
Cannes 2026: crítica de ‘All the Lovers in the Night’ (‘Subete Mayonaka no Koibitotachi’), de Yukiko Sode (Un Certain Regard)
Una mujer japonesa que ha pasado toda su vida sin ser vista aprende, lenta y dolorosamente, lo que significa existir para alguien en esta adaptación de la novela de Mieko Kawakami.
Acostumbrada a la soledad, a la concentración y al silencio del trabajo elegido, Fuyuko vive prácticamente alejada de todo el mundo. Sus únicos contactos son una vieja compañera de colegio que hace su mismo trabajo y la mujer que le encarga las tareas, a las que ve de vez en cuando. El resto del tiempo —inclusive su cumpleaños, que es un 24 de diciembre— lo pasa sola, en la casa trabajando o caminando por Tokio, especialmente de noche.
Fuyuko Irie (Yukino Kishii) es correctora de libros, trabaja freelance y puede pasarse meses casi sin salir de su casa mientras revisa minuciosamente los originales que le envían para corregir. Pero no es del todo una vida elegida. Pronto se hace evidente que la chica desea tener más contacto con otros, con el mundo, pero no sabe bien cómo. Tímida y retraída, la comunicación y la sociabilidad no son, claramente, su fuerte en la vida.
All the Lovers in the Night es un film sobre los esfuerzos e intentos de Fuyuko por salir de esa suerte de encierro y las dificultades que eso conlleva. Adaptada de la premiada novela homónima de la escritora japonesa Mieko Kawakami, la película de Sode ofrece como una precisa vivisección de la vida de una mujer solitaria, de esas que no llaman la atención ni sabrían cómo hacerlo. Al juntarse con Hijari (Misato Morita), su editora, o con Noriko (Mai Fukagawa), su colega, Fuyuko atisba otros mundos posibles: una parece ser glamorosa y tiene una vida llena de romances y aventuras, la otra está casada y tiene un hijo. Pero ella no sabe cómo ser parte de todo eso. Siempre se caracterizó por pasar inadvertida.

Lo que la ayuda, al menos inicialmente, a superar algunas barreras es el alcohol. Fuyuko empieza a beber casualmente porque su amiga le dice que lo merece tras el esfuerzo de terminar un libro largo y difícil. Y no puede ya parar, al punto que su botellita de agua diaria está usualmente llena de sake. Estando borracha, va a un centro cultural a anotarse en un curso de poesía y se descompone. Allí la ayuda Mitsutsuka (Tadanobu Asano), un profesor de Física bastante mayor que ella con quien empieza a encontrarse regularmente a conversar en un café. A la chica le fascina las explicaciones que Mitsutsuka le ofrece respecto a temas de la física, en especial todo lo relacionado a cómo la luz se refleja en la materia y en el mundo. Y de golpe el mundo empieza a abrirse un poco.
La conexión temática es obvia pero no deja de ser tocante: Fuyuko es la clase de persona que no refleja ni proyecta mucha «luminosidad» hacia afuera. Y la película trata sobre esas formas de la feminidad o, si se quiere, de la personalidad en general, ligado a cómo las personas se ven y cómo son vistas por los demás. A partir de algunos aislados flashbacks, Sode nos mostrará situaciones que podrían explicar los miedos y la soledad de la protagonista, lo mismo que su narración en off que funciona como un raro relato interior con una voz masculina en lugar de la suya.
All the Lovers in the Night tiene los elementos característicos de un drama japonés apoyado en un texto literario de éxito internacional: delicado, elegante, discretamente melancólico. La relación de Fuyuko con Mitsusuka podría o no calificar como historia de amor, pero lo cierto es que a la chica le permite sentirse apreciada, buscada, acaso respetada. Sigue teniendo que beber para encontrarse con él —le confiesa que no podría abrir la boca de no hacerlo—, pero igualmente lo que más hace es escucharlo hablar o ver cómo dibuja sus explicaciones respecto al reflejo de la luz en las partículas.
Drama contenido que explora la vida de una mujer y, a través de ella, de aquellas que la rodean, All the Lovers in the Night encuentra conexiones humanas inesperadas y la escapa a la idea del amor romántico como salvación. A partir del contacto con el otro, asume su insistente metáfora, la luz se transforma en una onda y así se derrama por el mundo. Aquí, ahora o en la galaxia más lejana.



