Estrenos: crítica de «En el cine», de Matías Szulanski (Sala Lugones)

Estrenos: crítica de «En el cine», de Matías Szulanski (Sala Lugones)

por - cine, Críticas, Estrenos
28 Feb, 2026 08:03 | Sin comentarios

Dos jóvenes se conocen en un festival de cine. Ella le comparte una canción que compuso. Luego, toman café y conversan. Tres veces.

Las películas de Hong Sang-soo son un claro referente en la obra reciente de Matías Szulanski. Y En el cine quizás sea una de los más logrados ejercicios en esto de hacer una película como las del realizador coreano. El film del prolífico cineasta argentino mantiene muchas de las reglas de su par asiático: conversaciones casuales entre personajes capturadas generalmente en una sola toma, pequeñas alteraciones espacio-temporales que les dan a esos encuentros un carácter entre lúdico y misterioso, personas ligadas al cine o a la cultura, y una estética minimalista y lo-fi que le da a sus films un aspecto entre casero y amateur.

La versión argenta de Hong cuenta lo que pasa a lo largo de tres encuentros más una intro y una coda enigmáticas que juegan con las reglas del cine, algo sobre lo que Szulanski volverá en un momento. Juan (Juan Morgenfeld) y Camila (Camila Buch) son los protagonistas principales. Y la historia contará tres versiones parecidas pero diferentes de un mismo hecho. En pleno BAFICI, los dos se topan ante el ascensor de la Sala Lugones. El la reconoce, pero ella a él no. Se vieron en una fiesta, le dice, pero ella no recuerda haber ido ni conoce a la que cumplió años. Pero otros datos suyos (su moto, sus anécdotas, su ropa y otros detalles) coinciden. ¿Cómo puede ser?

Ambos irán a un local de guitarras al que Camila quiere ir y ella le cantará una canción suya. De ahí se irán a tomar un café para hacer tiempo entre película y película, y allá Camila hablará de sus gustos musicales ante un impávido Juan que no parece conocer a ninguno de los artistas que ella le menciona. Se despedirán de un modo un tanto incómodo –él más interesado que ella en seguirla– y Camila se irá a visitar a una amiga (Sol Masaedo), quien le contará una anécdota bizarra. Y eso es, en principio, todo.

El evento se repetirá tres veces, pero con sutiles y no tan sutiles diferencias entre cada uno. El lugar y los recuerdos del encuentro previo serán distintos, las canciones (todas muy bonitas) serán otras, las conversaciones versarán sobre otros temas, y los encuentros y desencuentros subsiguientes adquirirán características distintas. El tercero, especialmente, es el que marca un giro importante en la conexión entre ambos, ya que Juan –que hasta ahí parecía oficiar de impávido escucha de la verborrágica y encantadora Camila– podrá enhebrar algunas palabras y cambiar un poco el eje de la cuestión.

En el cine respeta el juego de Hong Sangsoo (que no es «Juan Sonsó«, como ella lo llama) y lo hace muy bien. Las conversaciones –casi monólogos– están muy bien planteados y actuados, fluyen y se sienten naturales, tanto las de los dos protagonistas como los más agitados de la peculiar amiga de Camila. Lo mismo pasa con la credibilidad de la situación y los escenarios del centro porteño que ambos recorren. Cuando en algún momento se rompa la ilusión cinematográfica (la mítica «cuarta pared»), Szulanski sabrá bien cómo salir sin subrayar demasiado su efecto.

Quizás lo único que falla en este ejercicio es que, salvo por momentos esporádicos, la película no adquiere la potencia filosófica y humana que tiene el mejor cine de Hong. Están los gestos, los movimientos, se escuchan las conversaciones y se aprecian las acciones, pero ese plus hace su aparición a cuentagotas, especialmente en el segundo encuentro, en el que Camila (o esa Camila) le cuenta a Juan una historia más íntima y personal.

La película reencuentra su potencia cuando Juan pasa a ser un personaje un tanto más activo y no el chico con cara de atontado que observa a Camila hablar y que no parece ser capaz de hilvanar tres palabras seguidas. En el episodio en el que da rienda suelta a su cinefilia, Juan (o ese Juan) se convierte en un personaje más interesante, uno con el que el espectador se puede, en parte al menos, identificar. Cuando la película logra conectar a ambos en un mismo plano –cinéfilo y personal–, En el cine crece y va un poco más allá del bello gesto y del simpático homenaje.


Sala Lugones: Jueves 5 de marzo, a las 21. Sábado 7, a las 15 y a las 21. Domingo 8, a las 18. Martes 10, a las 21. Miércoles 11 y jueves 12, a las 18.