Estrenos online: crítica de «El muñeco de arcilla» («Mudborn»), de Shieh Meng-ju (Netflix)

Estrenos online: crítica de «El muñeco de arcilla» («Mudborn»), de Shieh Meng-ju (Netflix)

Una pareja lleva a casa una muñeca maldita que desata horrores entre realidad, sueños y videojuego, poniendo en riesgo sus vidas. Estreno de Netflix.

El cine de terror asiático siempre estuvo bajo la atenta mirada de los cinéfilos especializados en ese género. La manera en la que las plataformas de streaming presentan estas películas, sin embargo, pueden ir en contra de su difusión, ya que no suelen ser promocionadas lo suficiente. Es por eso que El muñeco de arcilla representa toda una sorpresa: un sólido y efectivo film de horror hecho en Taiwán que responde a las características clásicas del género en su versión asiática, combinando tradiciones populares con modernidad y tecnología.

La opera prima de Shieh Meng-ju se centra en una pareja que se topa con una serie de circunstancias peligrosas cuando traen una muñeca de arcilla a su casa. El, Hsu-chuan, trabaja en una compañía que hace videojuegos y en la que se dedican a escanear escenarios reales para luego utilizarlos como fondos en los juegos. Ella, Mu-hua, que está embarazada, se dedica a restaurar objetos tradicionales. Tras una escena inicial en la que vemos que un «escaneo» termina muy mal, todo deriva en que una de las muñecas tomadas en ese lugar va a parar a la casa de la pareja.

Lo que parece ser un regalo para la mujer termina convirtiéndose en una pesadilla, ya que –previsiblemente– la muñeca tiene una historia por detrás que complica las cosas. El, desde su trabajo, observa lo que pasa en su casa mediante una cámara instalada allí, pero en otras escenas en las que se mezcla realidad, pesadillas y realidad virtual, cuesta saber si lo que vemos está pasando en su casa, en el juego o en sus más oscuros sueños.

Para resolver los misteriosos hechos que empiezan a suceder en el hogar, la pareja suma a Ah-shen, un supuesto especialista tipo exorcista que conoce de este tipo de maldiciones y brujerías, tratando con él de desenredar el misterio y sobrevivir a los cada vez más crueles e inquietantes ataques. Allí, Mudborn se apoya de un modo un tanto excesivo en una trama de enigma policíaca que se vuelve un poco más tramposa de lo pensado para resolver.

Lo que diferencia a la película de decenas de otras tramas con muñecos embrujados u objetos similares tiene que ver con la conexión si se quiere «espiritual» entre el terreno de lo real y el de lo virtual, ya que en un momento esos dos espacios empezarán a convivir y a entremezclarse de maneras impensadas. Si a eso se le agregan unos cuantos jump scares –que pueden suceder tanto en el mundo real como en el juego en sí–, El muñeco de arcilla va presentando al menos algunas aristas que la diferencian de los exponentes más convencionales del concepto «muñeca maldita» y aledaños.

Sin ser una gran película –sus casi dos horas son excesivas y un final en la mitad de los créditos le da a todo un giro un tanto insólito–, esta película taiwanesa propone algunas ideas inquietantes a la hora de lidiar con un formato que tiene sus códigos ya establecidos. Da toda la impresión que es un film que se presta para una remake hollywoodense. Es de esperar que, en su traducción a Occidente, no se pierda ese misterio y ese grotesco encanto que tiene el hecho de no saber qué es real, qué es fantasía y qué es parte de un muy peligroso juego.