
Series: reseña de «Motorvalley», de Matteo Rovere, Pippo Mezzapesa y Lyda Patitucci (Netflix)
Esta serie italiana se centra en un nuevo equipo de GT formado por tres «perdedores» que deben unirse, demostrar su talento y pelear por el campeonato.
Hace una década, el cineasta Matteo Rovere conseguía un éxito internacional con Veloz como el viento, raro film comercial italiano que tuvo estreno internacional y que le permitió hasta ganar premios. Raro, digo, porque este tipo de películas de acción dedicadas a autos de carrera se estrenan en cines solo cuando tienen una gran producción de Hollywood por detrás. Pero Rovere tiene talento como para ponerse a la altura de las grandes producciones y aquí vuelve a intentar una apuesta parecida a aquella, solo que en formato de serie.
Como aquel film, Motorvalley es una mezcla de drama familiar con película de acción y suspenso cuyo eje es un campeonato carreras automovilísticas, en este caso el GT italiano: padres, hijos, novios, traumas, dinero, escuderías y los típicos problemas tecnológicos ligados a este tipo de competiciones son una excusa para que Rovere y su equipo monten una larga serie de escenas tensas y veloces con automóviles, tanto dentro como fuera de las pistas. Es que aquí la cosa no se limita a correr por los puntos sino que la velocidad es una forma de vida.
El trío protagónico tiene en común que están pasando su peor momento personal y profesional. Y es eso lo que los lleva a unirse. Todo empieza cuando Elena (Giulia Michelini) modifica un auto de la escudería de su padre que le permite ganar un Gran Premio, pero cuando esa trampa es descubierta no solo pierden los puntos y son quedan descalificados por un año, sino que el patriarca del equipo Dionisi no se recupera y muere. Elena iba a heredar la escudería pero tras el escándalo la sacan del medio y la toma su hermano, que la asocia a una bebida energizante. Y ella asume la responsabilidad de armar una nueva. El problema es que no tiene equipo.

Es por eso que se conecta con dos talentos que, por distintos motivos, no participan del negocio. Ella es Blue (Caterina Forza), una joven muy talentosa para conducir pero completamente irresponsable y con un paso por la cárcel. Es que la chica pasa su tiempo en ilegales carreras nocturnas y hasta roba autos de lujo. Nadie la quiere, pero Elena no solo ve su potencial talento sino que la necesita. Y para entrenarla contrata a Arturo (Luca Argentero), un ex piloto hoy vuelto mecánico con un pasado también complicado y un traumático accidente que lo obligó a retirarse. Se trata, oh casualidad, de un accidente que mayó al padre de Blu, ex piloto. ¿Podrán los tres llevarse lo suficientemente bien para armar un equipo que pueda competir por el campeonato?
La serie se ocupa de diversos asuntos ligados a este mundillo: el exigente entrenamiento de Blu que a la chica le cuesta cumplir, la falta de fondos de Elena para mantener la escudería –su familia la deshereda– y la creciente rivalidad entre Blu y el piloto estrella de la escudería rival. Así como el resto de los competidores desaparece del mapa, todo se ajusta y concentra en los conflictos internos del trío y en los que tienen con la mucha más poderosa escudería del hermano de Elena. No falta, además, la perspectiva de un romance entre Arturo y Elena, que está en puerta desde el primer minuto en el que se reencuentran.
Todo este drama familiar de fórmula da contexto a lo que seguramente todos querrán ver: carreras (oficiales y de las otras), competiciones ilegales, persecuciones; peleas y más peleas; gritos, discusiones y amenazas. Todo en ese tono entre acelerado, agresivo y falsamente gracioso en el que se manejan estas relaciones interpersonales. Motorvalley –«Motor Valley» se llama la zona de la Emilia-Romagna italiana donde están las grandes escuderías de ese país y en cuyas pistas se filmó la serie– es pura fórmula para adictos a Rápido y furioso y la serie Drive to Survive: una narración tensa con una edición acelerada (hay un corte cada medio segundo) y con música electrónica que no parece frenar ni para cargar gasolina. No hay magia ni misterio aquí, pero a la vez es cierto que la serie cumple lo que promete. Adrenalina, autos y acción, italian style. Ni más ni menos que eso.



