
Cannes 2026: crítica de ‘Diary of a Chambermaid’ (‘Le Journal d’une femme de chambre’), de Radu Jude (Quincena de Cineastas)
Una mucama rumana en Burdeos lleva un diario de rutinas y humillaciones cotidianas cortesía de la pareja progresista parisina que la emplea.
Era obvio para cualquiera que la versión del realizador rumano Radu Jude de Diary of a Chambermaid no iba a ser muy respetuosa de la novela original de 1906 escrita por Octave Mirbeau ni de las varias adaptaciones cinematográficas, historial que incluye versiones de Lus Buñuel y Jean Renoir, dos cineastas que seguramente Jude admira. Lo que conserva de Buñuel, si se quiere, es el tono ácido, áspero que acá se presenta por momentos como pasos de comedia directa, una de las especialidades del realizador de Kontinental ’25.
Lo que hace Jude es poner como protagonista a una mucama rumana, Gianina (Ana Dumitrascu), cuyo diario de vida cotidiana el film refleja. A diferencia de la novela, ese diario no está plagado de grandes acontecimientos ni affaires amorosos ni escándalos sexuales sino de rutinas cotidianas, de sacar al chico a pasear o lidiar con sus absurdas costumbres y/o exigencias, y de manejarse día a día con la pareja que la tiene contratada, un matrimonio parisino burgués, Pierre y Marguerite (Vincent Macaigne y Melanie Thierry), que se presenta a sí mismo como «progre» y comprensivo pero que, en los hechos, piensa más en sí mismo que en cualquier otra cosa.
Los días de Gianina pueden ser anodinos —una broma recurrente del film es que un día a veces se resume en una escena brevísima— y otros pueden ser más complicados. En el medio, Gianina habla por videollamada con su madre y su hija que están en Rumania, trata de arreglar un viaje a visitarlas —que se complica por las necesidades de sus patrones— y actúa en una adaptación teatral del texto de Mirbeau con una directora y elenco rumanos.

La historia, que transcurre en Bordeaux, saca sus máximos momentos de humor cada vez que aparece Pierre gracias a las dotes de comediante de Macaigne y la manera en la que el culposo personaje trata de encontrar siempre la manera de no hacerse cargo de lidiar con situaciones incómodas. Y lo mismo pasa en las situaciones en las que la protagonista tiene que soportar algunos de los caprichos del niño. En roles secundarios pero importantes aparecen la actriz fetiche de Jude, Ilinca Manolache; y la veterana actriz de Eric Rohmer, Marie Rivière.
Más allá del corrosivo humor que se extiende a todas las situaciones —las del teatro son un poco más burdas y no tan logradas, y los ensayos del texto en sí se vuelven un tanto reiterativos—, Diario de una camarera encuentra el modo crítico aunque ameno de traer la historia clásica a la actualidad de una Europa con inmigrantes del Este del continente que tienen que soportar, en este caso, maltratos en plan pasivo-agresivo de aquellos que se autoperciben «aliados», como es el caso de la pareja para la que Gianina trabaja.
Es que, en el fondo, cualquier deseo o necesidad de la protagonista depende siempre de las prioridades de sus patrones. Su anunciado plan para irse a pasar las fiestas a Rumania con su familia se complica cuando ellos cambian sus planes y tiran los suyos por la borda. O cuando pretenden escuchar lo que les dice y, en realidad, no le prestan demasiada atención. De una manera directa y sin vueltas, con la acidez y el humor que lo caracteriza, Jude hace una comedia en tiempo presente sobre la pretensión de una Europa moderna, justa y democrática, y los que sufren verdaderamente las consecuencias.



