
Series: crítica de «Errores épicos» («Big Mistakes»), de Dan Levy y Rachel Sennott (Netflix)
Dos hermanos distanciados se ven forzados a entrar en el mundo del crimen tras robar un collar que pertenece a un peligroso mafioso. Estreno de Netflix.
Después del éxito y los premios generados por Schitt’s Creek, la serie que creó y protagonizó junto a su padre, el comediante Eugene Levy, el actor canadiense Dan Levy regresa con otra comedia que mantiene el espíritu «pez fuera del agua» de aquella, aunque de un modo muy distinto, centrándose en lo que le pasa a dos hermanos que, por circunstancias curiosas de la vida, quedan envueltos en una violenta trama mafiosa. Con reminiscencias a films de los ’80 como Casada con la mafia y similares, esta comedia cocreada por Levy y la también actriz/guionista Rachel Sennott, Big Mistakes utiliza la excusa de la trama policial para crear lo que, en el fondo, es una comedia dramática sobre una familia disfuncional.
Errores épicos se centra en las desventuras de dos hermanos, Nicky (Levy) y Morgan (Taylor Ortega), que tienen mala relación entre sí y con su madre, Linda (Laurie Metcalf), que está por presentarse como candidata política en la zona de New Jersey en la que viven. Nicky es pastor en una iglesia, es gay pero supuestamente célibe y tiene una pareja a la que oculta. Morgan está de novia con Max (Jack Innanen), pero duda acerca de dar o no el siguiente paso que él tanto ansía. El conflicto se desencadena, tontamente, cuando Nicky y Morgan, a pedido de su madre, le regalan a su abuela, que está en su lecho de muerte, una cadena dorada que Morgan no tiene mejor idea que robar en un negocio de baratijas ya que su dueño, Yusuf (Boran Kuzum), no la quería vender.

La anciana muere, la entierran con la cadena puesta y allí empiezan los problemas, ya que la cadena en cuestión pertenecía a un mafioso ruso llamado Iván (Mark Ivanir), dueño real de ese local. Y a través de Yusuf, estos mafiosos presionan a los hermanos para que la devuelvan, obligándolos a desenterrar el cadáver. Pero cuando todo parece resuelto –no sin varias complicaciones–, Nicky y Morgan se dan cuenta que no es tan así y que los «muchachos» de ahora en adelante requerirán más y más favores de parte de esta dupla que, claramente, no ha nacido para el crimen.
Big Mistakes bascula entre las distintas «actividades delictivas» –en principio menores, luego no tanto– en las que estos torpes aprendices de mafiosos participan, y sus vidas personales, en las que lidian con las inminentes elecciones en las que se presentará su intensa madre y, a la vez, con problemas de sus vidas personales: Tareq (Jacob Gutiérrez), el novio de Nicky, está un poco cansado de estar escondido y quiere alguna solución de parte de su pareja, mientras que Morgan se ve cada vez más presionada (la gran Elizabeth Perkins encarna a su potencial futura suegra) a «sentar cabeza» con Max.

La serie de Levy funciona mejor como comedia familiar que cuando juega, de una manera no del todo convincente, a transformarse en un relato policial absurdo, con mafiosos rusos, italianos y latinoamericanos llevándolos a vivir situaciones para ellos inverosímiles. Errores épicos por momentos recuerda a otras series con similar tipo de «choque de culturas» (Barry podría ser una) entre el mundo del crimen organizado y la vida más convencional de una familia de origen italiano de Jersey, pero lo más interesante que tiene para contar en realidad pasa por cómo se modifica la relación entre estos muy distintos hermanos una vez que son puestos a atravesar una serie de situaciones de vida o muerte.
Con algunas sorpresas inesperadas sobre el final de la temporada –que explican, de hecho, algunas de las inconsistencias narrativas previas–, la serie de Levy y Sennott no parece destinada, como lo fueron Schitt’s Creek y podría serlo I Love LA, a ser un show de culto, pero bien puede funcionar como un entretenimiento menor y ligero, de esos que Netflix despacha casi semanalmente. Los momentos de humor ácido están ahí, el caótico psicodrama familiar también y, en el medio, hay unos mafiosos rusos a los que, parece, les gusta la comida casera…



