Estrenos online: crítica de «Cumbres borrascosas» («Wuthering Heights»), de Emerald Fennell (Mercado Play)

Estrenos online: crítica de «Cumbres borrascosas» («Wuthering Heights»), de Emerald Fennell (Mercado Play)

Dos amantes condenados atraviesan una serie de contratiempos en esta versión estilizada y moderna que reduce su tragedia a pasión y excesos. Con Margot Robbie y Jacob Elordi. Desde el 29 de marzo, para alquilar en Mercado Play.

Como todo clásico de la literatura, Cumbres borrascosas pide, casi que merece, ser tratado de manera irrespetuosa. A esta altura del ciclo de adaptaciones que lleva la novela de Emily Brontë de 1847, lo menos que podría esperarse es que alguien decida buscar alguna manera de insuflarle vida a sus páginas. El problema, usualmente, es entender qué se puede hacer para lograrlo y, sobre todo, cómo. Emerald Fennell, la directora de Saltburn, es una maximalista sin tapujos que ha decidido tirar por la borda con buena parte de la novela –trama, personajes, hechos y situaciones– y con su estética y lógica espacio-temporal para crear con ella una larga y (supuestamente) sensual serie de videoclips que recrean una tortuosa y trágica historia de amor para espectadores sin paciencia ni interés en ambigüedades o conflictos que vayan más allá de lo estrictamente romántico. Y el resultado es fallido, difuso, una serie de escenas de alto impacto en busca de una película que las sostenga.

No por nada Fennell la tituló «Cumbres borrascosas», con las comillas incorporadas al título, para evitar cualquier reclamo de fidelidad. Pero el problema del film no pasa por hacer una relectura, si se quiere, posmoderna de la novela –se han hecho muchas así– sino por no terminar de entender a sus personajes y la relación que tienen poniendo todo el eje en una idea telenovelesca de pasión y deseo con mayúsculas que se desentiende por completo del contexto y del mundo que los rodea. Catherine y Heatcliff son dos amantes destinados a estar separados, es cierto, pero las circunstancias que los distancian –el mundo que los aleja cuando ellos querrían estar juntos– aquí quedan reducidas a meros apuntes de un folletín para adolescentes que no alcanza la categoría de melodrama.

Sin embargo, no arranca mal. Los espectadores a los que Saltburn les (nos) provocó urticaria sentirán, durante la primera mitad de Cumbres borrascosas, que Fennell –quizás impresionada por la dimensión de la tarea a cargo– bajó un poco las pretensiones y se acomodó a los tiempos y a ciertos tonos presentes en la novela o, a menos, espiritualmente conectados a ella. Lo hace a su manera –entre circense y estrambótica, con colores, vestuarios y apuntes discordantes–, pero al menos por un rato con cierta coherencia interna.

Todo empieza con Cathy (Charlotte Mellington de niña, Margot Robbie de adulta), una chica intensa y salvaje que se fascina con un chico que su alcohólico padre, el Sr. Earnshaw (Martin Clunes), ha recogido de la calle en Liverpool y al que toma como una mezcla de sirviente e hijo adoptivo. Ella lo nombra Heathcliff (Owen Cooper, de Adolescencia, de niño, y el gigante Jacob Elordi, de más o menos adulto) y ambos se hacen íntimos, en esa fina línea entre amistad e interés romántico que puede aparecer en esos casos y que ninguno de los dos se anima a cruzar.

Pasa el tiempo y, ya siendo jóvenes (en la novela son adolescentes pero aquí, por una curiosa decisión de casting, no solo son mucho más grandes sino que ella parecerá tener diez años más que él), se seguirán mirando con ganas y se producirá el esperado quiebre emocional. Cathy adora a Heatcliff pero sabe que, por su condición social, no puede casarse con él. Y que el más acomodado Edgar Linton (Shazad Latif) es, claramente, un «mejor partido» para ella. Heathcliff se entera de esa supuesta traición –la ama de llaves Nelly, interpretada por Hong Chau, tiene un rol clave ahí– y se manda a mudar de la casa, desapareciendo en medio de la bruma de Yorkshire.

El muchacho volverá –cambiado, con dinero y ya luciendo como luce y mira Elordi cuando pone cara de galán de telenovelas–, se inmiscuirá en la vida de la ahora casada Cathy y empezarán los problemas, renacerá la pasión, Fennell hará una docena de clips con música (original) de Charli XCX, y habrá sangre, sudor y lágrimas de pasión por doquier. Alrededor de todo eso tendrá lugar una serie de escenas hot entre ambos que tienen mínima tensión sexual ya que Elordi parece actuar frente a un espejo y Robbie no sabe bien cómo disimular el medio metro de altura que le saca. Para ese entonces, Cumbres borrascosas habrá perdido toda lógica, sentido y solo sobre el final intentará –tardíamente– recuperar una pizca de la conexión emocional que tenía en un principio. Pero será tarde. A esa altura el show ya habrá dejado de lado a la película.

La constante necesidad de llamar la atención de Fennell es llamativa. No hay un plano que no tenga algo de más, o incongruente o fuera de lugar, como si un fuerte color rojo, o la cámara puesta en un inexistente quinto piso, o una mano que penetra una y otra vez en alguna textura gelatinosa fueran a darle mayor peso o entidad a lo que tiene para contar. Las diferencias sociales y los problemas familiares –el guión se saca de encima a varios personajes y circunstancias que le darían más peso al contexto– pasan a segundo plano y lo que queda es un drama erótico con ecos de Bridgerton que reduce todo a un conflicto psicosexual de dudoso gusto. Pero la película no falla por los riesgos que toma –en ese sentido sus pasiones son aptas para adolescentes– sino por la banalidad a la que parece condenar a la trágica historia de estos mal avenidos amantes.