Estrenos online: crítica de «El último gigante», de Marcos Carnevale (Netflix)

Estrenos online: crítica de «El último gigante», de Marcos Carnevale (Netflix)

Este drama sigue a Boris, guía en Iguazú, cuyo mundo se tambalea cuando regresa su padre ausente, iniciando un viaje de sanación para enfrentar el pasado y reconstruir su vínculo. Con Oscar Martínez, Matías Mayer e Inés Estévez. Desde el 1 de abril en Netflix.

Un poco drama familiar, otro tanto película sobre enfermedades y un poco recorrido turístico por las Cataratas del Iguazú, El último gigante es un old fashioned film de Netflix que apela a estrujar los sentimientos del espectador pero sin lograr su cometido. Convencional por donde se la mire, con un regusto al cine argentino de los años ’80 –quizás esta sea la idea de «cine comercial» que la Argentina sea capaz de producir gracias a la mítica inversión privada y sin intervención estatal–, la décimo octava película de Marcos Carnevale (Viudas, Elsa & Fred, Corazón de león) se organiza a partir de la reaparición de un padre ausente en la vida de su hijo adulto y todo lo que sucede a partir de allí.

Boris (Matías Mayer) es un guía que trabaja llevando a turistas a recorridos en medio de las Cataratas del Iguazú, con esos botes que se meten bajo la bruma y espuma que va dejando la bella pero brutal caída del agua. Y su vida, que parece organizada y tranquila, de golpe se volverá parecida a esa explosión de sonido y furia, ya que al salir del parque tras su día laboral se topa con un hombre que quiere hablar con él y a quien Boris rechaza. Se va sin siquiera saludarlo y vuelve al pueblo a estar con su novia (Johanna «Yoyi» Francella), a cantar karaoke en un bar y a ver a su ampulosa y peculiar madre, Leticia (una simpática Inés Estévez), hacer su numerito en vivo para los ocasionales clientes.

Al otro día esa «amenaza» se vuelve realidad. Ese señor de gesto adusto aparece en la casa de Leticia –que está con su novio actual y ocasional– y deja en claro lo que es obvio: se trata de Julián (Oscar Martínez), padre de Boris y ex marido de Leticia, quien los ha dejado de ver hace casi tres décadas, cuando su hijo tenía apenas siete años por motivos y circunstancias que descubrirán al ver el film. El hombre, un ex piloto de aviones que atraviesa algunas serias dificultades, ha venido con la intención de pedir perdón y reparar errores, pero Boris no quiere saber nada con eso. Está muy dolido por el abandono y no piensa ni siquiera verlo.

El último gigante se centrará en las idas y vueltas de ese reencuentro, en la posibilidad de una reconciliación y, finalmente, en las desventuras en las que padre e hijo se meterán una vez que parezca ser más claro donde cada uno se ubica en ese caos emocional. En el medio habrá peleas, comilonas, hospitales, policías, otros familiares, amigos y parientes (Silvia Kutika tendrá un rol importante y Luis Luque uno menor pero clave), y más allá de algunos pasos de inesperada comedia negra, el film tratará con todas sus fuerzas de emocionar mediante una forzada serie de situaciones dramáticas que tensan y aflojan constantemente esa relación.

Un film acerca de posibles segundas oportunidades, de arrepentimientos, de confesiones e intentos de cierre de una complicada relación (o de varias), El último gigante avanza por caminos probados, asomándose a posibles otros films que quedan apenas esbozados en medio de este: una comedia sobre drogas, un drama sobre la eutanasia, un folleto turístico que muestre las bellezas paisajísticas de la Argentina y hasta la historia de una familia que no fue.

Como en su anterior film, Corazón loco, Carnevale vuelve a poner en el centro a un personaje con una vida bastante repudiable que intenta redimirse ante aquellos a los que maltrató y cuyas vidas prácticamente arruinó. Y como en aquel film, el ejercicio de auto-conmiseración se vuelve un poco vacuo, intentando justificar lo injustificable a partir de forzar situaciones extremas tensando las cuerdas emotivas al máximo. Pero el truco se nota, se hace en exceso evidente y no funciona. Una enfermedad no lo arregla todo. Es cierto que nunca es tarde para pedir perdón, pero a veces lo es para arreglar las cosas que están demasiado rotas.