Estrenos online: crítica de «El origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro hermano Hillel», de Ben Feldman (Netflix)

Estrenos online: crítica de «El origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro hermano Hillel», de Ben Feldman (Netflix)

Este documental recorre la juventud caótica, la amistad y los primeros tropiezos que moldearon a la banda antes del éxito y de la tragedia. Disponible en Netflix.

Un recorrido por la California de los ’70 y los ’80 a través de las desventuras de dos (luego tres) amigos adolescentes que intentaron probarlo todo, este documental es bastante perceptivo a la hora de contar lo que muchos otros rockumentaries no cuentan: esos años en los que ninguno de los involucrados pensaba en tener algo parecido a una banda de rock y mucho menos triunfar haciéndolo. De hecho, a Michael Balzary (luego conocido como Flea), ni siquiera le gustaba el rock. Y Anthony Kiedis no tenía idea de cómo tocar un instrumento y probablemente siga sin saberlo. Los dos se dedicaban más a la aventura de ser amigos, de hacer cualquiera, de divertirse de un modo caótico como lo pueden hacer dos chicos un tanto marginales en sus casas, en su escuela y en sus vidas. Fue recién cuando conocieron a Hillel Slovak, un eximio guitarrista (y poeta y pintor), que la música entró en sus vidas para no abandonarla jamás.

La ironía es que Slovak –ese adolescente sensible de origen israelí que se unió a sus desventuras y alteró para siempre sus vidas– no llegó a ver al proyecto que los unió llegar al éxito masivo. Cuando murió de sobredosis, en 1988, The Red Hot Chilli Peppers era una banda de culto, con varios discos encima y giras por todo el mundo, pero sin la masividad que apareció a partir de canciones como Give it Away o Under the Bridge. Y es ese recorrido por el figurativo desierto el que se celebra en esta película, que se ocupa de conectar la vida de Hillel y la banda a la par que narra ese largo y tortuoso camino desde el caos festivo de la adolescencia hasta el caos más trágico y doloroso de la adultez.

El documental se ocupa de esa prehistoria. De hecho, RHCP se forman recién promediando su metraje. Antes, el film se centrará en esa amistad, en la conexión de Flea y Anthony con Hillel, que ya tenía una banda de rock con amigos (Anthym) en la que demostraba sus habilidades como guitarrista. Primero fue Flea el que se unió como bajista –aprendiendo a tocar ahí–, la banda cambió luego de estilo y nombre (se llamó What is This y empezó a coquetear con el funk) y luego se produjo el giro que precipitó el cambio definitivo cuando Kiedis descubrió el rap y se dio cuenta que era algo que podía hacer bastante bien. Sumándose a la banda con su alocada energía perfectamente encajada con las de sus dos amigos (el baterista entonces era el gran Jack Irons), dio luz al estilo que caracterizó desde entonces a Red Hot Chilli Peppers. Corría el año 1982.

De ahí en adelante la película seguirá, en paralelo, los álbumes, giras y cambios musicales, pero más que nada se ocupará de las adicciones de todos ellos y de los problemas que se fueron generando a partir de esos abusos, en especial de Anthony y de Hillel. El primero lo hacía de un modo más caótico y evidente mientras que el más retraído guitarrista lograba ocultar mejor su descontrol. Y esas idas y vueltas personales y emocionales son las que conducirán el resto del relato, que concluye con la dolorosa muerte de Slovak, su reemplazo por John Frusciante (curiosamente jamás se menciona la aparición de Chad Smith, que ocupó el lugar del renunciante Irons en batería) y la llegada al éxito de la banda a principios de la década siguiente.

Intimo y emotivo, con Flea particularmente conmovido (y conmovedor) al hablar de su amistad con Hillel, el documental es especialmente nostálgico con esas épocas previas a la popularidad de la banda, cuando todos se juntaban por el placer de estar, de compartir momentos y de tocar, sin pensar en otra cosa más que en el disfrute. Son esos momentos los que tanto Anthony como Flea celebran y recuerdan con afecto, aún a sabiendas de los inconvenientes, sufrimientos y la eventual tragedia que vendría luego. Da la sensación, viendo The Rise of the Red Hot Chilli Peppers, que los mejores momentos de esa banda –y quizás de cualquier banda– son aquellos en los que pueden sentirse libres de hacer lo que quieren, sin presiones y sin contratos, sin obligaciones ni compromisos. Lo que viene después será una historia muy distinta: la carrera de un músico profesional. Y eso quizás no sea tan atractivo de contar.