Berlinale 2026: crítica de «Un hiver russe», de Patric Chiha (Panorama Dokumente)

Berlinale 2026: crítica de «Un hiver russe», de Patric Chiha (Panorama Dokumente)

por - cine, Críticas, Festivales
17 Feb, 2026 09:30 | Sin comentarios

Tras la invasión de Ucrania en 2022, muchos rusos se vieron obligados a exiliarse porque se negaron a someterse al régimen. Zarandeados por la historia, sin ser bienvenidos en ningún lado, buscan su lugar en el mundo.

No nos quieren allá, no nos quieren acá, no nos quieren en ningún lado«. Palabras más, palabras menos, así se siente Margarita, una de las protagonistas de Un hiver russe, estilizado documental (¿docuficción?) de Patric Chiha centrado en las experiencias de jóvenes rusos que se han ido de su país tras la invasión a Ucrania en 2002. La chica ha hecho un periplo tras su salida del país, pasando un largo tiempo en Estambul antes de poder conseguir los papeles para irse a Francia, donde la espera Yuri y otros amigos suyos de Moscú. Sin embargo, pese a la aparente comodidad y tranquilidad de su nuevo hogar, Margarita no se siente del todo a gusto. Y sabe –y le comenta a Yuri– que no es del todo bienvenida.

La disyuntiva se les presenta a todos ellos. En Rusia, eran mal mirados por familiares patrioteros que ven todo el tiempo las noticias en el canal oficial donde dicen que no hay guerra sino una ayuda de Rusia a Ucrania, criticados por las autoridades y hasta por las propias leyes que los obligan a participar en el servicio militar. Y se han ido. Afuera están empezando a reconstruir sus vidas, a reconfigurarse. En el film de Chiha, que empieza más dedicado a ponerlos en contexto mediante algunas estilizadas escenas –la película y los protagonistas son por momentos demasiado cool–, de a poco va logrando de ellos confesiones más íntimas y personales.

Yuri tocaba en una banda punk y tras la guerra se fue a Estambul. Otros cuentan sus problemas para poder salir de Rusia –un complicado vuelo a Georgia está contado como un film de suspenso–, la reacción de sus familiares al enterarse y sus encuentros con ucranianos en el exilio. Margarita lidia con sus papeles, con su enorme cantidad de objetos personales depositados en un locker en Estambul (su vestuario, de todos modos, es propio de una modelo) y con su sensación de permanente confusión. No son entrevistas a cámara sino, por lo general, se montan como conversaciones entre ellos, de las que nos enteramos de un modo falsamente casual.

Se trata de una serie de personajes cuyas experiencias dejan en claro la existencia de una generación de jóvenes rusos desperdigados por el mundo –hay muchos también en Argentina, por más lejos que parezca– que se encuentran en una suerte de limbo existencial: las cosas en bolsas, los cuerpos entre países, la sensación de no saber qué pasará al día siguiente. Algunos piensan en volver, pero solo de visita, a Rusia. Otros no saben o creen que no lo harán. Lo que tienen claro es que están en un espacio liminal, en un in between entre países, sensaciones y definiciones de vida.

Un hiver russe no organiza sus conversaciones con temáticas claras ni está planteado como un documental sociológico-político. Chiha contextualiza sus diálogos en escenarios particularmente anodinos, no-lugares que parecen representar ese limbo en el que se encuentran, lejos de los centros urbanos más convencionales de cada país. De carácter observacional y estilizado (por momentos, en exceso; los protagonistas son un poco hipsters también), el film del realizador de origen austríaco de Si esto fuera amor se acerca con curiosidad y rara fascinación a estos jóvenes que no encuentran su lugar en el mundo.