
Cannes 2026: crítica de ‘Hope’, de Na Hong-jin (Competición)
Un policía de un pequeño pueblo surcoreano y su variopinto equipo cazan a una criatura monstruosa y casi indestructible, solo para descubrir que esto no es más que el principio. En competición.
La intensidad es incomparable. La lógica, inconsistente. Pero los fans del cine de acción en su variante asiática enloquecerán de placer al ver Hope, la película del director de The Yellow Sea que va de la acción al terror y de ahí a la ciencia ficción para dar comienzo a lo que seguramente será una nueva saga de películas de género. Raro ver un film como este en competición en Cannes. No tanto por ser una película de acción —es una buena idea salir del concepto único de lo que debe ser una película que compite en festivales— sino por qué es una película sin final, una que apenas abre la puerta a un universo que se adivina mucho más grande. Un lugar fuera de competencia o de medianoche era quizás el más adecuado, como sucedió con The Wailing, su última película, estrenada aquí mismo una década atrás.
En sí misma la película funciona muy bien durante su primera hora, un relato de acción constante y de una brutal intensidad en el que seguimos a Bum-seok (Hwang Jung-min), un policía de Hope Harbor, un pueblo de Corea del Sur cercano a la frontera con Corea del Norte, y a un pequeño grupo de hombres y mujeres que lo ayudan en el intento de encontrar a una supuesta criatura que está destrozando animales como si fueran juguetes. Durante tres cuartos de hora Na Hong-jin no muestra qué o quién es lo que causa el caos sino que va siguiendo los restos de la destrucción que genera a su paso, escuchando los sonidos que emite o viendo explosiones y el infierno que va dejando a su paso.

Así, nuestros intrépidos y en algunos casos algo tontuelos (es una película coreana y tiene como es habitual algunos momentos de ampulosa comedia física) perseguidores terminan topándose con la criatura que provoca esta enorme destrucción: una bestia gigante y sobre todo muy veloz que parece una mezcla de galgo, felino y reptil. Liquidarlo no será sencillo porque parece resistente a casi todo lo que le tiran. Pero lo peor es que, hacerlo, no significa el fin del caos sino solo el comienzo. Ya que en otros lugares del área están sucediendo cosas iguales o peores.
Ya verán que se tiene entre manos el realizador de The Chaser llevando todo el misterio y la furia hacia una zona lindante con la ciencia ficción. En la segunda hora el guión muestra sus limitaciones pero no decrece la intensidad física de la propuesta. Con la ayuda del notable director de fotografía Hong Kyung-pyo (Parasite, Burning), Na muestra cómo los distintos personajes del grupo de Bum-seok —entre los que se destaca Hoyeon, estrella de El juego del calamar, en el rol de una policía muy enojada con las criaturas— tienen que escapar de estos feroces seres a través de bosques, rutas y otras zonas aptas para los movimientos de cámara ampulosos y físicos que utiliza.
En ese sentido –el puramente cinético– Hope funciona muy bien. Tiene algo de videojuego, es cierto, y los efectos digitales usados para crear a las criaturas no son lo creíbles que podrían haber sido, pero es innegable que Na tiene la capacidad, el talento y el presupuesto —se dice que es la película más cara de la historia de Corea— como para agarrar al espectador del brazo y ponerlo a sentir en el cuerpo la energía de la permanente persecución. A los que eso les alcance para celebrarla, Hope les resultará una gran película. A los demás nos dejará con la sensación de que podría haberlo sido pero que terminó siendo limitada por un guión que no está a la altura de su potencia cinematográfica.



