
Series: reseña de «Una esposa en miniatura» («A Miniature Wife»), de Jennifer Ames y Steve Turner (HBO Max)
Tras reducir accidentalmente a su esposa, un científico y ella enfrentan peligros y tensiones mientras buscan cómo devolverle su tamaño y recomponer la relación. Con Elizabeth Banks y Matthew Macfadyen.
En los años ’80, películas como Honey I Shrunk the Kids e Innerspace hacían uso de ciertas mejoras en la tecnología para volver a contar historias de personajes reducidos en tamaño que se habían vuelto populares en algunos films de los años ’50 y ’60, de un modo más rudimentario pero muy ingenioso. La tecnología digital mejoró, Ant-Man se popularizó y hoy no es un secreto que ese tipo de ejercicio es relativamente sencillo de hacer. ¿Qué mejor entonces que volver a los orígenes y contar una historia de este tipo en tono de comedia?
Eso es lo que intenta y por momentos logra hacer My Miniature Wife, la serie basada en el cuento homónimo de Manuel Gonzáles. En ese espíritu de comedia familiar mezclado con ciencia ficción, la serie protagonizada por Elizabeth Banks y Matthew Macfadyen se plantea como una suerte de historia de amor con un sesgo feminista acerca de un científico que, sin querer queriendo –como diría el Chavo del Ocho– achica a su esposa y la transforma en una pequeña criatura de 15 centímetros de alto.

El actor de Succession encarna a Les Littlejohn, un científico obsesionado con ganar el Nobel mediante un invento que involucra achicar vegetales para plantarlos en espacios más pequeños y luego restaurarlos a su tamaño original. El proyecto avanza pero todavía le falta. Su mujer, Lindy (Banks), es una escritora que supo ganar el Premio Pulitzer hace ya dos décadas y no ha logrado escribir nada valioso desde entonces. Su matrimonio está en crisis, su hija los odia, ellos se pelean todo el tiempo pero han decidido, terapia mediante, darse una nueva oportunidad.
Pero cuando Les recibe mucho dinero para terminar su proyecto deja de lado todos sus planes de pareja y Lindy decide dejarlo. Justo allí, accidentalmente, su máquina se pone en funcionamiento y la mujer queda reducida al tamaño de un muñeco de pastel de bodas. El problema es que la tecnología creada por Les sirve para achicar pero todavía no tienen idea de cómo hacer para volver las cosas al tamaño original. De hecho, cada vez que lo intentan, explota todo.
Ese es el punto de partida para esta comedia de rematrimonio en plan sci-fi con muchos efectos especiales para combinar tamaños. Gran parte del tiempo Lindy está en una casa de muñecas que Les le construye a imagen y semejanza de su casa original, pero cuando la mujer se da cuenta que el marido no tiene idea de cómo hacer para resolver el entuerto, el problema se expande desde ahí y toma características más caóticas.

Una esposa en miniatura lidia con las bromas imaginables del concepto: ella tiene que lidiar con moscas de su tamaño, en la casa hay un gato y cualquier cosa implica un enorme riesgo, y además hay una serie de personajes secundarios (amantes, científicos, alumnos, periodistas, inversores y familiares) que no hacen más que complicarlo todo. El, en tanto, se pasa gran parte del tiempo manipulando a su pequeña esposa mientras trata, infructuosamente, de culminar con éxito su invento. En el fondo, no son más que los clásicos contratiempos para que, a través de la aventura, esta pareja pueda reunirse… en igualdad de condiciones.
El concepto es clásico, claro y sencillo, y sirve para jugar de modo inteligente con algunas ideas respecto al empoderamiento femenino y lo que eso puede provocar en hombres que se sienten amenazados por el éxito o el crecimiento de las mujeres. A favor la serie tiene a dos comediantes natos que saben sacarle el máximo provecho a las situaciones absurdas que se acumulan. Banks se arregla buena parte de los episodios hablando sola (bah, con un juguete) y Macfadyen exagera hasta el punto justo el personaje del científico despistado y caótico.
El problema es que, con diez episodios de 40/45 minutos cada uno, es simplemente demasiado. Las peripecias que se acumulan promediando la temporada son muchas (el periodista amenazante, el gato, la científica intrigante que se suma al laboratorio de Les, los problemas de la hija de ambos y varios otros) para lo que en definitiva es la historia de una pareja que perdió el rumbo y trata de reencontrarse. El episodio 9, en ese sentido, es claro. Como sucede en muchas de estas series, se trata de un flashback de anteúltimo episodio que deja en claro las cosas que la pareja fue perdiendo en el camino y que, hasta este extraño accidente, no ha sabido cómo recuperar.



