
Estrenos: crítica de «Muerte en invierno» («Dead of Winter»), de Brian Kirk
Tras encontrar una cabaña manchada de sangre en la helada Minnesota, una pescadora queda atrapada en un juego mortal con dos secuestradores amateurs mientras intenta rescatar a su cautiva. Con Emma Thompson y Judy Greer. Estreno en cines: 5 de marzo.
Si bien fue rodada en Finlandia, Dead of Winter es uno de esos thrillers helados característicos de la zona norte de los Estados Unidos. Más precisamente, Minnesota. Heredero de films como Fargo y Un plan simple, el film de Brian Kirk –un realizador con mucha experiencia en series de TV, desde Juego de tronos a El chacal— funciona como una mezcla de denso policial y drama humano con un toque de comedia característico del estilo y de los peculiares pobladores de la zona. Muy intensa, inesperadamente violenta y a la vez bastante emotiva, la película quiere ser muchas cosas a la vez y, más allá de algún desliz, lo termina logrando. Es un pequeño gran thriller que impacta cuando uno menos se lo espera.
El de Emma Thompson es un rol similar al de Frances McDormand en el clásico de los Coen. Si bien no es policía, es una mujer de apariencia simple y honesta que se ve envuelta en un caso policial un tanto insólito en el medio de un paraje sin salida. Barb Sorenson es una pescadora que está tratando de encontrar un lago (helado) en medio del brutal invierno de ese estado. Desorientada, encuentra una cabaña en la que ve a un hombre (Marc Menchaca) que se asusta al verla. La mujer le pregunta si conoce el lago, el hombre le da indicaciones pero ella nota manchas de sangre en la nieve y no tiene mejor idea que preguntarle por eso. Amigos: Barb se ha metido en un lío.
La mujer querrá salir de ahí pero su auto se estanca en la nieve y su celular no tiene señal. De lejos escucha los gritos de una mujer (Laurel Marsden), visiblemente alterada y en apariencia secuestrada por este hombre allí, que quiere escapar y no lo logra. Barb se acerca sigilosamente a la cabaña, descubre que está la chica secuestrada en el sótano y se dispone a encontrar el modo de rescatarla. Es allí que aparece una mujer (Judy Greer), que parece ser la que controla la situación y la jefa del plan. De ahí en adelante lo que veremos será una suerte de juego de gato y ratón con Barb tratando de salvar a la chica frente a estos dos inexpertos secuestradores cuyo plan de a poco empieza a quedar claro.

Si bien el asunto es de entrada denso, violento y Kirk maneja el sonido de una manera especialmente brutal, Muerte en invierno incorpora dos elementos muy distintos entre sí a ese thriller. Por un lado, mediante flashbacks, vamos conociendo la historia de Barb (interpretada allí por Gaia Wise, la hija de Emma Thompson), en especial su relación con su marido Karl (Cúán Hosty-Blaney). Por la manera en la que esos recuerdos la afectan es evidente que ha enviudado y el lugar tiene un peso histórico en su relación. Y, por otro, el film se acerca a la comedia negra, tanto por la manera de comunicarse con la gente de Barb como por la torpeza e inexperiencia de los secuestradores, cuya violencia es por momentos desmesurada, especialmente ella.
Pronto se irá entendiendo los un tanto forzados motivos que hacen que todo conecte entre sí –el film está lleno de trucos de guión arquetípicos, pero que en su mayoría funcionan–, pero más allá de ciertos caprichos narrativos, el film de Kirk funciona como un desesperado y desesperante thriller helado de supervivencia que enfrenta, más que nada, a dos mujeres que pueden no ser profesionales en esto de atravesar una situación policial pero que se las van arreglando para enredarse en situaciones cada vez más violentas. Los hombres, de hecho, tienen un rol entre secundario y nulo en la trama. Y cada vez que intentan hacer algo los resultados son terribles.
El humor puede estar de más, es cierto, y por momentos el film se excede al forzar las lágrimas del espectador con el drama personal que se esconde por debajo del thriller, pero más allá de esos detalles, Dead of Winter atrapa gracias a una locación apabullante, a dos personajes a los que Thompson y Greer les dan potencia, credibilidad y, sobre todo, desesperación, y a su muy buen uso de esos elementos clásicos que mencionaba el gran Samuel Fuller cuando hablaba del cine como un campo de batalla: «Amor, odio, acción, violencia, muerte. En una palabra: emoción».



