Estrenos online: crítica de «Rebuilding», de Max Walker-Silverman (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Rebuilding», de Max Walker-Silverman (Netflix)

Tras perder su rancho en un incendio, un vaquero se muda a un campamento para damnificados donde encuentra una comunidad y restablece relación con su hija. Con Josh O’Connor. Desde el 2 de abril, en Netflix.

Como una canción de música country de los años ’70 pero en versión cinematográfica, Rebuilding bien podría ser la letra de un tema de John Prine o Townes Van Zandt vuelto película, la historia de un hombre que perdió su rancho en un incendio forestal y que debe reconstruir su vida de cero, con un divorcio a cuestas, una hija a la que ve poco y sin mucha salida laboral a la vista. La película es así de simple, modesta y austera. Y es por eso que funciona a la perfección.

El segundo largometraje del realizador de A Love Song no intenta ser una declaración de principios ni una película política pero, en su modo discreto, lo es. No le hace falta echar culpas ni crear villanos –se trata de un relato humanista centrado en la empatía, la resiliencia y el redescubrimiento emocional que surgen ante situaciones desesperantes– y el no hacerlo es también una decisión ética. Ese mundo que no presta atención al cambio climático y ese sistema de apoyos económicos muy limitados para los que sufren sus consecuencias, parece decir Walker-Silverman, quedan afuera de esta historia. La «película de denuncia» está ahí, para los que quieran tomarla.

A fin de cuentas, Rebuilding es una historia sobre la paternidad o, mejor dicho, sobre la posibilidad de retomar la relación con una hija que un padre tiene a partir de esta calamidad ambiental que le toca atravesar. La película –insistiendo con eso de dejar fuera de campo lo trágico y lo horrendo de este mundo– arranca con el hecho consumado. Dusty (Josh O’Connor, un excelente actor que viene atravesando un par de años notables) ha perdido la casa familiar en una zona rural de Colorado y los cientos de acres en los que vivía hoy son tierra arrasada por el fuego.

El hombre tiene trabajos básicos y duerme en su camioneta, hasta que le dan un simple y básico trailer en el que depositar sus huesos, uno en el que tiene como compañeros a personas en similar situación. Es a partir de tener algo parecido a un techo que su ex esposa, Ruby (Meghann Fahy), lo reconecta con su hija de 9 años, Callie-Rose (Lily LaTorre), quienes viven en la casa de la madre de ella, Bess (la reciente ganadora del Oscar Amy Madigan). Y partiendo de ese «compromiso» es que Dusty tiene que empezar a lidiar con la disyuntiva de tratar de buscarse la vida como cowboy en otro lugar –existe la promesa de ir a trabajar a un rancho en Montana– o quedarse a reconstruirla ahí, pero de otra manera.

En el improvisado trailer park en el que todos paran –y en escenas que harán recordar a Nomadland–, Dusty convive con un variopinto y racialmente diverso grupo humano, que incluyen, un tanto convenientemente, a una viuda (Kali Reis) y a su hija apenas un poco mayor que Callie-Rose. Y allí el hombre hace otro recorrido, uno que empieza desde la incomodidad –él siente no ser de ahí, se identifica más bien con la idea del cowboy solitario– para ir de a poco integrándose a una comunidad que se apoya, se ayuda y se sostiene como puede, sea mediante conversaciones, comidas o, simplemente, estando ahí para el otro.

Rebuilding se construye mediante pequeñas escenas o momentos. Dusty ayudando a su hija con la tarea o buscando un lugar con internet. La niña aprendiendo a montar a caballo ante la comprensiva mirada de un vecino. Una comida comunitaria que transforma a extraños en amigos. Una carta de despedida. Unas líneas de guitarra tocadas en un porche. Algunas de ellas pueden ser un tanto cursis o pasarse de epifánicas, pero son tropiezos menores. Es una película sin grandes hechos dramáticos –más allá de algún conflicto con los bancos con el que el realizador lidia rápidamente– y lo que prima es la lenta y previsible sensación de que el protagonista va yendo, emocionalmente, a un lugar mejor.

Quizás sea eso lo que termina por enternecer y estrujar el corazón en esta película: la sensación de empatía, de solidaridad, la idea de que el otro no tiene porque ser un extraño y que al realizador nada de lo humano le es ajeno. Es una filosofía que va por encima del drama personal y ambiental en el que, en sus líneas más directas, se apoya la película. Uno de los habitantes del campamento, de hecho, es una persona que no habla con nadie y a la que siempre vemos de lejos, pero no hay sospechas ni temor alguno allí. Es alguien que devolverá la solidaridad con la misma moneda que la recibe, dando esperanzas cuando pocos la tienen.

La fotografía para nada preciosista del mexicano Alfonso Herrera Salcedo y la música de Jake Xerxes Fussell y James Elkington ayudan a darle a Rebuilding ese tono de balada folk que posee. O’Connor, por su parte, transmite a la perfección el carácter introspectivo y taciturno del solitario Dusty, alguien que inconscientemente parece querer todo el tiempo escaparse de esa situación. Y Fahy y Madigan se lucen como sus exes (esposa y suegra), mujeres que sutilmente van encontrando la manera de hacerlo sentir útil y necesario. Quizás ya no para ellas, pero sí para su pequeña hija, que va descubriendo el mundo a través de él. Y para esa comunidad que, aunque Dusty no lo sepa, también lo necesita.