Cannes 2026: crítica de ‘Mauvaise Étoile’ (‘Under a Bad Star’), de Lola Cambourieu y Yann Berlier (ACID)

Cannes 2026: crítica de ‘Mauvaise Étoile’ (‘Under a Bad Star’), de Lola Cambourieu y Yann Berlier (ACID)

por - cine, Críticas, Festivales
13 May, 2026 07:00 | Sin comentarios

A lo largo de un día cargado de tensión, una niña es testigo del derrumbe de la relación de sus padres en este debut crudo y visceral. El film francés inaugura la sección paralela ACID.

Un cine directo, honesto, visceral y sin concesiones es el que presentan, en su primer largometraje, la dupla de directores integrada por Lola Cambourieu y Yann Berlier, quienes tienen ya una larga experiencia en cortometrajes de similar estilo. En Mauvaise Etoile dirigen, producen, escriben y montan, y en todo el film se nota esa mano personal, a la que hay que sumarle que una de las principales protagonistas es su pequeña y muy perceptiva hija Anouk Berlier-Cambourieu, quien es algo así como la testigo principal de los acontecimientos.

El film francés es un drama humano, familiar, de pareja, contado con el duro realismo del cine de John Cassavetes o de Maurice Pialat, que tiene en su centro a tres personajes: una pareja y su pequeña hija. A lo largo de los 133 minutos que dura, Under a Bad Star irá girando entre situaciones, focos y ejes, sin tener un único punto de vista y pasando por las distintas experiencias que ese grupo familiar vive a lo largo de no mucho más que 24 horas. Es una experiencia intensa, dolorosa, pero manejada con inteligencia y profundo conocimiento de ese mundo por parte de los realizadores.

Todo empieza en una reunión familiar extendida —padres, tíos, abuelos— en la que todos parecen preocupados por el comportamiento de la niña, que no suele acatar órdenes, contesta bruscamente a todo y tiene actitudes confrontativas que expresa siempre de manera muy inteligente. La madre, a la que llaman Kiki (Noëmie Édé-Decugis) no sabe cómo «controlarla» y se muestra preocupada por eso. Pronto nos iremos dando cuenta de algunas cosas.

Tras ir a un entrenamiento en lucha, la insegura Kiki regresa a su casa y se encuentra con su pareja (Hugo Carton). La larga secuencia siguiente que se extiende por casi la mitad de la película pasará por la relación entre ellos a lo largo de una tensa noche de agresiones, malos entendidos, celos, desencuentros, arrepentimientos, sexo y nuevas y aún más agresivas peleas. El pasa de afectuoso a cruel en cuestión de segundos, y ella parece demasiado enamorada —o necesitada de afecto— como para poder escapar de sus psicopatológicos mecanismos. Todo esto, al menos en parte, es visto o escuchado por la niña.

La película luego llevará a Kiki hacia otros destinos pero, en lo esencial, lo que Mauvaise Etoile cuenta es la tóxica relación de una pareja y los efectos que eso tiene en una niña que es testigo de esa violencia. La dupla de directores funciona aquí casi como si fueran documentalistas: la mecánica de las discusiones es natural, por momentos parece improvisada, la tensión se vuelve por momentos insoportable y los personajes no logran salir de esa relación áspera que tienen. De hecho, cada escena de cierto afecto parece siempre ensombrecida por la amenaza de una nueva agresión de parte de él si es que ella dice o hace algo que le molesta o incomoda.

Realista y cruda, es una película que se pone a la altura de sus personajes y su mundo. Los directores no observan ni analizan a sus personajes como si fueran sociólogos tratando de describir algún tipo de malestar de época sino que se meten de lleno en la virulencia y tensión de esta pareja de clase popular que quizás se quiera pero que no hace más que arruinarse la vida y traumar a su pequeña hija. Al día siguiente de la larga serie de peleas, cuando vuelven a reunirse con la familia, la pequeña ya no tiene la misma mirada ni la energía que la caracteriza. El mundo de los adultos le cayó encima con todo su peso y le será difícil recuperarse.