
Estrenos online: crítica de «El vínculo sueco» («The Swedish Connection»), de Thérèse Ahlbeck y Marcus Olsson (Netflix)
En esta comedia dramática sobre la Segunda Guerra, un burócrata trata de ayudar a los judíos de países ocupados por los nazis a escaparse a la neutral Suecia.
Hay que admitir que el tono elegido por esta película sueca sobre la deportación de judíos durante la Segunda Guerra Mundial es bastante inusual. Es cierto que ya habido varias comedias y hasta farsas sobre ese conflicto bélico pero resulta bastante más raro cuando se vuelve más específicamente sobre el Holocausto. Quizás sea mucho definirla como comedia pura, pero The Swedish Connection funciona como una farsa un tanto graciosa acerca de las manipulaciones de un oscuro burócrata sueco para tratar de salvar judíos perseguidos en otras naciones de Europa.
A diferencia de la mayoría de los otros países de ese continente, Suecia no fue invadida por los nazis ni tenía un gobierno estrictamente colaboracionista. Se había mostrado como neutral pero, en buena medida, trataba de no enfadar a los alemanes ni poner en riesgo sus vínculos con ellos y así evitar que la situación empeore. Pero en 1942, en la Cancillería, empiezan a llegar los rumores de algo llamado la Solución Final: el plan nazi para exterminar a todos los judíos de Europa. Nadie lo cree y ninguno quiere meterse en líos, por lo que se convencen que es un invento y nadie hace nada. Pero de a poco, y a partir de ciertos hechos puntuales, un pequeño grupo de ellos comienza un operativo para rescatarlos por fuera de los carriles oficiales.

El encargado de hacerlo, en principio a su pesar y sin el apoyo del departamento, es un burócrata de segunda línea llamado Gösta Engzell (Henrik Dorsin), que la película presenta casi como un personaje cómico. Es que todo el film tiene un tono farsesco, con personajes un tanto absurdos, situaciones de comedia liviana y otros apuntes que no suelen verse en películas que tratan estos temas. Pero de a poco el tal Gösta se da cuenta que puede conseguirles pasaportes suecos a judíos de países como Noruega o Dinamarca que tienen alguna conexión familiar, por mínima que sea, con Suecia. Y entiende que esa es una posible salida para ellos.
El vínculo sueco se ocupará de las movidas internas, las victorias y derrotas, los esfuerzos y el creciente heroísmo de Gösta y un pequeño grupo de colegas para poner este plan en movimiento tratando de no meterse en problemas con las autoridades suecas y mucho menos con los nazis. Entre contratiempos personales y nuevos planes que luego se hicieron conocidos en varias partes de Europa a través de otros nombres más famosos, la situación empieza a cambiar y el film se vuelve un tanto más serio y urgente. No demasiado, ya que aún en los momentos más dramáticos mantiene un tono zumbón y bastante ligero.
Amena, no demasiado atrapante y con una historia más relevante de la que sus propios directores parecen darse cuenta, The Swedish Connection es como una versión liviana de historias como la de La lista de Schindler en las que personas insospechadas terminan involucradas, inicialmente casi a su pesar, en actos de heroísmo de valor incalculable. En ese sentido, esta comedia dramática sobre un hombrecito gris de la burocracia sueca que casi sin quererlo terminó salvando a decenas de miles de judíos, es una película que debería reflejar tanto los tiempos que corren –en los que uno ve, aunque sea mínimamente, personas arriesgando sus vidas para ayudar a otros en problemas– como aquel del que se ocupa.



