empieza a volverse un personaje un tanto tedioso, de esas mujeres que no pueden pensar en otra cosa que en un hombre y no es capaz de hacer nada ni concentrarse en otra cosa. Vive solo a la espera del próximo encuentro. De a poco la película va dando a entender que la vida de Helene es un tanto más complicada y que hay más cosas en juego allí que un affaire apurado de tres de la tarde.

Gracias a Dosch la película se mantiene a flote durante esa primera parte del metraje ya que el ruso, claramente visto aquí desde la perspectiva de la chica, no parece ser mucho más interesante que un pedazo de carne con músculos y ojos azules. Es cierto que para muchxs eso puede parecer suficiente, pero recién cuando el tipo desaparezca y Helene deba lidiar con las consecuencias psicológicas y el vacío emocional, PASSION SIMPLE dejará de ser tan simple y se volverá un tanto más inquietante.