
Estrenos online: crítica de «Máquina de guerra» («War Machine»), de Patrick Hughes (Netflix)
Un recluta de Rangers marcado por el trauma debe liderar a su escuadrón cuando una máquina alienígena cae cerca y convierte un entrenamiento militar en una lucha mortal por sobrevivir. Con Alan Ritchson. Estreno de Netflix.
En el que probablemente no sea el mejor momento para ver una película patriótica sobre entrenamiento militar estadounidense, Máquina de guerra opta por la mejor opción posible o quizás la única en estas complicadas circunstancias políticas: enfrentarse con extraterrestres. El film del australiano Patrick Hughes (Expendables 3, The Hitman’s Bodyguard) es una combinación de relato bélico contemporáneo con un film de ciencia ficción. Un poco como Invasión, de Paul Verhoeven –o Depredador, de John McTiernan, pero con una estética más cercana al mecha— aunque en la actualidad y en escala reducida, el film protagonizado por Alan «Jack Reacher» Ritchson cuenta lo que sucede cuando un entrenamiento militar termina convertido en una impensada batalla intergaláctica.
Todo empieza de un modo mucho más convencional. En Afganistán, más precisamente en Kandahar, en el que vemos a Ritchson reencontrarse allí con su hermano (Jay Courtney en un breve papel), prometerse que aplicarán juntos para el RASP, el Programa de Evaluación y Selección de Rangers, para ser luego atacados violentamente. En el caos todo parece indicar que el hermano de nuestro protagonista no sobrevive. Corte a dos años después y él solo se presenta al RASP, que es un muy exigente proceso de selección de ocho semanas para unirse al 75.º Regimiento Ranger del Ejército de EE. UU. Callado, taciturno, con aspecto de estar en un profundo proceso de PTSD, le dan allí el número 81 –todos tienen uno– y se lo conocerá así por el resto del film.

El primer tercio de War Machine (Nota: no confundir con la película homónima con Brad Pitt) será una clásica película de entrenamiento militar, con Dennis Quaid y Esai Morales como dos gritones y exigentes comandantes que repiten todos los brutales lugares comunes de este tipo de training. El resto de los participantes conversan y se van relacionando entre sí pero 81 está siempre solo, al margen. Si bien no conecta con nadie, supera todas las pruebas y sigue adentro ante cada eliminación. Pero cuando llegan a la última etapa quieren echarlo porque consideran que ese silencio y distancia no son buenas para su tarea. El insiste y resiste al despido, por lo que le otorgan una tarea que no quiere hacer para la última y más difícil prueba: ser team leader.
Lo que nadie imagina es que ese ejercicio a campo abierto en las montañas Rocallosas –uno que ellos mismos llaman la Marcha de la Muerte– les reserva unas sorpresas. Anticipado ya en la TV que todos ven en el entrenamiento, un raro asteroide se acerca a la Tierra y nadie sabe muy bien qué es ni dónde caerá, ya que se ha roto en muchas partes. Lo cierto es que, al menos una de esas partes, no tuvo mejor suerte que caer en un entrenamiento militar. Cuando los soldados se enfrentan a esta suerte de Transformers mezclado con algunos de los mecha de Pacific Rim, se sorprenden por la tecnología utilizada para la prueba final. Pero pronto descubren que la cosa va en serio y que tendrán que sobrevivir a una violenta máquina infernal que, de entrada nomás, liquida a muchos de ellos.
War Machine está presentada, claramente, como el inicio de una franquicia, una suerte de historia de origen del protagonista y de la invasión en sí. A lo largo del resto de sus 109 minutos, el film de Hughes consistirá en ver cómo 81 y los pocos sobrevivientes (Stephan James, Keiynan Lonsdale) se las arreglan para zafar de esa máquina infernal y, a la vez, encontrar la manera de destruirla, algo que claramente no será nada fácil. La película no se aleja de ahí –por un buen rato no sabremos nada de lo que sucede en el resto del mundo– y, en sus mejores momentos, se organiza bien como un relato de acción casi sin diálogos, «una batalla tras otra» contra esa aparentemente invencible e infernal máquina.

Utilizando falsos pero efectivos planos secuencia en las escenas de persecución (el mecha es pesado pero se mueve rápido y los Rangers cuentan eventualmente con un tanque), Hughes logra darle un ritmo sólido y constante a una película que siempre está al borde de volverse repetitiva pero que va logrando escapar al tedio gracias a algunas sorpresas y puntos de giro del relato. La lógica no es lo más fuerte del guión, pero como sucede también con Reacher, Ritchson es la clase de héroe de acción cuya fortaleza física hace que uno lo imagine superando aún las más imposibles de las circunstancias.
Quizás no sea la mejor película para ver en una época de guerra expansiva, pero hay público para todo. La inteligente decisión del guión de evitar cualquier relación con nombres, guerras, naciones o partidos políticos del mundo real ayuda a despegarla de la realidad. No siempre –ya verán algunas circunstancias donde el patriotismo cobra peso–, pero por lo general consigue meterse adentro de la cabeza de nuestro perturbado protagonista y ser más un viaje de redención personal que una película sobre el poderío militar de los Estados Unidos. Lo veo difícil, pero ojalá siga siendo así…



