Cannes 2026: crítica de ‘L’Espèce explosive’ (‘Too Many Beasts’), de Sarah Arnold (Quincena de Cineastas)

Cannes 2026: crítica de ‘L’Espèce explosive’ (‘Too Many Beasts’), de Sarah Arnold (Quincena de Cineastas)

por - cine, Críticas, Festivales
17 May, 2026 08:45 | Sin comentarios

En un pequeño pueblo francés, un gendarme problemático y una psicóloga poco convencional se cruzan en medio de un conflicto criminal entre cazadores y agricultores.

Un policial negro, una comedia detectivesca, un thriller de pueblo chico y una mezcla excéntrica de todas esas cosas: Too Many Beasts es una verdadera sorpresa, una agradable y extraña película francesa que se va volviendo más y más bizarra con el paso de los minutos. La opera prima de Sarah Arnold empieza de un modo relativamente tradicional —al punto que bien podría ser la trama de una serie de plataforma—, pero va enrareciéndose con el paso de los minutos, la aparición de nuevos personajes y las curiosas relaciones que se establecen entre ellos. Más cerca, finalmente, del cine de Alain Guiraudie o Bruno Dumont —o hasta del Twin Peaks, de David Lynch— que de cualquier cosa que se vea en Netflix, se trata de una película tan deliciosa como extravagante.

Todo empieza en un pueblito de la región de Argonne en el norte francés en el que existe una pelea intensa entre los cazadores y los agricultores del área, uno que llega a niveles en extremo violentos. Los agricultores se quejan ante las autoridades y ante los que vienen a cazar a la zona, pero no les hacen caso por lo que uno de ellos decide hacer justicia por mano propia: mata de manera muy cruel a uno de estos terratenientes y luego, supuestamente, muere también.

En vez de pasar a la investigación de ese crimen, la película se salta un año entero y se concentra en la Gendarmería local, a la que arriba un tal Fulda (Alexis Manenti), conflictivo gendarme que viene transferido desde Córcega, donde tuvo problemas disciplinarios y hasta fue bajado de categoría. Se lo ve torturado, metido en su propio mundo y pronto sabremos que su mujer lo dejó —los motivos son un tanto oscuros— y está deprimido por eso. Y bebe. Mucho.

Mientras empieza una nueva temporada de caza y se avecinan nuevos problemas entre cazadores y agricultores, Fulda es atendido por una psicóloga que es destinada a esa delegación. Ella se llama Stéphane (Ella Rumpf) y es también bastante particular en su trato con todos: directa, sin vueltas y no muy paciente con el machista jefe de la delegación. Con Fulda generan una extraña conexión: él no quiere ser psicoanalizado —y menos, por su situación específica, por una mujer—, pero pronto se descubren similares en su manera un tanto lateral de ver el mundo y los comportamientos humanos.

En el medio de todo esto, Fulda empieza a tratar de desentrañar no solo qué fue de la vida del misterioso asesino del año anterior —cuya supuesta muerte es un tanto sospechosa y se lo acusa de circular por la zona, como un ciruja o un fantasma, matando jabalíes— sino de entender qué es lo que realmente se traen entre manos los terratenientes, los jefes de la policía y hasta las autoridades locales que manejan el millonario negocio de la caza.

El caso en sí empieza a ser secundario o, más que nada, una excusa para ir abriendo puertas cada vez más enrarecidas en ese ambiente. Algunos agricultores, a quienes las autoridades llaman eco-terroristas por los métodos que utilizan, son bastante más peculiares que lo que parecen. Y los gendarmes no se le quedan atrás. En cierto momento parecen más el plantel de The Office o Brooklyn Nine Nine —o la argentina División Palermo— que un plantel policial serio. Y de todos ellos el más extremo es el propio Fulda, que saca conclusiones con métodos extrañísimos y siempre parece estar al borde de la violencia o de alguna salida extravagante, como una versión clase trabajadora del Agente Cooper de Twin Peaks.

Lo mejor de L’Espèce explosive pasa por la relación entre Fulda y Stéphane, dos personalidades fuera de lo común en cada uno de sus rubros, y dos personas que establecen una relación que empieza tirante y luego cambia radicalmente. En algún punto —volviendo a las comparaciones con Netflix—, la película bien podría ser una serie sobre las investigaciones y tareas de este bizarro grupo humano, pero Arnold prefiere pasarse de rosca por el lado de la excentricidad y apostar con todo por la comedia, incluyendo todo un segmento de «investigación» hecho por ambos completamente drogados.

Sin dejar del todo de lado la parte policial del film, Arnold pone las fichas en su elenco y en los intercambios que logran sus actores. Manenti es excepcional a la hora de construir un personaje que parece habitar en su propio planeta, capaz de una observación genial, una absurda y un brote de violencia en forma casi consecutiva. Y Rumpf no se le queda atrás en el rol de esta psicóloga malhablada y de poca paciencia con casi todos que, de a poco, se va dando cuenta que Fulda tiene algo distinto para ofrecer. Una película oscura y ligera a la vez, y tan extravagante como salvajemente entretenida.