
Series: reseña de «Cómo llegar al Cielo desde Belfast» («How to Get to Heaven From Belfast»), de Lisa McGee (Netflix)
Tras la repentina muerte de una amiga a la que no veían hace años, tres mujeres regresan a su pueblo natal en Irlanda para su funeral, solo para sospechar que la tragedia que las une quizás todavía no haya terminado.
Amigas de toda la vida de una escuela católica de Belfast, las cuatro chicas que protagonizan la nueva serie de la creadora de Derry Girls, han tomado caminos personales y profesionales separados, pero siguen siendo amigas. Salvo una, que hace mucho no ven. Las une, en apariencia al menos, un oscuro evento del pasado que involucra fuego, una muerte y unos cuantos secretos, a los que ahora se les sumará –al menos en principio– una muerte más.
Saoirse (Roisin Gallagher), Robyn (Sinéad Keenan) y Dara (Caoilfhionn Dunne) son las que se siguen viendo a ya 20 años de haber terminado la escuela. Dara es una mezcla de excéntrica y lesbiana de closet que está nerviosa y ansiosa 24 horas al día. Robyn se ha convertido en una ama de casa de una familia acomodada con tres hijos de los que se ocupa. Y Saoirse –lo más parecido que la serie tiene a una protagonista principal– es productora de una serie de TV de true crime llamada Murder Code. La que falta es Greta (Natasha O’Keeffe), que se quedó en el pueblo natal y no la ven hace años. El shock llegará cuando reciben la noticia que Gret tuvo un accidente y murió. Y las tres viajan al velorio y al entierro.

Pronto nos enteramos dos cosas: que el grupo está unido por esa situación de la adolescencia, de la cual Greta parece haber sido la más afectada, y que acaso la chica no esté tan muerta como dicen que está. Es que su excéntrica familia la tiene a cajón cerrado, pero Saoirse no tiene mejor idea que abrirlo y espiar unos segundos adentro para asegurarles a las demás que no es. Y, a partir de ese momento, las tres chicas empezarán a vivir situaciones de cada vez mayor riesgo, extrañas o incómodas, que pueden estar pasando en su cabeza, en la realidad o deberse a llevar tantas horas de true crime encima.
La excentricidad va creciendo con el paso de los episodios y eso, lamentablemente, no es el punto más fuerte de How to Get to Heaven From Belfast. El asunto policial empieza a tomar características de un episodio tipo Scooby-Doo y eso puede ser amenos pero solo un rato. Pronto la cosa se complica, ya que lo que pasa en esos pueblos chicos repercute de manera interminable. Y las chicas pasan de ser amigas de la familia a testigos del caso y de ahí, ¿quién sabe?, quizás hasta implicadas. ¿Qué es lo que verdaderamente está pasando en el presente y qué sucedió antes que lo conecte? Como sucede en Yellowjackets, una serie con ciertas similitudes, los problemas del pasado repercuten en el presente y, en ambos casos, la narración se bifurca en dos tiempos claros, con 20 años de diferencia entre sí.
Lo que la serie pierde en una trama policial demasiado absurda lo gana en el color local, en los personajes, los pubs, las comisarias y en las conversaciones de los siempre intensos y particulares irlandeses de Condado de Donegal, bien al norte en la frontera entre Irlanda y la nada misma. Difícilmente la autora de Lisa McGee tenga el impacto y la repercusión de Derry Girls, pero el mundo que retrata está muy conectado con ese, especialmente en las vivencias de grupos de chicas adolescentes que se meten en situaciones para las que no están, al menos al principio, preparadas.



