
Estrenos online: crítica de «Embestida» («Thrash»), de Tommy Wirkola (Netflix)
Una tormenta feroz desata algo más que destrucción: tiburones invaden la ciudad en esta excesiva historia de supervivencia. Estreno de Netflix.
Hay muchas posibilidades de acercarse a un desastre natural como una inundación generada por un huracán. Existen los documentales que se ocupan de las tragedias que esos eventos causan. Y también las superproducciones de acción que los utilizan para crear grandes relatos dramáticos narrados desde el suspenso. Ya hace un tiempo apareció una tercera vía, a la que podríamos definir como sharksploitaition, cuyo origen es, claramente, el clásico de Steven Spielberg Tiburón, pero que explotó a mayores niveles en estos últimos 15 o 20 años a partir de éxitos como Sharknado, Shark Attack o Mega Shark, entre otras sagas de varias secuelas.
Estas películas se toman el asunto con humor y desparpajo, creando situaciones por lo general absurdas y exageradas ligadas a algún tipo de ataque de tiburones. Embestida no es, estrictamente hablando, una película de ese género. Si bien tiene tiburones y, en algún momento, pasarán a ser los principales enemigos, el film del noruego Tommy Wirkola se presenta como un clásico ejemplo de cine catástrofe que arranca cuando un huracán al que llaman Henry se acerca peligrosamente a las costas de South Carolina y todo hace indicar que causará estragos.

En medio de la huida masiva de los habitantes, algunos pocos quedan enredados allí. La adolescente Dakota (Whitney Peak, con el look Chase Infiniti que todas imitan) ha decidido quedarse en su casa por motivos personales y suponiendo que al tener dos pisos nada le pasará. Preocupado y en el mar, su tío Dale, biólogo marino (Djimon Hounsou), la busca. Además está Lisa (Phoebe Dynevor), embarazada y a punto de parir, a quien su pareja los dejó de lado y cuyo intento de escape se frustra por un extraño accidente que la deja atorada a un árbol caído. Y hay tres hermanos (Stacy Clausen, Alyla Browne Dante Ubaldi) que viven con unos impresentables padres adoptivos a los que no les preocupa nada la amenaza del huracán en cuestión.
El pueblo es arrasado cuando las aguas se llevan puestos los diques y, como si eso no fuera suficiente, en medio de las aguas turbias que suben por las calles hay… tiburones. Y allí la película entra en un territorio clase B, entre gracioso y absurdo, divertido y no particularmente violento, que apuesta más por el ridículo shock de la situación que por miedos concretos. Los personajes se irán conectando, algunos serán alimentos de las criaturas y, a su modo, irán buscando y en muchos casos encontrando, la manera de sobrevivir a este combo mortal que llega por duplicado.
Thrash no se toma nunca en serio a sí misma –uno puede ver la devastación que el film, digitalmente, muestra e imaginar mil dramas humanos dando vueltas por ahí– sino que prefiere, en poco más de 80 minutos, desplegar una serie de situaciones de acción y supervivencia ligadas, en su mayoría, a evitar que un tiburón se lleve puesto a alguno de los personajes en sus intentos por huir o refugiarse de la virulenta tormenta. Pero no será fácil. Y Wirkola sabe que cuenta con esas variantes para mantener la atención del espectador por el tiempo justo y necesario. No hay más ni menos que eso en esta versión de Netflix del interminable fenómeno del sharksploitation.



