
BAFICI 2026: crítica de «Los vencedores», de Pablo Aparo (Competencia Internacional)
Un viaje a las Islas Malvinas se convierte en una exploración profundamente personal de la memoria, la identidad y la reconciliación, mientras un cineasta escucha voces que rara vez se oyen en la Argentina.
El concepto de enemigo es muy curioso. En una guerra, especialmente, determinar una figura como esa depende de factores muy particulares. Cuando un conflicto bélico se desata entre estados o fuerzas militares eso parece convertir a los respectivos habitantes también en personas en conflicto. Y esa sensación de enemistad permanece, se sostiene en el tiempo y se propaga a través de aniversarios y homenajes. Hay muertos en el medio y eso suele muchas veces imposibilitar cualquier tipo de reconciliación o final de esa enemistad. El tiempo, generalmente, es el que va limando asperezas, aflojando tensiones y quizás permitiendo un reconocimiento mutuo. El otro podrá pertenecer a un país que estuvo en guerra con el mío, pero eso no lo convierte en mi enemigo.
A 44 años de la Guerra de Malvinas, un viaje como el de Pablo Aparo a las islas es necesario, clave, hasta importante. Estarán los que creen que no corresponde o que no se debería hacer –para eso, casi a modo preventivo, el film arranca con una aclaración de que el director considera justo el reclamo de soberanía argentina sobre las islas–, pero la intención del director es más humana que política. Su idea es escuchar la otra campana, entender qué piensan los habitantes de las islas (falklanders se autodenominan ellos), las experiencias que pasaron, las broncas que acumulan, las tensiones que viven o vivieron.
No le será fácil. Muchas puertas se le cierran y otras se abren de a poco. Pero Aparo va consiguiendo establecer contactos con una decena de personas a las que escucha y que le cuentan sus opiniones y experiencias, en todos los casos pro-británicas y sin interés alguno por ser parte de la Argentina. No tienen nada contra su gente, pero han crecido sintiéndose británicos y nada los hará cambiar de opinión. Al escuchar contar sus historias uno entiende, en muchos casos, sus motivos. Más personales que geopolíticos, pero motivos al fin.

El eje de la película pasa por el viaje de Aparo a un sector más alejado de Puerto Stanley en donde vive Mat Mac, un irlandés bastante cabrón y malhumorado quien, le dicen, quizás lo maltrate. Y lo que al principio son desencuentros y malos entendidos, de a poco se transforma –como dice la frase– «en el inicio de una bella amistad». Amistad que no rompe las ideas de cada uno, ni intenta –salvo por un momento sobre el final– modificar la posición del otro, pero que prueba que la conexión humana puede superar cuestiones geopolíticas o diferencias ideológicas.
Los vencedores es un film osado que en Argentina puede llegar a ser malentendido pero que por eso mismo es valioso: permite escuchar las experiencias de quienes no conocemos, saber de sus sufrimientos (algunas cosas que cuentan que hacían oficiales argentinos en la guerra, tanto con ellos como con sus propios soldados, son brutales) y entender su punto de vista, por más que muchos de nosotros no compartamos su deseo de que Argentina abandone su reclamo de soberanía.
El documental –filmado por Aparo en solitario, o al menos eso parece– muestra también a algunos intransigentes del otro lado, pero en el relato de la amistad con Mat uno termina por captar un espíritu humanista y sensible que no debería dejar de tenerse en cuenta en toda zona de conflicto. La gente común, en la mayoría de los casos, es la víctima de los designios de los poderosos.



