Estrenos: crítica de «El guardián: último recurso» («Shelter»), de Ric Roman Waugh

Estrenos: crítica de «El guardián: último recurso» («Shelter»), de Ric Roman Waugh

por - Críticas
08 Mar, 2026 05:59 | Sin comentarios

Un ex agente secreto, que vive oculto y retirado, es encontrado por sus ex jefes, perseguido y obligado a escapar junto a una adolescente. Con Jason Statham y Bill Nighy.

Protagonizada por Jason Statham, Shelter cumple con casi todas las reglas del subgénero John Wick del cine de acción contemporáneo. Pertenece tanto a la categoría «me mataron al perro» como a la más tradicional «justo cuando creía que estaba afuera me hacen volver«, a las que hay que sumarle la de «parezco un simple tipo solitario que vive en medio de la nada pero en realidad soy un operativo entrenado para matar de a cientos«. Todo eso, al menos por un buen rato, en una versión modesta, discreta, de Clase B aún para los estándares del director Ric Roman Waugh, un especialista en el género y habitual director de films con Gerard Butler, y del propio Statham, que hizo la muy similar pero bastante más intensa The Beekeeper: sentencia de muerte.

El guardián: último recurso –título local que intenta establecer alguna relación con el otro film que no existe en la realidad– cumple a rajatabla las reglas del subgénero planteado. Statham encarna a un hombre sin nombre que, luego sabremos, se llama Michael Mason. El tipo vive en un faro en una isla perdida en la costa de Escocia (en las Hébridas Occidentales para los que quieran googlearlas), solo con un perro, barba y cara de pocos amigos. No tiene contacto con el mundo salvo por la semanal visita de un barco que le trae provisiones. Bueno, más que nada bebidas alcohólicas. De él baja una adolescente (Bodhi Rae Breathnach, hace poco vista como la hija mayor de Shakespeare en Hamnet), que le deja las cosas en la puerta y se va. El tipo parece haber elegido una vida casi monástica que involucra una alimentación básica y mucho tiempo de mirar por la ventana al revuelto mar.

Hasta que un día una tormenta complica el regreso de la niña y de su tío –el que conduce el barco que la trae– al continente y a Mason no le queda otra que dejar la contemplación para salir a rescatarla. Alcanza a salvar a la chica pero no logra hacerlo con su familiar, por lo que Jessie, que así se llama, queda sola curando sus heridas, comiendo papilla –ya nadie trae provisiones–, acariciando al can y soportando al mala onda de Mason ahí en la ventosa isla escocesa. Hasta que, bueno, hay que salir de ahí a buscar medicamentos y algo para comer a algún pueblo. Y todo se complica. Unas cámaras captarán la presencia de Mason y el infierno se abrirá bajo sus pies. Poco después, una docena de operativos secretos descenderán en la isla y, para sorpresa solo de Jessie, el seco Mason los despacha como si fuera una versión adulta y barbuda de Macaulay Culkin en Home Alone.

Se pueden imaginar lo que pasa después. Mason tiene un pasado secreto, un enemigo acérrimo (un jefe del MI6 encarnado por Bill Nighy, quien habrá cobrado un buen cheque por sus cinco o seis escenas de rutinario villano), algún oscuro conflicto del que escapó, objetivos políticos no del todo claros y una chica a la que cuidar cuando vengan las hordas a liquidarlo. A diferencia de John Wick y similares, acá los que tratan de matarlo son, en principio, agentes del servicio secreto británico. En realidad, al menos durante un buen tiempo, tendrá solo un cazador (encarnado por Bryan Vigier), que se dedicará obsesivamente a pelear con él o perseguirlo en coche. Y, como es costumbre últimamente –en eso se diferencia de Keanu Reeves–, con una niña bajo el brazo a la que proteger.

Shelter sumará a su trama elementos ligados a las cámaras de seguridad, al espionaje ciudadano y a conflictos internos del MI6 (Naomi Ackie encarna a la número dos de Nighy, una que no parece estar al tanto de todas las actividades de su jefe), pero en lo esencial de allí en adelante será un constante intento de frenar a Mason, algo que no será para nada sencillo porque, bueno, así es la ley del cine y si al tipo lo matan a la hora de película de qué nos disfrazamos después, ¿no?

Todo funciona razonablemente bien aunque con un nivel de espectacularidad visual bastante menor al habitual en el género. Salvo, claro, en el final. Da la impresión de que todo el presupuesto de la película se gastó allí, en una larga y violenta secuencia ya en Londres que involucra a centenares de extras en una disco de la ciudad y sus alrededores. El guardián, como tantas de estas películas de acción, parecen armarse en función de tres grandes set pieces (una al principio, otra al medio y la más grande al final) y, bueno, vemos qué hacemos con el resto que a nadie en realidad le importa mucho.

El realizador de las dos partes de El día del fin del mundo y de Ataque bajo fuego, entre otras, es un competente director de acción y se las arregla para darle cierta credibilidad a este film de fórmula que es más efectivo de lo que parece y, en principio al menos, más calmo. La trama «adulto frío y desalmado que recupera la sensibilidad al proteger a un niño» se ha visto también cientos de veces y aquí se la presenta más o menos como siempre: una manera de transformar lo que es un brutal relato de acción en algo que se parece un poquito a un drama sobre padres, hijos, perros y servicios secretos.