Berlinale 2026: crítica de «Where To?», de Assaf Machnes (Perspectives)

Berlinale 2026: crítica de «Where To?», de Assaf Machnes (Perspectives)

por - cine, Críticas, Festivales
17 Feb, 2026 03:33 | Sin comentarios

Un taxista palestino que circula por las noches de Berlín empieza a tener como cliente repetido a un joven israelí con el que se da cuenta que tiene más cosas en común de lo que parece.

Hassan es un taxista palestino que vive hace mucho tiempo en Berlín, ciudad en la que trabaja por las noches. Su coche funciona a través de una app y sus pasajeros se suben, casi siempre, a partir de solicitudes a ella. Su rutina en esa ciudad incluye mucho joven que va de fiesta en fiesta, mucha locura nocturna y hasta alguna escena de sexo que tolera desde su asiento de conductor. Uno puede suponerlo como un tipo más tradicionalista, pero Hassan (Ehab Salami) no emite quejas ante una pareja gay que se besa y más también, o ante pasajeros con pedidos (o atuendos) ridículos. Tampoco emite opinión cuando le tocan clientes israelíes, por más que entienda en parte lo que dicen cuando hablan del tema al sentarse atrás y ver la bandera que tiene colgando de su espejito retrovisor.

Todo esto sucede, cabe aclarar, en 2022, antes de la intensificación del conflicto que tuvo lugar a partir de octubre 2023. De hecho, una persona que se ha subido varias veces a su Uber es un chico israelí llamado Amir (Ido Tako), que se ha mudado a Berlín y está explorando su sexualidad libremente, alejado de la mirada represora de su casa y familia. De a poco –y sin casi mencionar las tensiones entre ambos países– se van convirtiendo en compañeros de viaje, reencontrándose en el auto cada dos o tres meses y actualizando su situación personal. Más que nada Amir, porque Hassan no habla mucho de la suya.

De él sabremos que dejó el campo de refugiados en el que vivía con su familia hace ya años, que llegó solo a Alemania y que allí se casó y tuvo tres hijas. Y el conflicto más evidente que le conocemos mientras lo seguimos en sus noches berlinesas lo tiene con su hija mayor, con la que tiene una relación complicado y quien está saliendo (y con planes de casamiento) con un alemán. Pero Hassan contiene y no se expresa. A tal punto es así que pronto sabremos que el hombre tiene otros penares y dolores en el alma que solo irán saliendo a la luz de a poco, cuando los problemas amorosos de Amir le hagan recordar algunos suyos del pasado.

Más allá de o específico, Where to? intenta mostrar la cercanía que se puede generar cuando dos personas pertenecientes a países en guerra entre sí se conocen y hablan de sus asuntos sin tener demasiado en cuenta esas tensiones nacionales. Más allá de las evidentes diferencias de edad, aspectos, gustos y universos, Hassan y Amir nacieron muy cerca uno del otro, comparten un universo y los dos sufren por cosas parecidas. En algún momento en esta película episódica que va saltando de a meses en cada escena, se llegará a octubre del 2023. Y en esa instancia tendrán lugar las escenas más relevantes entre ambos, aún cuando lo que les pasa no tenga nada que ver con ese tema.

Where To? –título algo curioso para ser una película sobre un conductor de Uber, ya que ellos ya tienen por la app la dirección a la que deben ir– es un drama humano sensible y bienpensante que busca demostrar cómo la empatía personal y el reconocimiento de algo que es universal y común en cualquier sociedad –como son los problemas románticos y familiares– puede unir a personas que, al menos según las noticias, deberían estar enfrentadas. «Es un problema para mí llevarme bien con vos», dirá Hassan a un Amir que no parece del todo interesado en esos temas. Aún así, Hassan no lo evita ni lo cuestiona. Entiende que el chico es tan fragil e indefenso como lo fue él cuando llegó a Berlín y no le queda otra que identificarse con su circunstancias, su ánimo y su dolor.

La película puede ser un tanto inocente en su manera de plasmar la situación y enfocarse acaso en demasía en el ángulo sentimental de ambos personajes –en ese sentido es casi la anti-Taxi Driver, pero aún con ese aura de «falsedad» que la rodea es imposible no sentir empatía con estos dos seres perdidos y confundidos que buscan alguna respuesta en las calles de una Berlín borrosa que solo vemos del otro lado de los vidrios como un fantasma entre lejano y difuso, algo que pertenece realmente a otros. Son, en el fondo, dos extranjeros en una especie de largo limbo geográfico y emocional.

Machnes no tiene interés alguno en retratar la ciudad –de hecho, podría casi ser cualquier otra, o haberse filmado en otro lugar, o en estudios con una backprojection— y nada cambiaría demasiado en la trama. Salvo por una escena en la que Hassan va a una casa y tiene una larga conversación con un hombre ligado a su pasado, todo lo demás transcurre en el coche o en las veredas y calles contiguas. Y uno se lleva del film la ilusión de que, al menos en ese micromundo de cuatro ruedas y unas pocas personas, las cosas pueden ser un poco mejores que afuera.