Estrenos: crítica de «Las catadoras del Führer» («Le assaggiatrici»), de Silvio Soldini

Estrenos: crítica de «Las catadoras del Führer» («Le assaggiatrici»), de Silvio Soldini

por - cine, Críticas, Estrenos
10 Mar, 2026 01:16 | Sin comentarios

Una joven que huye de Berlín en guerra termina siendo parte de un grupo secreto de mujeres obligadas a probar la comida destinada a Adolf Hitler y así evitar potenciales envenenamientos.

De las tantas historias poco conocidas de la Segunda Guerra Mundial, la elegida por el veterano realizador italiano Silvio Soldini para su película Le Assaggiatrici es, por lo menos, un tanto peculiar. Basada en la historia contada en 2012 por una sobreviviente llamada Margot Wölk, el film se centra en un grupo de jóvenes mujeres que, durante buena parte de la guerra, se dedicaron a probar la comida que estaba destinada a Adolf Hitler para evitar, llegado el caso, que el führer sea envenenado. Algunos han puesto en duda algunas de las historias contadas por Wölk, pero el film de Soldini no tiene espíritu documental: se apoya en ese hecho histórico pero tal como lo cuenta la novelista Rosella Postorino en su libro homónimo.

Todo empieza a mediados de 1943. Rosa (Elisa Schlott) es una mujer que llega desde Berlín a un pueblo de la entonces Prusia (hoy Polonia) en el que viven sus suegros. Su marido es soldado y está en la guerra y Rosa se escapa de los bombardeos de Berlín para vivir lo que, supone, será una vida más tranquila. Lo que no parece saber –raro, en 1943, pero todo es posible– es que la casa de sus suegros está muy cerca de la llamada Guarida del Lobo, el cuartel general en el que Hitler pasa la mayor parte de su tiempo.

Una mañana la vienen a buscar soldados y la llevan sin aviso a un lugar inesperado: un salón en el que, junto a otras seis mujeres –todas solteras o viudas–, las espera un banquete vegetariano de lujo. Sorprendidas, las chicas se sientan y comen hasta más no poder acompañadas de unos soldados y un chef que les cuenta que platos están degustando. Hasta que llega Albert Ziegler, un teniente de la SS (Max Riemelt) y mandamás del lugar, para explicarles qué es lo que acaban de hacer y, de ahora en adelante, harán.

Su «trabajo» consiste en que, mientras Hitler esté en su cuartel, tienen que probar todos los días la comida vegetariana le que prepara el chef para evitar que, de estar envenenada, llegue a ser ingerida por su líder. Las mujeres quieren salir corriendo de allí pero no podrán. Y Las catadoras del Führer se establece, de ahí en más, como un relato episódico que sigue, durante varios años, las vidas de Rosa y del grupo de chicas que la acompañan mientras atraviesan tragedias personales, romances, miedos, confusiones, abortos, comidas problemáticas, enfermedades y, eventualmente, el fin de la hegemonía nazi en el país.

Se trata de un film a todas luces alemán –por temática y lenguaje– pero dirigido por un italiano, lo que ya de por sí le suma un dato curioso, aunque uno que tiene más que ver con el origen de la novela que con cualquier otra cosa. Pero por fuera de eso, Las catadoras… es un film episódico e intermitente, que tiene mejores y peores secuencias ya que está dividido en capítulos que transcurren con meses de diferencia entre unos y otros. El film tiene una estructura más adaptable a una serie ya que, salvo por ciertos ejes que la atraviesan de principio a fin –incluyendo un llamativo romance–, los incidentes por lo general empiezan y terminan en cada bloque temporal. A tal punto es así que el último punto dramático relevante del film es uno que se presenta tan solo unos pocos minutos antes.

Es por eso que la película resulta fluctuante y su interés tiende a decrecer para volver a levantar. Un episodio ligado a una «enfermedad» tiene un correlato impensado, lo mismo que otro ligado a un asunto personal de la vida de Rosa. Otras secuencias, incluyendo ese incómodo romance, no aportan mucho más que un potencial conflicto que debe resolverse sobre el final. El hecho más contundente y realista de todos está ligado a lo que sucede con las chicas cuando se produce un atentado contra Hitler, uno que tuvo lugar en 1944.

Cuidada en su recreación de época y modesta en su ambición formal –casi todo transcurre en el «lugar de trabajo» de las catadoras–, la película del director de Pan y tulipanes recupera una historia oculta del nazismo y la da a conocer a un público más amplio. Más interesante aún que el film de Soldini es conocer la historia de las «catadoras», las discusiones que hay sobre ellas y la veracidad de los dichos de Wölk. En el mejor de los casos, Las catadoras del Führer sirve para echar luz sobre ese raro episodio.