Estrenos online: crítica de «Red tóxica» («American Sweatshop»), de Uta Briesewitz (HBO Max)

Estrenos online: crítica de «Red tóxica» («American Sweatshop»), de Uta Briesewitz (HBO Max)

Una moderadora de contenidos en las redes se obsesiona con un video perturbador y se lanza a investigarlo, poniendo en riesgo su vida mientras su estabilidad mental se deteriora. Con Lili Reinhart. En HBO Max.

Entre el retrato de personaje y el thriller, entre el drama sobre un tema complicado de la actualidad y algo más parecido a un policial oscuro tradicional, Red tóxica se ocupa de los efectos psicológicos de la violencia online. Protagonizada por Lili Reinhart (Riverdale) en el rol de una chica cada vez más perturbada y obsesionada con un tenebroso video que vio en las redes, la opera prima como directora de cine de la alemana Uta Briesewitz (una experimentada directora de fotografía y realizadora de series de TV) es un oscuro acercamiento a los rincones más tenebrosos de la cultura online, por momentos de manera psicológicamente inteligente y, en otros, bastante más banal.

Daisy (Reinhart) tiene un trabajo bastante áspero que consiste en moderar imágenes y videos que aparecen online y que son señalados como problemáticos por los usuarios. En una oficina que parece un call center, Daisy y un grupo de jóvenes ven un video tras otro tratando de determinar si quiebran o no las reglas un tanto indefinibles de la compañía. La mayor parte del tiempo el trabajo es rutinario, pero ciertos videos que Daisy y sus compañeros ven los van incomodando, perturbando, dándoles pesadillas por las noches. En el trabajo hay un terapeuta y una sala de descanso pero los desmayos o ataques de furia son inevitables. Y a Daisy, que estudia para ser enfermera y tiene una activa vida sexual propia de una veinteañera, lo que ve empieza a afectarla en su cotidianidad.

Todo se complica más cuando ve un video –que nosotros nunca vemos muy claramente, por motivos obvios– que la paraliza y que parece tener que ver con algún agresivo acto sexual seguido de un hecho violento que involucra clavos. ¿Es algo real o una performance actuada para las cámaras? La chica se desmaya al instante y, al no lograr despertar interés en lo que vio ni en sus jefes ni en la policía local (que de una u otra manera se lavan las manos), la chica decide investigar el asunto por su cuenta.

Allí American Sweatshop pierde un poco la línea para meterse dentro de las convenciones de un thriller de investigación liderado por una chica que, de manera bastante torpe y poco creíble, se pone en riesgo a sí misma, metiéndose primero en la «dark web» y luego arriesgándose en persona, para develar el misterio. Lo más interesante de ahí en adelante no pasa por ese lado policial sino por la manera en la que la obsesión por ese violento acto sexual la va llevando de a poco a perder las formas, a volverse más agresiva, vengativa y cruel, entendiendo que las continuas experiencias de ver ese tipo de imágenes online terminan por arruinar la sanidad mental de cualquiera.

Ese es el aspecto más inquietante del film, rodado en Alemania pero situado en los Estados Unidos. Ese aire «europeo» atraviesa un relato que va y viene del policial clásico –si fuera totalmente hollywoodense pondría casi todas sus fichas allí– a algo más parecido a un drama indie de esos que pululan por festivales de cine. American Sweatshop es un poco las dos cosas y corre por momentos el riesgo de no ser ninguna. Por el peso que se le da en el relato y la muy buena actuación de la actriz de Hal & Harper, la película engancha más cuando se mete en los efectos que la experiencia tiene en la vida personal y en la psiquis de Daisy –y de sus colegas– y no tanto en sus intentos detectivescos por descubrir quién o quiénes están por detrás de esos videos.

La película, pese a sus problemas, toca un nervio sensible. Y Briesewitz cuela ese lado más analítico en subtramas paralelas, desde una niña a la que Daisy cuida y que ve cosas online que no debería, a los colegas de Daisy que tienen episodios violentos, beben y toman todo tipo de pastillas para entumecerse emocionalmente ante las cosas que deben ver. Que la violencia online afecta las vidas de todos –aún sin los extremos que se analizan en este film– es algo que el guión de Matthew Nemeth analiza con clínica inteligencia. Pero cuando el film quiere volverse un thriller –sin tampoco estar del todo convencido de hacerlo–, allí se parece más a un policial casi como cualquier otro.