
Berlinale 2026: crítica de «WAX & GOLD», de Ruth Beckermann (Special Presentation)
La realizadora austríaca viaja a Etiopía y, usando como base el lujoso hotel Hilton de su capital, intenta analizar su historia y la de su mítico emperador, Haile Selassie.
Los documentales de Ruth Beckermann encuentran siempre la manera de combinar lo personal con lo político, la historia humana por detrás (o por delante) de la Historia en mayúsculas. Ella misma cuenta en la voz en off que abre el relato y que después reaparece varias veces a lo largo de WAX & GOLD que el documental surgió como una excusa creativa para justificar un viaje que quería hacer a Etiopía, un país que la fascina y que viene cambiando mucho a lo largo de los últimos años. Su objetivo inicial empezó como un retrato del hotel en el que se quedaba, el lujoso Hilton de Addis Abeba, la capital del país, y de los personajes que trabajan allí. Pero de a poco su mirada se fue ampliando para tratar de entender la historia de ese país, de su emperador Haile Selassie y de lo que pasó en los 50 años desde que fue derrocado.
Beckermann comienza filmando el hotel, conversando con sus empleados, preguntándoles por sus tareas, explicándoles su proyecto, observando los eventos sociales que allí tienen lugar (una boda, un desfilo de modas) e intentando entender la lógica de ese lugar prolijo, lujoso y ordenado que convive en una ciudad más caótica. «¿A qué hora salen de su casa para llegar a horario?», se pregunta. A partir de hablar del hotel, la realizadora de Favoriten recae en Selassie, que fue quien lo creó e inauguró. El Emperador negro, el mesías para buena parte del mundo afro (los rastafaris lo siguen considerando como tal), estuvo más de 40 años en el poder allí y dejó una gran influencia en la que combinan aspectos positivos con otros un tanto más turbios.

A partir de la lectura de The Emperor, el muy crítico libro del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuściński, Beckermann va adentrándose en las contradicciones y las secuelas del paso del emperador por el poder, encontrándose con todo tipo de análisis y de respuestas en función de la situación actual del país y el continente. En esas pesquisas se va yendo esta curiosa película que intenta encontrar los secretos y la lógica de la vida de un país que, para empezar, tiene un calendario y un horario distinto al del resto del mundo (tienen 13 meses, las 0 horas son nuestras 6 y el año en curso es el 2018) y cuya historia incluye una ocupación de la Italia fascista y una serie de cambios culturales que siguen siendo relevantes hasta hoy, época en la que la inversión china está modificando otra vez el mapa urbano.
WAX & GOLD –otro término que tiene que ver con la particular forma de hablar y comunicarse que tienen los etíopes, combinando significados evidentes con otros más ocultos– es una exploración sobre ese país en el que la directora casi no sale nunca del Hilton. Más allá de los materiales de archivo de Haile Selassie que se extienden hasta los años ’30, es poco lo que se ve por fuera del hotel. Salvo al final en el que la cámara recorre la cambiante ciudad, lo poco que vemos del exterior de Addis Abeba es filmado desde el propio hotel, explicitando de una manera directa la muy subjetiva mirada de una realizadora que todo el tiempo pone de manifiesto su lugar –como mujer, blanca, occidental– dentro de la historia que cuenta.
En algún momento el film se vuelve un poco generalista, tratando de entender algo así como el «alma» de los etíopes, pero Beckermann logra evitar las sentencias obvias a través de testimonios inteligentes de jóvenes que se piensan a sí mismos en el país y otros que dan testimonios de algunas dificultades personales en función de los conflictos tribales que han vuelto a reaparecer en esa nación. Tal vez el entrevistado más curioso es uno que, a la vez, dice apoyar a Donald Trump y luchar por una Africa unida. Hay gente extraña en todos lados y a cualquier hora (etíope o no) del día.



